Nuevos partidos

El próximo mes de mayo se cumplirán diez años de las primeras elecciones en las que Podemos consiguió representación en el Parlamento europeo. Unos años antes lo había logrado Ciudadanos en las autonómicas de Cataluña, y UPyD en las generales de 2008. Vox aún no existía y fue el último en llegar a las instituciones.

En aquellos tiempos, pocos apostaban por estos nuevos partidos, la mayoría pensaba que el bipartidismo estaba muy asentado en España y no había margen para nuevas opciones. Sólo parecía haber hueco para la izquierda más clásica -Izquierda Unida con sus diferentes coaliciones- y los nacionalistas. La realidad ha sido bien distinta, y aquellas organizaciones han terminado condicionando, quizás más de lo deseado, muchos gobiernos. No obstante, ahora se encuentran en declive, como algunos pronosticaban. UPyD no existe, Ciudadanos es irrelevante, Podemos abre nueva fase tras la llegada de Sumar y, de momento, sólo Vox aguanta el tirón, aunque tengo la sensación de que también ha iniciado su descenso.

Ante este panorama, surge un nuevo movimiento, liderado por Guillermo del Valle y cuyo nombre es toda una declaración de intenciones, Izquierda española.

La deriva tomada por el partido socialista, iniciada en los tiempos de Zapatero y acelerada por Sánchez, motiva esta alternativa, que reivindica una izquierda socialdemócrata real basada en dos grandes pilares: una propuesta económica de izquierda -son muy críticos con las políticas neoliberales asumidas por la socialdemocracia de tercera vía- y la denuncia del identitarismo nacionalista. Parece que los fundadores del proyecto quieren volver a aquel socialismo de Suresnes del que ya nada queda. A esta idea se están acercando históricos socialistas alejados o expulsados por el amigo Sánchez.

El objetivo es acudir a las próximas elecciones europeas. Sin entrar a valorar sus posibilidades de éxito, no parece mala opción que sea precisamente en esos comicios donde hagan su puesta de largo, pues, al tratarse de una circunscripción única se produce una mayor amortización de los votos. Ya lo demostró Podemos en 2014 cuando, siendo un absoluto desconocido para muchos, alcanzó 5 europarlamentarios.

El tiempo parece demostrar que estas organizaciones tienen un ciclo de vida útil determinado, aupados por las circunstancias del momento, pero alejados de la estabilidad de apoyos y base con la que cuentan los grandes partidos por su importante incardinación local. No obstante, en esa vida útil han conseguido influir, y mucho, en la política española, si bien les ha podio faltar una mejor gestión de las circunstancias. A veces es fácil llegar, lo difícil es mantenerse.

La irrupción de Izquierda española puede traerle dolores de cabeza al actual PSOE, pero puede provocar también daños colaterales en el PP, cuyas redes hace tiempo que están echadas más hacia el centro que hacia la derecha.

Mucho votante socialista que no se identifica actualmente con sus siglas podría abandonar la sombra que le ofrece el partido de Feijoo para volver a ese espacio de izquierda donde, probablemente, se sienta más cómodo. No menospreciemos ninguna opción, que luego vienen las sorpresas.

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