Algunas consideraciones en torno al 23-J-23

Entre las calores climatológicas y las calores políticas vamos pasando el verano como podemos –del verbo “poder”, no del partido Podemos-. Es un tópico o lugar común en periodismo que en verano no hay noticias importantes o relevantes y hay que buscar lo que sea para rellenar las páginas de los periódicos. Pero no es ni va a ser el caso de este verano 2023, en el que la olla va a estar borboteando sin cesar.

De las elecciones ha atraído siempre mi atención la abstención. No sé si es porque se habla poco de ella. En estas elecciones ha sido de un 30% aproximadamente. Es decir, de cada 100 personas con derecho a voto, 30 no lo han hecho. Intento visualizar o imaginarme a un grupo de 100 personas; y pongo 70 a un lado y 30 al otro; 30 no es poca cosa, me digo, es un número significativo; y entonces me pregunto por qué esas 30 de cada 100, esas 12.493.664 del total, no han ido a votar. ¿Son jóvenes a los que todavía no les interesa la política y pasan de ella? ¿Son adultos desencantados de la política que piensan que los políticos son todos iguales y que da lo mismo a quién se vote porque todo va a seguir igual? ¿Quiénes son?

Despierta mi curiosidad también el voto nulo. Representa el 1,05%. No me pregunto en este caso quiénes son. Me pregunto cómo son esos votos nulos –excepcional fue aquel de hace unos años del-la votante que metió una rodaja de chorizo en el sobre, metáfora con un mensaje claro e inequívoco y voto digno de figurar en algún museo, tal vez el de arte contemporáneo, tal vez el surrealista,…-. ¿Cómo son? ¿Escriben los votantes insultos, consejos a los políticos, peticiones,… en las papeletas? ¿Las garabatean? ¿Las rompen? ¿Meten dos? ¿Meten mitad y mitad? Son muchas, son 261.078 personas. 

Queda demostrado –una vez más- que los sondeos y las encuestas no sirven para nada –dinero malgastado-, pues fallan más que una escopeta de feria. Y queda claro que no se puede vender la piel del oso antes de cazarlo, que parece que es lo que le ha pasado al Partido Popular.

Es penoso contemplar la agonía de Núñez Feijóo intentando morir con dignidad, apelando a que lo natural es que gobierne el partido más votado, sabiendo que en política no hay nada natural, que en política existe lo legal, y lo legal es que gobierne el que reúna el número de diputados necesarios, sabiendo que en algunas autonomías y ayuntamientos su partido no ha aplicado esa norma –más opinión que norma escrita-, y sabiendo que si otro u otros partidos le permitiesen gobernar en solitario por ser el más votado, gobernaría con los 136 diputados-as suyos, pero sin los 214 restantes.

Cuando Núñez Feijóo salió al balcón de la calle Génova la noche del 23-J, ya era un eccehomo y, para colmo, abajo, sus partidarios, con menos tacto y menos sensibilidad que un saco de papas, le echaron sal y vinagre en las heridas vitoreando a Díaz Ayuso, lo cual no venía a cuento -con partidarios así, ¿para qué quiere uno detractores?-, además de que ya sabemos todos que Isabelita, queriendo o sin querer, en plan mosquita muerta y con esa carita de no haber roto nunca un plato, hace tiempo que le está echando el aliento en el cogote a Feijóo y que, en cualquier momento, puede arrear al caballo o darle una patadita a la banqueta y dejar a Feijóo colgando de la cuerda.


Antonio G. Ojeda

 

Imagen: freepik

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