Entre la mula y el buey

Los Evangelios de San Lucas y de San Mateo son los que sitúan el nacimiento del Niño Jesús en Belén. 

Cada evangelista tiene una simbología que lo caracteriza. En el caso de San Lucas es el toro porque comienza su Evangelio hablando de las funciones sacerdotales ejercidas en el templo por Zacarias, padre de San Juan Bautista, quien ofrecía a Dios en holocausto este animal.  

El toro es el símbolo de ese sacrificio. Representa además el deseo de una vida espiritual que permite al hombre triunfar por encima de las pasiones animales y obtener la paz.

Esta Nochebuena nacerá el Niño Jesús. En todas las casas de bien estará puesto el Portal de Belén, siguiendo la tradición que comenzase en la Nochebuena de 1223 San Francisco de Asís, que pensando que sería su última Navidad, decide celebrar la Misa en la cueva de la localidad italiana de Greccio y hacer la representación del Nacimiento del Niño Jesús con personas y sitúa al Niño entre un buey y una mula.  

Desde entonces se implanta la tradición de representar el nacimiento de Jesús y el buey y la mula forman parte de la representación del mismo.  

La mula representa al animal más humilde de la creación y el buey mantiene la misión de mantener caliente con su aliento la cuna del Niño Jesús. 

Todos somos buey y mula ante lo eterno y hoy abrimos nuestros ojos y nuestra alma para recibir al Señor. 

Humildad y servicio de la mula, protección y calor del buey. Eso es lo que hoy espera el Señor de nosotros para poder nacer en el pesebre de nuestros corazones. 

Personajes secundarios en el Portal, pero vitales por lo que representan. 

En los toros también aparecen la mula y el buey como personajes secundarios pero vitales. 

Las mulillas y los cabestros. 

El origen de las mulillas está datado en  1623. 

Con motivo de una visita a España del heredero al trono de Inglaterra, Carlos Eduardo Príncipe de Gales. 

En su honor se celebraron varios espectáculos y corridas de toros, tras anunciarse el casamiento de la Infanta María con el Príncipe de Gales, enlace que luego no llegó a producirse. 

Al Corregidor de Madrid, Juan de Castro, se le ocurrió que para dar más vistosidad al espectáculo y evitar la retirada manual de toros y caballos muertos y heridos, realizada por personas denominadas ganapanes, se dispondrían unas mulas que realizarían el arrastre. Para la ocasión fueron enjaezadas lujosamente con banderas, arreos y cascabeles y desde entonces perdura la tradición de las mulillas para arrastrar los toros. 

En las plazas de primera habitualmente hacen el paseíllo dos tiros de mulillas. Eso es así porque antiguamente unas se ocupaban del arrastre de los toros y otras del de los caballos que fallecían cuando se picaban los toros sin petos protectores. El rito ha mantenido los dos tiros en el paseíllo de las grandes plazas. 

El buey es un toro castrado, mientras que el cabestro es un buey manso que se utiliza en las ganaderías para facilitar el manejo de los toros dedicados a la lidia. En definitiva, es un buey adiestrado para manejar al toro bravo en solitario y en manada. 

Todos los cabestros son bueyes, pero no todos los bueyes sirven para cabestros. 

El toro bravo sigue siempre al cabestro. Aunque el toro se sabe superior y más poderoso siempre confía en el buey. 

Mulillas y bueyes cabestros juegan un papel fundamental en la Fiesta. 

Son animales de servicio, que no aparecen de manera casual en el Portal ni en la tauromaquia. 

Tienen su misión y su simbología. 

Como decía un santo del siglo XX hoy debemos mirar al portal porque  “ desde la cuna de Belén, Cristo me dice y te dice que nos necesita, nos urge a una vida cristiana sin componendas, a una vida de entrega , de trabajo, de alegría”. 

Por eso no es día de hablar de toros, porque ya vendrá el tiempo para torear. 

Toca hoy alabar al Niño, que nace rodeado de mula y buey, para que nos ayude a afrontar los desafíos de la vida con valentía y alegría y nos de la humildad para recibirlo en nuestro corazón. 

Y con esa alegría podemos entonar unos villancicos taurinos que adaptó el poeta albaceteño Ismael Belmonte hace ya casi medio siglo.  

Hasta el portal de Belén 

han llegado maletillas

para hacer con sus muletas

a Jesús unas mantillas.

Ande, ande, ande,

vamos a cantar

que ya vendrá el tiempo 

para torear. 

Hasta el portal de Belén 

han llegado los toreros

y con sus trajes de luces

le han hecho al niño un babero.

Ande, ande, ande

vamos a cantar, 

que ya vendrá el tiempo 

para torear.

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