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El hilo del toreo en las calles de la Feria

El hilo del toreo en las calles de la Feria

Seis portadas en 1973

“El hilo del toreo” es el título de un libro escrito por José Alameda que no puede faltar en la biblioteca de ningún aficionado taurino que se precie. 

Una referencia obligada de un prolífico escritor que ni se llamaba José ni se apellidaba Alameda. 

Su nombre no le gustaba para ser cronista. Escogió el apellido de Alameda por su gran admiración por los “Gallos” y por Chicuelo, que se habían criado en la Alameda de Hércules de Sevilla. Para elegir el nombre dudó entre Rodolfo (por Gaona), Juan (por Belmonte) y José (por Joselito). Este último fue el elegido porque, como él mismo escribió “es el nombre de un famoso carpintero, noble oficio”. Además, era un “gallista” acérrimo. 

Luis Carlos Fernández López-Valdemoro era su verdadero nombre.

Nació en Madrid en 1912 y murió en Ciudad de México en 1990. Fue cronista, escritor, locutor, comentarista taurino y poeta. En 1939 se exilió a México y como dice su gran amigo Julio Téllez, creador del programa de la televisión mexicana “Toros y Toreros” que estuvo en antena más de 40 años “fue mucho más que un cronista de toros. Hizo de la crónica televisada todo un género literario efímero que nace y muere con la propia corrida. El placer de escucharlo iba a la par del placer de ver torear. Pepe ha sido, además, uno de los más lúcidos e inteligentes historiadores taurinos de la fiesta de los toros. Hoy por hoy sus textos son ampliamente consultados y de referencia obligada para todos los que pretenden historiar la fiesta”. 

Durante veinte años fue narrador de las corridas retransmitidas por televisión desde la Plaza Monumental de México y comentarista para TVE, desde las plazas de Madrid, Bilbao, Granada, Marbella, Badajoz y Pamplona. Desde 1981 hay una placa con su retrato en bronce en la puerta grande la Monumental azteca. 

“El hilo del toreo” es una obra fundamental para entender la historia de la tauromaquia que comienza con uan clarísima declaración de intenciones “Mas que los hechos en sí, debemos considerar su interdependencia; antes que el drama, el hilo”. 

Analiza las dos escuelas del toreo moderno. Pedro Romero y Pepe Hillo. El papel de Costillares, la evolución del toreo con Paquiro y Cuchares, la integración de la lidia en tres tercios que hace El Gordito y su rivalidad con El Tato,  el toreo natural y el cambiado en Lagartijo y Frascuelo, la influencia decisiva de Guerrita y rinde un excelso homenaje a Gaona. 

Se detiene en la Edad de Oro con Belmonte y Joselito. Ensalza a Chicuelo, hasta el punto de calificarlo como el arquitecto del toreo. Se detiene en la figura del toreo determinante de Domingo Ortega, para hilar las figuras de Manolete y Antonio Ordoñez y llegar al toreo de finales del siglo XX, sin dejar de hacer una mención a los mexicanos Armillita, Arruza y Silverio. 

Distingue además dos líneas evolutivas diferentes desde los orígenes, basadas en dos tipos de personalidades taurinas. De un lado Paquiro, Belmonte y Ortega. De otro Cuchares, Guerrita y  Joselito. “Los primeros se expresaban a sí mismos, los segundos expresaban el toreo”. 

Es en 1989 cuando se publica esta obra. 

Años antes José Alameda había acudido a la Maestranza de Sevilla en corrida de Feria. Al finalizar lo llevaron a dar un paseo por el recinto ferial a pesar de su oposición. Su anfitrión le contó que la Feria antes se celebraba en los terrenos del Prado de San Sebastián, pero que como estos se quedaron pequeños en 1973 se decidió trasladarlos al barrio de Los Remedios. 

Al tomar mayor dimensión se decidió darles nombre a las calles del Real, palabra que procede del árabe hispánico “rahal”, que significa “majada” o Aldea”, que a su vez procede del árabe clásico “Rahl”, que es “punto de acampada”. 

En el diccionario de la Real Academia Española se dice que es “campamento de un ejército, y especialmente el lugar donde está la tienda del rey o general” y en otra acepción “ el campo donde se celebra una feria”, lo que desmonta las leyendas populares de que se le llama así porque costaba un real que te llevasen a la feria en coche de caballos o que es así llamado porque la autorización de celebrar la Feria fue concedida por la reina Isabel II. La explicación es más sencilla, aunque más difícil de contar y menos atractiva.  

Pues cuando se decide dar nombres a las calles del real, la Corporación Municipal opta por hacerlo con los de toreros nacidos en Sevilla o su provincia. 

Solo se hacen dos excepciones a esta norma. Antonio Bienvenida, nacido en Caracas de manera circunstancial, pero bautizado en la parroquia sevillana de Omnium Santorum y Rafael Gómez el Gallo, hermano de Joselito, nacido en Madrid también de manera circunstancial pero criado en Gelves y la Alameda de Hércules. Ambas familias llevaban afincadas en Sevilla toda la vida.  

Quince son las calles de la Feria. Como curiosidad hay que destacar que en 1973, estreno del real de Los Remedios, la feria tuvo seis portadas. 

La elección de los nombres no fue baladí y es un verdadero hilo del toreo. El anfitrión de Alameda le hizo un recorrido por las calles por el orden cronológico de nacimiento de los diestros. 

Se traslado al 1729 con el nacimiento de Costillares, inventor del volapié y la verónica. Saltaron a 1754 para tomar una copa en Pepe Hillo, torero del barrio del Baratillo y escritor de la famosa tauromaquia que lleva su nombre. 

Cambian de siglo  para honrar la muerte de El Espartero  por la cogida en Madrid del toro “Perdigón” de la ganadería de Miura, con el que comienza a forjarse la leyenda de este hierro. 

Todavía en el siglo XIX tienen tiempo de hablar de la rivalidad entre Bombita y Rafael el Gallo. 

Le explican que no es casualidad que las arterias principales se llamen Joselito el Gallo y Juan Belmonte, pues no en vano al tiempo en el que torearon juntos (1913-1920) se le denomina la Edad de Oro del toreo. 

Rememoran la alternativa que Rafael El Gallo le da a Gitanillo de Triana y la muerte de este en Madrid en 1931 tras la cogida del toro “Fandanguero”. 

En una caseta de la calle dedicada a Chicuelo recuerdan que fue el que trajo la ligazón al toreo aunando las innovaciones de Belmonte y Joselito, así como las faenas que en su querido México hizo a los toros “Dentista” y “Lapicero” y la que luego haría en Madrid a Corchaito que cambió la historia del toreo. 

Pasan por Ignacio Sánchez Mejías, banderillero de su cuñado Joselito y luego compañero de cartel en la aciaga tarde de Talavera de la Reina. 

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No se olvidan de Pascual Márquez, al que toreando en Madrid  un toro de Concha y Sierra le dio una cornada en el pecho que dejo al descubierto el corazón. Cornada gravísima que le tuvo doce días luchando con la muerte, sin podérsele trasladar de la enfermería de la plaza, donde falleció. Tragedia de un torero con valor de ley, cuyo recuerdo perdura en las calles del real. 

La calle dedicada a Antonio Bienvenida, fallecido tras la embestida de una vaquilla tras toda una vida matando toros, no es solo un homenaje de Sevilla a su persona , sino a una de las dinastías toreras más gloriosa de la historia. Fundada por D. Manuel Mejías Lujan y continuada por su hijo Manuel Mejías Rapela, apodado “ El Papa Negro”. 

Bienvenida no era su apellido, ya que adoptaron como sobrenombre el de su pueblo natal,  Bienvenida, una pequeña villa de la provincia de Badajoz. 

Bombita se había declarado “el jefe de la iglesia taurina”. Y el crítico “Don Modesto”, tras una excelsa faena de Manuel Mejías “Bienvenida” en Madrid lo llamó “El Papa Negro” , como se llamaba al  General de los Jesuitas por el color de sus sotanas en contraste con la blanca del Papa y por el poder que siempre dicen esta orden ha ejercido en la Iglesia. 

El paseo por las calles de la Feria nos adentra ya casi en la segunda mitad del siglo XX con otra dinastía de arte. La de los Vázquez. Pepe Luis y Manolo. A Pepe Luis le da la alternativa Pepe Bienvenida. A Manolo su hermano Pepe Luis con Antonio Bienvenida de testigo. El hilo del toreo. Los Bienvenida y los Vázquez. Las calles de la Feria. 

Cuentan que aquel día Alameda no quería visitar la Feria y acabo entregado a sus encantos. Quizás volviendo ya de amanecida y bajo los efluvios feriantes le vino a la cabeza una de sus frases más famosas que en pocas palabras resume la fiesta. 

“El toreo no es graciosa huida, sino apasionada entrega”. 

Los “curristas” habrán notado que falta una calle. La de Curro Romero. Cuando Alameda vino a Sevilla todavía no había dado su pregón taurino Alberto García Reyes, pero seguro que compartiría los versos finales de aquel pregón:  

¡Hoy hay toros en Sevilla!

Y en los toros manda Dios, 

Por eso Sevilla grita:

¡Romero y sanseacabó!


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