Las elecciones autonómicas las carga el diablo

En diciembre de 2021, Fernández Mañueco, impulsado por la estrategia nacional del PP, por aquel entonces dirigido por el ahora desaparecido Pablo Casado, disolvió las cortes de Castilla y León y convocó elecciones para el 13 de febrero de 2022.

Estas elecciones se iban a celebrar en un clima de cambio de ciclo. Todas las encuestas publicadas auguraban una victoria clara y rotunda del Partido Popular que no solo le permitiría gobernar en solitario en Castilla y León, sino que le daría un estoque de muerte al gobierno de Pedro Sánchez. Aquellas encuestas llegaron a situar al PP por encima de los 40 diputados. Sin embargo, el resultado final, aunque permitió al PP seguir gobernando junto a VOX, supuso un baño de agua fría para el centro derecha político y mediático que, a partir de ese fatídico domingo de febrero, inició la cacería de Pablo Casado. 

La política en general y las elecciones en particular son, como casi todo en la vida, una cuestión de gestión de expectativas. Y, desde mi punto de vista, son precisamente éstas las que el Partido Popular no está sabiendo gestionar con sentido estratégico. 

Siendo escenarios completamente diferentes, se vuelve a caer en la obsesión de analizarlo todo en clave nacional y se insiste, por parte del ecosistema mediático conservador, en que los procesos electorales convocados y por convocar en 2024 (gallegas, vascas, europeas y quizás, catalanas) representan un camino de espinas sin retorno para Pedro Sánchez y su gobierno. 

Y puede ser que así sea. De hecho, si tuviera que apostar, apostaría que el 18 de febrero, el PP revalidará su mayoría absoluta.  Pero, ¿y si las expectativas vuelven a no cumplirse, como ocurrió en CYL o en las últimas elecciones generales?

El PSOE es hoy tercera fuerza en el Parlamento gallego, por detrás de PP y BNG. Todas las encuestas publicadas plantean un escenario similar, por tanto, el PSOE no sufriría un descalabro que fuera decisivo en clave nacional. En cambio, Feijoo se lo juega todo a una carta puesto que, si BNG y PSOE logran arrebatarle la mayoría absoluta, el nuevo objetivo de la derecha política y mediática madrileña será su cabeza.

Lo dicho. Las elecciones autonómicas las carga el diablo.

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