Beethoven, Churchill y Manolete. El destino llama a la puerta

La Quinta Sinfonía de Beethoven fue llamada la Sinfonía del Destino. Cuando el secretario de Beethoven le preguntó al compositor por las cuatro contundentes notas de inicio, Beethoven respondió. “Así es como el destino llama a la puerta”. 

Winston Churchill fue primer ministro del Reino Unido de 1940 a 1945, durante la Segunda Guerra Mundial, y nuevamente de 1951 a 1955.  Gran estadista, historiador, biógrafo, pintor y Premio Nobel de Literatura en 1953, a pesar de que nunca escribía personalmente, sino que dictaba a su secretaria, quien debía utilizar una maquina silenciosa para no molestarle. 

Durante la guerra diseñó, junto a su gobierno y el servicio secreto británico, la campaña “ V for Victory”. 

Consistía en usar la V de la victoria como gesto popular y escenografía política frente a la esvástica nazi. El pueblo pintaba esas V en las paredes, Churchill la utilizaba en todas sus apariciones públicas haciendo el signo de la victoria con sus dedos e incluso la BBC puso en marcha una campaña que se emitía en más de cuarenta países, incluyendo los territorios ocupados, en la que iniciaba las transmisiones por radio a los aliados con las cuatro primeras notas de la Quinta Sinfonía de Beethoven. 

SOL-SOL-SOL-MI. 

Además de ser la V Sinfonía utilizaban a un compositor alemán y transmitían la V de Victoria porque V en morse se escribe tal y como comienza la quinta sinfonía.

 Punto, punto, punto, raya.  SOL-SOL-SOL-MI. 

Así es como el destino llama a la puerta”. 

El 13 de mayo de 1940 Churchill pronuncia su famoso discurso en el que dice que solo puede ofrecer al país “ sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas”. 

Fue impactante porque todas esas palabras en inglés son de una sola sílaba y tienen una sonoridad y una eufonía extraordinarias. “Blood, toil, tears and sweat”. 

Curiosamente en las traducciones al español siempre se obvia la palabra “toil” que significa “esfuerzo” o un “trabajo agotador”. Habrá que reflexionar sobre esa omisión. 

Hay quien dice que esas palabras fueron copiadas de Lord Byron o que ya fueron utilizadas por Theodore Roosevelt en Estados Unidos y por Giuseppe Garibaldi en Italia. 

A buen seguro también formaba parte de los discursos de Pedro Romero y Pepe Hillo a sus discípulos en las escuelas de tauromaquia españolas. 

También podemos remontarnos a la tradición cristiana y observar que, como recogen las Sagradas Escrituras, cuando Jesucristo iba camino del Gólgota una mujer llamada Verónica se acercó a Él llevando en sus manos un blanco lienzo para limpiar el sudor, las lágrimas y las gotas de sangre que brotaban de su cuerpo y que tras hacerlo el rostro de Cristo quedó grabado en el paño. 

La imagen de mármol de Santa Verónica obra de Francesco Mochi ubicada en la Basílica de San Pedro la representa enseñando el lienzo con las facciones de Cristo tras enjugarse sangre, sudor y lágrimas. 

Esa forma de presentar el paño es la que da origen al nombre del pase de capa por excelencia, pues es de frente, como se mostraba el paño santo, como se inicia este lance. 

Pepe Hillo lo definía en su “Tauromaquia”. 

Llámese verónica a aquella suerte que el diestro ejecuta situándose con la capa rigurosamente enfrente del toro”. 

Con una serie de verónicas recibía Manolete a un toro de D. José María Escobar el 23 de julio de 1944 en la Plaza de Valencia. 

El toro era un precioso ejemplar lucero. Un toro lucero es aquel que tiene una mancha blanca en el testuz, sobre pelo oscuro. La mancha suele ser triangular, poligonal o redondeada. 

El toro se llamaba “Perdigón” y el lucero lucía en forma de V sobre la negra testuz. 

El 6 de junio de 1944 se había producido el desembarco de Normandía, hito esencial en la posterior victoria de los aliados que ya se comenzaba a vislumbrar. 

Al finalizar la corrida el ganadero, reconocido anglófilo, mandó disecar la cabeza y la guardó en su finca de Isla Mínima en la provincia de Sevilla. 

Cuenta Jimmy Burns Marañón, nieto de Gregorio Marañón e hijo del espía Tom Burns, en su blog “Voces Liberales” que Escobar se puso en contacto con Walter Starkie, director del British Council y amigo de Tom Burns, ambos aficionados a los toros y amigos de Belmonte, Domingo Ortega y Manolete. La intención de Escobar era hacerle llegar la cabeza de aquel toro lucero al mismísimo Churchill. 

Dice Burns que el 12 de diciembre de 1945 Starkie escribió a Churchill para explicarle, entrelazando alguna mentira piadosa, que le mandaba la cabeza de aquel toro que “había nacido con una señal profética en la frente y que era de destacar la extraña coincidencia de que había sido toreado y muerto por Manolete en el mismo día de la victoria aliada”, el llamado V-E Day (día de la Victoria en Europa) esto es el 8 de mayo de 1945. 

El ganadero también hizo su dedicatoria en la que podía leerse “Ofrezco este toro que ha sido el más noble por su bravura y que nació con el signo de la Victoria en la frente, al magnifico señor Winston Churchill, quien, con un valor, una nobleza y una humanidad ejemplares, forjó la victoria que ha salvado al mundo”. 

Cuenta también Fernando González Viñas en el libro “Manolete, biografía de un sinvivir” que Churchill no solo respondió la carta al ganadero sino que también le escribió una a Manolete en la que le decía:

Señor Manolete:

He recibido hace algún tiempo la cabeza de un magnífico toro que me fue enviado por su criador, señor don José María Escobar. El toro tiene claramente marcada una «V» en su testuz, y me dijeron que usted lo mató en Valencia. Quiero agradecerle a usted por la parte que jugó para facilitar que fuese yo el receptor de esta verdadera agradable expresión de amistad y buena voluntad de España. Por favor acepte mis felicitaciones por el feliz resultado de lo que debió ser una exigente lucha.

Winston Churchill

Lee también

 Manolete contestó esa carta desde Córdoba diciendo:

 “Me es grato manifestarle que ha sido para mí un honor, del que conservaré imborrable recuerdo, recibir su muy valiosa felicitación, así como me enorgullece haber hecho posible la expresión agradable de amistad que tan cordialmente acoge en su carta. Con todo respeto y admiración, haciendo fervientes votos para que Dios conserve muchos años su preciada existencia. Queda suyo, Manuel Rodríguez Manolete.» 

Pasados unos meses de la muerte de Manolete, en concreto el 10 de octubre de 1947, su madre recibe este telegrama:

Señora:

Estoy muy impresionado al conocer la trágica muerte de vuestro hijo en Linares y querría enviarle la expresión de mi más profunda simpatía.

Quedé conmovido cuando recibí el noble trofeo de su hijo, la cabeza de toro superiormente muerto en el ruedo, que me envió con ocasión de nuestra victoria en Europa.

Desearía añadir mis sinceras condolencias a todos los reconocimientos que ya ha recibido.

Suyo afectísimo, Winston Churchill.

Antes de morir, el diario italiano “El Corriere de la Sera”, había calificado a Manolete como el “Beethoven de la tauromaquia”.

Podría aplicarse a Manolete la crónica musical que en 1810 Ernest Hoffman publicó sobre la Quinta sinfonía de Beethoven, declarando que “la música instrumental es la más alta de las artes, superando a la reina hasta ese momento la música vocal.  La música de la Quinta abre a los oyentes al reino de lo infinito, un lugar más allá de las palabras, donde el ser humano se encuentra con las profundidades del reino del espíritu o el estremecimiento, el dolor, el espanto y el anhelo romántico hacía lo terrible, marca de lo sublime”. 

Sangre, sudor, esfuerzo y lágrimas también en la música de Beethoven. 

Cambien en la crónica de Hoffman música instrumental por toreo o la Quinta por una apertura por verónicas y verán que también es válida para el toreo.  

Pero quien de verdad explicó bien esa relación entre la música y el toreo fue el Catedrático de Historia de América, D. Ramón Serrera Contreras en el Pregón taurino de la Real Maestranza de Sevilla del año 2016 en el que define la tauromaquia como “un arte que está marcado, como la música misma, por la medida, por el ritmo y por el tiempo. Los tres tercios de una faena (tercio de varas, tercio de banderillas y tercio de muerte) son como los tres tiempos con los que el clasicismo dejó fijada la más perfecta forma tripartita de expresión musical, que es la sonata. Y en los toros, como en las sobrenaturales sonatas para teclado de Mozart, las pausas y los silencios forman parte de la esencia misma del desarrollo de la lidia y también de la lectura de unos pentagramas. Es el valor supremo del silencio. ¿Sabían ustedes que la primera nota de la célebre Quinta Sinfonía de Beethoven es precisamente un silencio?».

Así es como el destino llama a la puerta. En silencio. Sinfonías del destino.

© 2023 COPYRIGHT EL PESPUNTE. ISSN: 2174-6931
El Pespunte Media S.L. - B56740004
Avda. de la Constitución, 15, 1ª planta, Of. 1
41640 Osuna (Sevilla)