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La camisa de lunares

La camisa de lunares

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En un ejercicio de memoria he recuperado un simpático cumplido de José Giorgio Soto (José de la Tomasa) a modo de saludo: “Me gusta esa camisa que llevas puesta, ya me dirás dónde la has comprado». Ese día era cabeza de cartel y yo presentador y coordinador del “Memorial Antonio Mairena” en el Cincuentenario de la Peña con su nombre en Hospitalet. Para la ocasión me puse una camisa negra salpicada con lunares blancos en sintonía con el ambiente y por ser un icono representativo de la etnia gitana.

Cada año, en febrero, coincidiendo con el “Día de Andalucia” la citada entidad rinde pleitesía al titular de la misma. Socios y simpatizantes, que navegan por el mismo río de los gustos, gozan con la bulería, la toná liviana, martinetes…y otros cantes que el mairenero reivindicó para los suyos en vida. En el cartel figuró también Manuel Castulo, sin tilde, me dijo. Tras el acto protocolario lo llamé al escenario sin necesidad de acudir a Wikipedia y recabar datos de cuantos concursos ganados y merecidos premios tiene en su casa. Manuel Castulo está doctorado en importantes peñas, incluido ésta desde esa noche; estuvo soberbio. No es cantaor de fraguas ni varetas pero se encontró a gusto, es innegable que lleva a gala la valiosa etiqueta de clásico y copista de los aires de los alcores. Aunque se mira en los espejos de Menese, Fosforito, Juan Talega…no se sacude los ecos que le persiguen desde chavea: los de su familia que chanelan, los de Cascabel y Fernando de Mairena, Calixto Sánchez y, sobre todo, repito, el del “Niño de Rafael” principal referente que venera.

Conocido es que el mayor de la Casa de los Mairena hacía fácil el cante, era didáctico y dejó un legado discográfico que invita al aprendizaje. Entre bambalinas alguien rebatió la reflexión y, con énfasis desde el prisma racial, aun siendo payo, dictaminó con rotundidad: “En el sentir de lo jondo gitano está escrito que el cante se aprende en el vientre materno». O sea, que se nace afinao con la seguiriya de Frijones, entendí.

Afirmación que proviene de la corriente mairenista de mala calidad, del mairenismo “chungo” que refiere el periodista e investigador Manuel Bohórquez. Llegado aquí me asalta una curiosidad. Desde que Tio Canal (tocaor gitano) y el exdiputado, sacrificado por su raza, Juan de Dios Ramírez Heredia, se implicaron en esta entidad en la década de los setenta, no me consta que ningún otro aficionado caló haya defendido y divulgado, desde el asocianismo de esta peña, su cultura a través del flamenco. Con más de medio siglo, y más o menos éxitos, los pilares del mairenismo en Hospitalet se sostienen en pie gracias a aficionados payos que, con pasión desmedidas o no defienden la veracidad de la Soleá de Charamusco. Es otro debate. Continúo.

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En ocasiones es aconsejable hacer una paraita de torero y templarse ante las embestidas de fanáticos de duquelas, quejíos y otros adjetivos sufribles que alimenta la eterna polémica. Soy un entusiasta del flamenco bendecido tanto por un “Endebel» Romaní como por el “Papa” jerezano Chacón. El trianero Pepe “el de la Matrona” decía que “ni Juan ni Manuela, lo que hay que tener es corazón, saber cantar y despertar sentimientos. He visto los ojos brillosos de mi padre escuchando una taranta a Juan Valderrama, éste no cantaba con fatigas en las tripas pero a él le removía el alma. Recelo del respeto a lo “auténtico” cuando es excluyente, sospecho de quienes se creen en la verdad y ponen el grito en el cielo con otras voces de lo jondo, sea la de Diego Clavel o Luis de Córdoba. El flamenco tiene vertientes interpretativas ricas en matices y métricas más allá de las atribuidas a la estricta ortodoxia a los cantes gitanos.

No piensen que me he ido del tema inicial. José de la Tomasa, que ilustra el articulo, esa noche dejó definido algo más que el gusto por los lunares de mi camisa. Sin desmerecer ni restar méritos a la fiesta, el de La Tomasa quiso asegurarse de que un servidor estaba documentado en cuanto a su procedencia genética y la existencia de la diversidad en el cante gitano. No consideró necesario regar los oídos a la parroquia: “Sabrás que yo pertenezco a otra rama, a otra escuela y bebo de una fuente distinta”. Micrófono en mano le respondía: “…está emparentado con los duendes familiares y aprendió la seguiriya de Joaquín “Lacherna” sin salir de su casa. Guardián de la herencia de los Torres, Tomasa y Pies de Plomo, caudal sonoro que desemboca en el ancho mar de los cantes de la Alameda. Un Hércules sevillano con alma de barco… ¡Grande José de la Tomasa y grande su cante!. “Saber escuchar es un arte” de todos y para todos”.


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