COFRADÍAS | Sábado Santo con mucha categoría en La Roda de Andalucía, Umbrete, Écija, Utrera, Alcalá de Guadaíra y Marchena

A partir de que el papa Pío XII realizase la reforma litúrgica de la Semana Santa, en 1955, el sábado pasó de ser Sábado de Gloria a Sábado Santo, por lo que algunas hermandades del Santo Entierro comenzaron a procesionar en esta jornada.

¡Qué bien han sabido aprovechar este día en La Roda de Andalucía!

Desde Sevilla siempre ha ido lo mejor para engalanar y poner sus sones a la Virgen de los Dolores coronada. La exquisitez se funde con el aire antequerano de su coquetísimo paso: los varales maestros son diferentes al resto y sus bambalinas negras remueven un halo de alegría cuando agitan las diminutas campanitas de plata. El dolor y el quebranto aliviado por un tintineo singular que anticipa la alegría de la próxima Resurrección. A la media noche esa alegría se desata con el fogueo de las escopetas y los vivas incansables de las niñas de La Roda ante su Virgen: ¡Dolorosa, guapa! ¡Guapa, guapa y guapa!

Écija saca a sus señoriales calles lo mejor: un Yacente de finales del siglo XV dentro de una riquísima urna de carey, una escolta de los cuatro evangelistas de Pedro Duque Cornejo y la luz en cuatro faroles de plata de Damián de Castro, cuyo diseño se siguió para los del Gran Poder de Sevilla. Y le sigue la Soledad. Bellísima y solemne en su caminar de costero a costero al son del redoble ronco del tambor. Altísima por la impresionante peana en que se sitúa. Más alta por la soberbia ráfaga de plata, a juego con la inmensa media luna y la originalísima corona, lo mejor del mismo Damián de Castro y que encabeza el catálogo de casi toda la platería de la Semana Santa andaluza.

Más carey, el que donó el marqués de las Amarillas en el siglo XVII, para la urna del Santo Entierro de Utrera. Otra hermandad que no hay que perderse, aportando un motivo más el paso de palio de la Virgen de los Dolores. Es de reconocer la proeza de su priostía pues, tras encerrarse el Viernes Santo, todo el conjunto es modificado para volver a procesionar la tarde siguiente con un aspecto completamente diferente y original: palio de encaje negro, la Virgen completamente enlutada (terciopelo negro con azabache negro), las manos entrelazadas y claveles rojos para su exorno, color de la sangre derramada por su Hijo en el Calvario.

Algo parecido ocurre en Umbrete, cuando la Hermandad Sacramental baja a su Crucificado de la Vera Cruz de su paso para que procesione en el mismo al Señor Yacente. Y como ocurrió el Viernes Santo, le volverá a acompañar la Virgen de los Dolores, con su elevada mirada al cielo, inspirada imagen de Gabriel de Astorga.

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Un cortejo procesional diferente es el de Alcalá de Guadaíra, ya que comparte un esquema similar al de Sevilla: el paso alegórico de la Canina, la urna con el cuerpo inerte de Jesús y el Duelo, donde la Virgen de la Soledad recibe el pésame de San Juan y las tres marías. Todo ello le confieren unas peculiaridades que la diferencia en toda la provincia. Otra hermandad con paso alegórico, sin salir de Alcalá y en este mismo día, es la de la Divina Misericordia. Se nos muestra de manera conmovedora y poética a Jesús muerto en brazos de un ángel, como protegiéndolo durante la espera a la Resurrección.

Y la Resurrección llega a las doce de la noche cuando el fogueo de las escopetas que se sienten desde La Roda se mezcla con los quejíos de las saetas en Marchena. Incansablemente unas tras otras, hasta el punto de que acabas molío (son las populares moleeras), se le cantan a la Virgen de la Soledad en su lentísimo caminar por el antiguo palacio ducal hasta volver a su templo de Santa María.

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