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COFRADÍAS | ¿Qué ver el Lunes Santo en Morón de la Frontera, Écija y Estepa?

COFRADÍAS | ¿Qué ver el Lunes Santo en Morón de la Frontera, Écija y Estepa?

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El Lunes Santo es un día de los de más reciente creación en la Semana Santa para acoger hermandades (en la propia Sevilla esta jornada en 2023 cumplió su primer centenario), y resulta más difícil encontrarlas en los pueblos que nos circundan. Sin embargo, podemos aprovechar bien este día si trazamos un gran arco que nos dirija, desde Osuna, a Morón, Écija y Estepa.

Regresando a Morón, donde pudimos terminar ayer, desde la iglesia de la Merced hace su estación de penitencia la hermandad homónima. Es joven, de 1989, pero ha atesorado un patrimonio que le proporciona en la calle una gran vistosidad. Su primer paso recrea un misterio, entorno al Crucificado del Calvario, poco usual en la Semana Santa: representa los instantes previos al descendimiento cuando José de Arimatea y Nicodemo consiguen el permiso para hacerse cargo del cadáver de Jesús. Dicho pasaje también estuvo presente en Sevilla, en la Hermandad del Buen Fin, hasta 1998 y en este 2024 se volverá a recuperar. Su paso de palio, el de la Virgen de la Merced, es coqueto y tiene empaque, con unos bellos varales salomónicos. Por lo complejo del trazado urbanístico de Morón, es mejor dejar el coche en torno en la avenida de Andalucía, incluso en el parking de algún conocido supermercado cercano, y acceder andando al centro.

Écija, por su parte, vuelve a ofrecernos una hermandad bien montada y ya vamos notando el nivel artístico de su escultura procesional con el Cristo de la Yedra. En el barrio del puente, en la iglesia de Santa Ana, cerca del río Genil, permanece este soberbio Crucificado, obra anónima del siglo XVII, cuya expresión de su rostro conmueve al que lo mira y que aparece resplandeciente tras su reciente restauración hace un par de años. La hiedra, una planta que simbólicamente hace referencia a la muerte, se eleva enroscada en el madero vertical de su cruz. El segundo paso es el de la Virgen de la Caridad, una escultura de Francisco Buiza, que adquiere un especial cromatismo con el efecto brillante del tisú verde de su manto y el acertado palio de malla bordada.

A las 22 horas del Lunes Santo, para terminar este arco que trazamos al comienzo de la tarde, nos dirigimos al barrio de la Coracha de Estepa. Aquí desaparecen los parámetros sevillanos que hasta ahora hemos contemplado y la majestuosidad de los grandes pasos. La Hermandad de las Angustias tiene su origen entre un grupo de albañiles y otros obreros estepeños que le imprimieron una fuerte idiosincrasia. De ahí, la apariencia humilde y sobria que impera en su procesión: un tambor ronco, el rezo del Rosario, un pequeño trono portado por fuera y apoyado en horquillas (remembranza del pasado Barroco de la Semana Santa del centro de Andalucía) o el empleo de jaramagos al pie de la cruz. De ahí, el culto que profesan al papa Pío X, pues su última encíclica iba dirigida a las organizaciones sindicales de trabajadores.

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El mayor tesoro que nos ofrecen es el de su Virgen de las Angustias, un bellísimo conjunto escultórico de María sentada sosteniendo el cuerpo muerto de Jesús, atribuido al antequerano Diego Márquez y Vega, en la década de los ochenta del siglo XVIII. Curiosamente, el momento posterior al representado en el paso del Cristo del Calvario de Morón.

Antonio Morón Carmona


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