Desde las entrañas

Transitas por un lugar oscuro, donde las ramas picudas de árboles sombríos te obstaculizan el paso. Como puedes, abres paso con tus manos, esas herramientas mágicas que te ayudan a crear y construir. Miras hacia atrás buscando alguna otra persona que pueda empujarte a salir, pero descubres que solo estás tú y tu potencial. Entonces, empiezas a esbozar dentro de tu cabeza el plan más efectivo para que esa pesadilla termine con éxito. Es en ese momento donde conectas con esas emociones desagradables, con el malestar, con el abrazo de la incomodidad, con la falta de aire y el frío que recorre cada uno de tus sentidos. Es cuando te enfrentas con tu ego, cuando ves en esa otra parte de ti aquellas cosas que estaban ocultas, aquellos miedos que dormían profundamente. Dudas de todo, incluso de quién eres y de todas aquellas cosas que siempre te habían gustado. Sientes incluso desconfianza de tu ser y te sientes impostora de tu propia vida. En definitiva, sientes la soledad y a ti con ella. Ese cortocircuito con chispas de dudas, ansiedad, tristeza y desasosiego zarandea cada una de las células de tu organismo y eriza y enfría la piel y, cuando crees imposible abrir camino en esa oscuridad, centras tu atención en una rama que parece más quebrada en el camino y que te permite vislumbrar un trocito de lo que te esperaría en ese otro lugar. Entonces incrementas tus sentidos y afinas más tu mirada. Llegas a ver colores esparcidos que se mueven al ritmo del viento soltando un aroma de infinitos olores. Y todo ello te recuerda a experiencias de tu ayer, parafraseando a Jorge Manrique, a “esos tiempos pasados que percibes que pudieron ser mejores” y es cuando te sublevas ante tu propio sistema de creencias, cuando ese rememorar te engancha con todo lo aprendido y todo ello te dibuja una enorme y sanadora sonrisa. Esta amable curva esbozada sobre tus labios se alía con tus manos. Es entonces cuando empiezas a sacar fuerzas que jamás pensabas que estaban dentro de ti, cuando te alumbras a ti misma desde el interior de tus entrañas, tal cual como te recondujiste por ese canal del parto. Aparecen los primeros rayos que tiznan de calor tu antes fría piel, resuena con mayor fuerza los latidos de un corazón que pareciera haber nacido de nuevo, se origina una inspiración nasal pausada y profunda que lleva el oxígeno y la esperanza a cada parte de tu ser, se activan conexiones neurales en toda tu corteza prefrontal izquierda que te hace volver a confiar, que te engancha a esa sintonía de que es posible volver a empezar. Y llegas a ese instante, a esa luz, y valoras cada paso porque comprendes que solo cuando permaneces en la oscuridad teniendo el coraje de palparla y explorarla hasta aceptarla como parte de ti puedes discernir la grandiosidad de la vida y sus circunstancias.

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