Comenzamos una nueva etapa

Todo el equipo de El Pespunte está de enhorabuena pues tras cumplir los 5 años de existencia hemos querido afianzarnos mucho más aún al reto de la información online con un nuevo formato de periódico digital.

Lejos de desaparecer, El Pespunte recupera el tiempo que ha invertido en la construcción de este nuevo portal que deja a un lado el diseño blog para centrarse en un formato más profesional.

Pero no sólo tenemos que destacar el importante cambio de diseño, sino que también es importante resaltar las nuevas aportaciones que hemos querido incluir en cuanto al contenido. En esta ocasión y tal y como tienen todos los periódicos, hemos «fichado» a varios ursaonenses que colaborarán con nosotros escribiendo sus propias columnas de opinión y que darán mucho que hablar como son: Marcos Quijada, Jesús Arce, Javier Recio, Curro Pérez Vargas, Carlos Querol, José Mª Sierra, Antonio Miguel Sánchez Rojas, Antonio Moreno Pérez y Álvaro Jiménez Angulo.

Además de todo esto hemos conseguido la colaboración de Luis Morillo quien nos ofrecerá de forma periódica capítulos de Osuna Toons, historietas en 3D en las que aparecen personajes de Osuna con un humor sano e inteligente.
Pero hay un detalle que seguiremos manteniendo y ese es la independencia editorial que ha caracterizado y caracterizará a nuestro periódico digital siempre. Pues seguiremos defendiendo nuestra independencia sobre todas las cosas y la libertad de expresión de cada ursaonés aunque no compartamos su opinión.

Bienvenido a nuestra nueva página web.

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¿Ustedes no almorzáis?

El pasado dia 7 de diciembre mientras paseaba con unos amigos por la Carrera les dije, -“¡mira!, ¿parece que hay ambientillo?”-  a lo que me repuso de inmediato uno de ellos -“¿pero quién lleva bolsa? ¡nadie!”-, y es verdad, la cosa está más triste que el aliño de un hospital, en las arcas públicas no quedan más que yogures de coco que son los que “to” el mundo les da de “lao” y a más de uno, la situación le está poniendo los ojos vueltos como a las pijotas de Sanlúcar.

A pesar de todo, el andaluz que tiene más tiros “daos” que la furgoneta del equipo A, siempre ha llevado su sempiterna situación económica de mínimos, con mucha  dignidad y un alto sentido del humor; somos asi, llevamos la pena como las folclóricas  llevan las batas de cola, que aunque pesonas las mueven con ritmo y brío.

Y es que el andaluz lo tiene claro, hay que huir de quien no sabe reir y por eso aquí se rie mucho y bien, lo que conlleva que seamos más felices por naturaleza, para envidia eterna de nuestros vecinos. Como decía un amigo mio alemán, aquí se hace mucha filosofía tanto como en Alemania, lo que pasa que aquí se hace en los bares y no se escribe, normal, ¿con este solecito quién se va a encerrar en casa?; pero eso es un cosa, y tacharnos de flojos como lo ha hecho el aragonés metido a abanderado del Catalanismo Duran i Lleida (paradojas de este pais) es otra cosa, porque le recuerdo al bocazas Duran, que Cataluña le debe mucho, muchísimo a Andalucía y a otras regiones de España, de no haber sido asi, otro gallo cantaría.

El mundo del flamenco y la tauromaquia, están llenos de anécdotas que constatan la sabiduria y creatividad del andaluz; como muestras, dos ejemplos, en cierta ocasión le dijeron a Joselito el Gallo tras una corrida en Bilbao que pasara alli la noche pues se habia hecho tarde y Sevilla estaba muy lejos, a lo que contestó el diestro- “Sevilla está donde “tie” que estar, lo que está lejos es esto”-, y la segunda anécdota que se me viene a la cabeza, sucedió en Madrid, le ocurrió al padre de un famoso cantaó durante la Guerra Civil, circunstancias de la vida, a aquel gitano le pilló uno de los primeros bombardeos a la Capital; muerto de miedo se metió en medio de tres colchones y alli permaneció durante toda la mañana y viendo que el ataque no cesaba se armó de valor, a eso de la de las 5 de la tarde salió a la azotea y le dijo a los aviones a grito “pelao” -“¡¡¡¡¡¡¿pero ustedes no almorzáis?!!!!!!-, pues eso misnmo le digo yo a los especuladores que tienen a la prima de riesgo española con un dolor de parto de quintillizos -¿ustedes no almorzáis?-.

P.D. Como la Merkel y el Sarkozy no pongan la epidural, en Europa va a pasar fatiguitas de parto hasta “el potito del alba”.

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La Carrera

En primer lugar, agradecer a la dirección de El Pespunte de Osuna por la ocasión que se me brinda y el poder colaborar puntualmente en este foro que, sin duda, se ha convertido en un referente mediático en nuestra Villa, siempre denostada por los medios provinciales tradicionales.

Permitidme que en esta primera entrega comience con una pregunta “¿Se nos está muriendo la Carrera?”.

La Carrera es, evidentemente, algo más que una calle, es el Eje transversal, es el Eje Comercial, es el encuentro entre amigos, es el paseo… sin duda, la Carrera es Osuna.

Decir o incluso preguntar si la Carrera se muere, reconozco, puede ser muy atrevido por mi parte, pero sin duda, me imagino que estaréis de acuerdo conmigo, la Carrera pasa por unos momentos muy críticos. Siempre que se ha sacado el tema sobre su situación, fuera donde fuera, se ha querido equiparar la solución de la Carrera con la construcción de un Parking.

Podría estar de acuerdo o no, vamos, lo estoy, pero el Centro de Osuna no puede esperar que ninguna empresa constructora se decida ni que el Ayuntamiento con inversión pública decida lo mismo, teniendo en cuenta la situación por la que atraviesan los Entes Públicos sumados al pesimismo de cualquier plan de viabilidad económica que se haya podido realizar.

Es verdad que la Carrera soporta un tráfico excesivo, es  verdad que es el gran Eje Transversal del tráfico en Osuna, es verdad todo lo que se nos pueda justificar al respecto, pero, ¿acaso no es verdad también que la mayoría del tráfico que la atraviesa incordia más que ayuda? ¿No es verdad que se ha puesto de moda pasear en coche por la Carrera, a ver a quien vemos, a enseñar mi coche nuevo, etc. etc.? ¿No es verdad que actualmente el verdadero protagonista en esta querida calle es el coche en detrimento del vecino? ¿No nos puede servir como ejemplos los días que por diversas razones se corta al tráfico lo agradable que es pasear por medio de la calle?

Yo no digo que se corte definitivamente al tráfico, para nada, pero, ¿por qué no se experimenta y se propone el cierre los sábados por la mañana o incluso las tardes de los días de Navidades que los negocios están abiertos?

Evidentemente no son soluciones definitivas, hay algunas variables que atender imposibles de expresar en una sola página. Mi intención únicamente es la de concienciar a quien corresponda, Ayuntamiento, comerciantes, ciudadanos, etc. que algo hay que hacer. Los centros comerciales son indispensables actualmente en nuestra sociedad, pero son los mismos en Osuna que en cualquier pueblo del mundo, pero los centros históricos no. Los centros históricos son el fiel reflejo de cada población y Osuna no lo puede perder.

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La Huella de Eta en Osuna, la otra memoria histórica, Antonio Palomo Pérez.

Cuándo en los últimos meses del pasado año nos vimos inmersos en la noticia prometedora y de esperanza de que el terrorismo de ETA tenga visos de desaparecer. Para muchos ciudadanos que durante años hemos convivido con esta lacra criminal, supuso una de las más importantes noticias de nuestra vida y al hilo de estas vivencias se me vino a la “memoria casi olvidada” injustamente, de que en 1976, treinta y cinco años ha hecho ahora el cuatro de octubre de 2011, era asesinado en atentado de ETA-V el Presidente de la Diputación de San Sebastián y Consejero del Reino don Juan María Araluce Villar, junto a él su chofer y su escolta personal. El asesinato fue terrible, a las 14,30 a las puertas de su casa cuando su mujer y ocho de sus hijos almorzaban, era abatido con 23 balazos en el pecho, mientras su familia asomada al balcón pudo ver parte del final del atentado. Este hecho a pesar de ser trágico, histórico e importante, para mí lo que destaca es que uno de los subinspectores que le acompañaba era natural de Osuna y murió en acto de servicio asesinado a la edad de 24 años. Antonio Palomo Pérez, era hijo de guardia civil y según su familia, con la cual a pesar de entrar en contacto no ha querido recordar este asunto, lo cual respeto, comprendo y por ello he dejado de investigar. Sin embargo, algún allegado colateral ha tenido la gentileza de facilitarme algún dato y me decía que Antonio se marchó de Osuna siendo niño a Madrid y que en la Academia de Policía había destacado por su inteligencia y progresión.

 

¿Y qué pasó en Osuna ante aquel asesinato?

Por las investigaciones realizadas he comprobado que tenía familia, un hermano de su padre incluso trabajador de nuestro ayuntamiento y por relato directo de un testigo que me decía que estaba con uno de sus tíos trabajando en Huelva cuando le avisaron del asesinato. También recoge la prensa las declaraciones del Teniente de Alcalde don Rafael Pradas, en nombre del Ayuntamiento, posteriormente el día 11 de Octubre se celebró en Santo Domingo un funeral por todos los fallecidos en el atentado figurando debajo de nuestro paisano “HIJO DE LA VILLA DE OSUNA”. Independiente de que he querido hacer justicia a la memoria de nuestro paisano, compruebo y lamento, la poca memoria histórica de nuestro paisanos y políticos ursaonenses, y sino que me saquen de mi error si lo hay, que en todo este tiempo no se haya reivindicado en ningún acto político o cívico su memoria, tantos que se han hecho en estas últimas décadas para hacer hincapié en cosas tan importantes como la ley de protección de la: “ avutarda, el lince, el lagarto ocelado, la igualdad, la solidaridad, los malos tratos, la mujer, el movimiento gay, Garfías, los premiados anuales,etc.” Que a mi parecer y respetuosamente, también tienen sus valores y su defensa, en cada momento para el que las defiende. Entiendo que era un hombre del pueblo llano, trabajador un ursones de a pié que dio su vida por una de las épocas más complicadas de la transición, cuando nuestros pensamientos y futuro estaban hipotecados por el pesimismo. De hecho a partir de este atentado volaron los acontecimientos para nuestro país:

*Diciembre 1976 Referéndum sobre la reforma política: con abrumadora mayoría afirmativa.

*Enero 1977 Supresión del Tribunal de Orden Público.

*24 Enero 1977 matanza de Atocha.

*17 de Marzo 1977 Decreto de amnistía.,etc.etc.

Por ello, creo que nunca se ha homenajeado el acto de servicio, el sacrificio de su vida por su país, sería justo hacer testimonio imperecedero en algún rinconcito de nuestro querido pueblo. Desde el recuerdo emocionado a este ejemplar vecino de Osuna y en honor a su familia y al honor de Osuna reivindico este homenaje o esta otra “memoria histórica” .

 

Curro Pérez, Cosas de la vida

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De tipejos y tipejas

Amo mi trabajo. Éste ocupa prácticamente el cien por cien de mi tiempo. Lo amo y lo respeto. Si es cierto eso que dicen los tipos guays del paraguays de que una cosa es el amor y otra el respeto, a mí me la pela. Yo no entiendo el amor sin el respeto. Tampoco comprendo cómo algunas personas tienen la poca vergüenza de faltar el respeto a otras a plena luz y durante días, semanas, e incluso meses. Esto me viene a la mente por lo que me ocurrió anoche. Unos amigos y quién escribe decidimos cenar en un conocido restaurante de Osuna. Todo comenzó de manera natural. Pasamos al salón y, tras pedir las bebidas y seleccionar el plato a degustar por cada uno, la señorita encargada de servir nuestra mesa recogió las cartas y nosotros comenzamos con nuestras charlas. A los pocos minutos, llegaron los platos. Yo pedí pescado. No mencionaré el nombre del restaurante. Tampoco el del plato que pedí. Mencionar uno u otro sería poner en negro sobre blanco el nombre de dicho restaurante, y no me agrada que molesten al director de este periódico con cartitas y chomineos como ha ocurrido otras veces. Como os iba diciendo, llegaron los platos y nos dispusimos a comer. Corté un trozo del pescado y, al acercármelo a la boca, el olor que desprendía el trozo no me pudo crear más desconfianza. De cocina no entiendo absolutamente nada. De pescado, menos. A lo máximo que llego es a enharinar boquerones y freírlos. Punto. Pero Jose tiene un olfato de sabueso. Le paso el trozo y, por la arruga de su nariz, deduje al instante que el puñetero pescado me la podía haber liado parda. Para asegurarnos, el trozo de pescado pasa a Carlos y Enrique. Ambos estuvieron de acuerdo. Olor raro para fliparlo mientras te tira de espaldas. Llamé a la señorita, y aquí es donde llega el tema del que os quiero hablar.
Si el pescado estaba en mal estado o no ni lo sé ni me importa estas alturas del melodrama.  Lo que sí sé es que, al salir a la calle y comer en un restaurante, dormir en un hostal o simplemente beber de una fuente pública, me la estoy jugando. Después llegan las reclamaciones y demás historias, pero ya el mal está hecho y no hay vuelta atrás. Pero lo que me tocó los cojones fue la forma en que me contestó la señorita al pedirle que me cambiaran el plato, por favor. ¿Qué le pasa?, me preguntó en tono hosco y chulesco. Huele mal, dijo Jose arrugando nuevamente esa nariz que Dios le ha dado. Y se llevó el plato sin decir ni mu. Pero ahí no quedó la cosa. Siguiendo el consejo de Jose, el siguiente plato que pedí era de carne. No se debe tentar a la suerte. Para acompañarlo pedí un refresco. 7Up. El refresco era para verlo. Fotito al canto y colgarla en el Facebook y el Tuenti. ¿Querrán acabar conmigo como lo intentaban cada dos por tres con los emperadores romanos?, me pregunté. Nos pasamos el vaso de uno a otro para ver el contenido, y no salíamos de nuestro asombro. Le pedí a la señorita que si era tan amble de cambiarme el refresco y, sin decir ni mu, cogió el vaso y a los pocos minutos colocó otro al lado de mi plato. Nuevamente, sin decir ni mu. Y sin que me dijeran ni mu pagamos la cuenta y nos marchamos del restaurante.
Jamás volveré a pisar ese restaurante.  No por el puto pescado. Como dije en el párrafo anterior, me la juego y asumo los riesgos y sus consecuencias. No lo volveré a pisar porque me quema las entrañas cuando veo a esos tipos y tipas que se ponen un pantalón negro y una camisa blanca y ya son camareros y camareras. No lo volveré a pisar porque, para ser camarero y camarera, aparte de trasladar de la cocina a la mesa con una sola mano la ciento y la madre de platos, se debe de tener más cosas (una de ellas vergüenza) y, en ese restaurante, carecen de todas ellas. Tengo amigos y amigas camareros a los que les gusta su trabajo. Personas que con su buen hacer y servicio impregnan de categoría y dignidad la hostelería. Hacen de servir al cliente un trabajo honorable. Y que estos tipejos y tipejas se comparen con ellos confundiendo la dignidad con la mala leche y la cortesía con el compadreo, no es más que el producto de esta mierda de sociedad donde todo hombre y mujer viviente para ser sexy debe de ser como los que salen en Hombres y Mujeres y viceversa y lo pronto que se enamoran los becerros y las chocholoco. Pero ese es otro tema, que quizás trate en el artículo siguiente.

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Viajar en el tiempo

Para viajar en el tiempo no hay nada como visitar sin prisa el desván de la casa paterna. Además de no tener prisa, hay que llevar en el equipaje el amor a los lugares, las personas, las situaciones y todo aquello que contribuyó a que fuéramos lo que hoy día somos, a modo de hilo de plata que nos une a ellos, como cuentan los que dicen haber tenido un viaje astral.

Días atrás, tuve esa experiencia.

“Mucho años después y ante el pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía, recordó cuando su padre lo llevó a conocer el hielo”.

Pues un servidor, varios años después, igual que el coronel de García Márquez en sus Cien años de soledad, vivió algo parecido al entrar en el desván de la casa de mis padres y encontrar una vieja maleta, que al parecer, les sirvió para su viaje de novios y en la que yo había guardado libros y cuadernos desde la enseñanza primaria hasta los primeros cursos del bachillerato.

Allí en la maleta, entre las “Rayas” nº 2 y 3, la Enciclopedia Álvarez de 1º 2º y 3º grado, el libro “Hemos visto al Señor”, estaba la calle del Carmen, a la que me fui a vivir a casa de mi padrino para ir a la escuela de la calle Hornillo. Allí estaba La Casa Grande, y la Tómbola de los frailes, y la barbería de Rafael Díaz, y las familias sentadas en las puertas en el verano, y tantas cosas.

De aquella maleta salieron D. Carlos González, D. Manuel Bernal, D. Carlos Villalba, D. Servando Jiménez, Da. Segunda Yubero de Miguel y tantos y tan entrañables maestros que tuve la suerte de disfrutar.

Por cierto, que en aquella época, cada vez que metíamos la pata se perdía una bofetada que los metepatas solíamos encontrarnos, y si nuestros padres se enteraban de la jugada te la repetían, sin que sufriéramos trauma psíquico alguno. Digo yo que sería porque entonces apenas si había psicólogos. En un momento y como por encanto, de aquella maleta salimos mi padre y yo sentados a una mesa, a la luz de un quinqué de petróleo, en las largas noches invernales del campo sin agua corriente, ni luz eléctrica (la radio vino más tarde), en torno a una hoja de libreta sobre la cual, y con grandes dificultades debido a su temblor de manos, había dibujado un alfabeto.

Con un método que seguramente horrorizaría a los modernos enseñantes, (la letra con sangre entra), el hombre consiguió que aprendiera aquello en tiempo record.

Todavía se me saltan las lágrimas al ver la ternura y la ilusión con que mi padre me enseñaba las primeras letras, para que yo fuera lo que él no había podido ser.

La enseñanza era completada los fines de semana por una “maestra” de largas trenzas, que con métodos menos expeditivos (con el tiempo llegó a ser maestra de verdad) aunque igual de amorosos, me enseñaba silabas, palabras y significados. Era mi hermana mayor que no vivía con nosotros, vivía en la civilización, es decir, en el pueblo. Detrás vino una cartilla “Rayas” 1ª con su “E” de erizo, su “I” de Iglesia y su “U” de uva. De mis primeras venidas del campo, hay dos recuerdos que más de cincuenta años después, permanecen frescos en mi memoria, en parte por la curiosidad que siempre he tenido y en parte por el cariño con que me llevaron a la experiencia. Son esos dos acontecimientos los que quizás salieran de la famosa maleta con más viveza.

Me refiero al cine y al tren.

Las primeras veces que vine al pueblo, como sabía leer porque me había enseñado mi padre, al pasar por las calles yo intentaba leer todos los letreros que podía, y ya había visto un sitio que ponía con letras metálicas la palabra CINE (era el cine San Pedro), en cuya fachada había varias fotos muy grandes, delante de las cuales había gente parada mirándolas. Bueno, pues cuando oí lo de ver el cine, creí que consistía en ponerse ante dichas fotos y observarlas. Porque la verdad, salvo un retrato de una tía-abuela y algún almanaque, tampoco había visto fotos de ese tamaño. Hasta que una noche mis primos (mucho mayores que yo) y sus amigos me llevaron al cine Carretería. Imaginen la impresión de ver que las fotos eran en color, que se movían y que hablaban. Yo no salía de mi asombro. ¿Cómo conseguirían hacer aquello? Curiosamente no recuerdo el tema de la película, aunque sí que me querían asustar haciéndome creer que los personajes podían salir de la pantalla y echarme mano.

Pero eso, afortunadamente, no ocurrió. Por aquellas mismas fechas, en que las pipas eran a granel y dos reales de las mismas daban para pelar varias pavas, una tarde de paseo fui llevado nuevamente por mis primos mayores y sus amigos hasta la estación de ferrocarril.

Conforme íbamos avanzando, yo le confesé a mi primo algo que él tendría más que sabido y que seguramente era la razón del paseo:

– Primo, yo nunca he visto el tren.

Todavía recuerdo aquella inmensa máquina negra, echando humo por todos lados, en cuya barandilla de la cabina había un hombre con un mono terriblemente sucio con la cara tiznada y las manos negras. De pronto, un amigo de mi primo (y hoy día amigo mió), me levanta del suelo con ademán de entregarme al maquinista.

Aquello no era un niño defendiéndose, aquello era un lechón debajo del brazo.

Conseguí zafarme y ponerme a una prudente distancia, que me permitiera ver el tren, sin ser “secuestrado”.

¡Qué experiencia!

Después de estar un largo rato en el trastero, caí en la cuenta de que no recordaba para qué había subido, así es que dejé las cosas en su sitio, cerré la maleta y me fui.

La verdad es que me sentí muy feliz y sobre todo en paz conmigo mismo.

Luego en la calle, al ir a buscar un papel en mi cartera, veo por casualidad mi DNI y descubro que aunque esté calvo y con bigote, tengo sólo ocho años.

No creo que el bolso de Mary Poppins tenga más cosas que mi maleta.

José Mª Sierra

A mi padre y mi hermana. A mi primo Manolo y José Manuel Reina.

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Las parejas actuales

Paco y Manolita. No me dirán que no hay nombre más español. Deben ser españoles porque el cuento hecho realidad que ahora les voy a contar, es puramente made in Spain.

Erase una vez, cuando aún eran jóvenes que todo el mundo les vendía la misma canción: “ tu haz una carrera, que estés bien preparado, que te vas a comer el mundo, que llegarás donde te propongas y serás muy prospero” Entre cantos de sirena y la inocencia de los años, Paco y Manolita emprendieron sus carreras.
Primero pasaron por una ESO que era un puro desastre, recién implantada, luego a un bachillerato sin tener la menor idea del futuro que les esperaba. Luego hicieron carreras de letras, porque o bien les gustaba o bien no eran muy hábiles con las mates. Poco a poco Paco y Manolita consiguieron sacar sus carreras, uno con más rapidez que otro, porque tampoco existía una prisa muy importante. En el país de Paco y Manolita, todo el mundo trabajaba y quien ganará menos de 2000 euros era poco menos que un idiota.
Paco y Manolita viendo que iban acabando sus carreras, descubrieron que las sirenas que chirriaban en su adolescencia, se ocultaban en su presente. Licenciados a patadas, trabajos basura para titulados y puff la llegada de la crisis.
Paco y Manolita se conocieron preparando el curso para ser profesores. En un país arruinado y con 5 millones de parados, no sobraban las oportunidades ni las opciones. Ahora ambos estudian todos los días, hoy quieren tener una vida normal, poder ahorrar y poder convivir, quieren que sus años de estudios se vean reflejados en una situación laboral decente y estable. Quieren aquello que toda persona quiere, sea española o nipona, quiere una vida medianamente normal para la que llevan estudiando desde que nacieron y que hoy en el filo de los 30 años parece poco menos que imposible.
Paco y Manolita no tienen hoy seguridad de poder cumplir sus sueños. Se ven cada fin de semana en sus clases de preparación de oposiciones y se mirán con todo el amor . ¿Podrán cumplir sus sueños, modestos, pero hoy por hoy alejados?
Se darán cuenta los políticos y economistas de que cuando hablan de recortes, hablan de recortar las vidas y las ilusiones de las personas. Creo que no, que simplemente ahora sólo miran su pellejo, sin importarles absolutamente un carajo los demás. Por favor, cuando hablan de funcionarios no piensen que todos son enchufados y que les regalan su sueldo. Les aseguro que no es cierto en muchos casos, pero sobre todo respeten los sueños de las personas que no quieren mucho más de lo que ustedes también obtuvieron tal vez sin tener que pasar por tantas agitaciones y presiones como Paco y Manolita.
Hace años escribí en El Pespunte: “ sigan, sigan sembrando que el fruto lo recogerán sus hijos”. Hoy en España, el principal pagador y sufridor de esta crisis es el joven, aquel que no hizo nada más que pecar de inocencia e inexperiencia.
Carlos Lucas
 
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