Homenaje a un trabajador

Un jardín de Madrid llevará el nombre de una persona fallecida por un golpe de calor durante una tarde de julio del pasado 2022, mientras ejercía labores de barrendero. Tenía 60 años, un contrato eventual, y en el momento de caer desplomado al suelo un fuerte sol -como suele ocurrir en pleno verano y en esta localidad- mantenía la temperatura a 39 grados. Para cuando llegaron los servicios del SAMUR lo encontraron inconsciente y con una calentura corporal que marcaba 41, 6. Nunca volvió a recuperar el sentido. Falleció al día siguiente en el Hospital Gregorio Marañón.

Así lo cuenta el periódico El Español en su edición digital. Publicaron la noticia el pasado 11 de enero. En la misma nota mencionan a quienes han aprobado esta propuesta: José Luis Martínez Almeida y su Junta de Gobierno. En una posterior rueda de prensa -continúa la información- la vicealcaldesa, Inmaculada Sanz, ha explicado que, con este nombramiento, también se rendirá tributo “al conjunto de los trabajadores de limpieza municipales”. La forma en la que el Ayuntamiento rinde tal distinción es poniendo el nombre del trabajador fallecido a un espacio verde situado al sur del barrio de Usera.

Todos mis respetos tanto para el homenajeado y sus familiares y amigas/os, como para las personas que han decidido, aprobado y puesto en marcha tal acción y los que la han publicado en un periódico, pero yo leo la reseña una y otra vez y echo en falta unas cuantas líneas. Unas declaraciones en las que algún político -ya sea de los mencionados, o alguna/o de otro partido- exponga las medidas que se han tomado para que no vuelva a suceder en esta ciudad, ni en ninguna otra. Unas palabras con las que explicar a los ciudadanos y ciudadanas las acciones propuestas o que se estén llevando a cabo para asegurar que, a lo largo de este próximo verano y los que le siguen, ninguna empleada o empleado se verá en la obligación de cumplir sus funciones ininterrumpidamente y a pleno sol en tal o cual calle entre las 13:00h y las 18:00h, que es cuando el calor más aprieta, cosa que quizás no saben -o no recuerdan-aquellas y aquellos que efectúan su jornada laboral bajo un aire acondicionado. Pero antes, deberían decirnos si se ha tomado alguna medida al respecto. Si así es, no tengo conocimiento de ello.

Sí sé que volverá a suceder. Ustedes también lo saben. Por no perder el puesto, por tener un jornal con el que pagar el pan y los gastos de ropa y colegio de sus hijos e hijas, más de una mujer y más de un hombre saldrá a la calle a trabajar una tarde de julio como aquella en la que, para cuando llegaron los del SAMUR, lo encontraron inconsciente y con una calentura corporal que marcaba 41, 6.Tenía 60 años, un contrato eventual, y cayó desplomado al suelo mientras ejercía labores de barrendero en plena calle y bajo una temperatura de 39 grados. Y en poco tiempo, algún que otro jubilado pasará la mañana en los bancos de un jardín que lleva el nombre de esta persona; y niñas y niños correrán y jugarán por su césped tras las clases escolares y algunas horas después, entre selfis y canciones en Spotify y publicaciones en Tuenti, no pocos chavales y chavalas darán su primer beso al anochecer.

Todo lo mencionado, y mucho más, ocurrirá en este lugar. Porque la vida continúa, pasará un año tras otro, vendrán más veranos y más altas temperaturas, y algunas y algunos seguiremos -con poca esperanza-entrando en páginas de periódicos digitales a la búsqueda de unas pocas líneas. Unas pocas palabras en las que se exponga alto y claro que, el mayor homenaje que se puede conceder a todo trabajador o trabajadora, no es otro que el de crear e instaurar políticas en las que la salud física y psicológica de cada persona esté por encima de toda estructura capitalista.

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