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El Mayor Dolor

El Mayor Dolor

El Mayor Dolor tiene cara de ursaonesa lejana, perdida en la angustia de la calle Hornillos. El Mayor Dolor es la búsqueda de la Paz en la oscuridad de las entrañas camino de Consolación. El Mayor Dolor es madre y grito contenido, enredado a los varales, estampado en el palio. El Mayor Dolor lo guía al templo del sosiego Carlos González por las callejuelas del aire, donde viven los poetas de verdad y los últimos niños.

El Mayor Dolor es milenario y presente, judío y mariano, pero sale a la piel callejera de Osuna el Viernes Santo a tensar el mensaje de la Pasión en cada revirá, en cada levantá. El Mayor Dolor reposa en los hombros de mi padre, porque El Mayor Dolor siempre se calma en los hombros ardientes de los costaleros. El Mayor Dolor es femenino y tiene incrustado en el útero un esqueleto lleno de púas. El Mayor Dolor es un llanto seco que te encharca la respiración. El Mayor Dolor es asfixiarse frente a las puertas del Cielo, a un suspiro de la calle la Cruz. El Mayor Dolor ya no duele, sólo fluye como la corriente desordenada de un río que ansía evaporarse y refugiarse en las galerías remotas del espacio donde los ángeles a escondidas lloran por el hombre y por el Hijo del Hombre. El Mayor Dolor, vestido de joven hebrea, comprendí que era maternal y bello.

El rostro de El Mayor Dolor parece que se va a quebrar de una extraña mezcla de finura y agonía, pero su rostro aguanta y es un océano de sufrimiento donde desembocan tantos dolores creyentes, tantos dolores fervientes. El Mayor Dolor se mece en las calles de Osuna como una brisa a la que le arrancaron el mar y se convierte en bálsamo de las miradas. Al Mayor Dolor se le agotaron los ayes, los suspiros, los lamentos, las quejas. El Mayor Dolor es ya una herida inmensa de galaxia, pero mansa y tierna, que sirve de cobertor a todas las tristezas. El Mayor Dolor es un rayo rebelde que no tiene cabida en ninguna tormenta. Es un fogonazo cegado por el sol, que va preguntando en silencio por el sonido pacífico del agua. El Mayor Dolor parece un nombre pero el lenguaje no se atreve a nombrarlo porque tiene un corazón aplastado en la boca que nos obligan a pronunciar para que bañemos el aire de sangre espesa y huérfana, de sangre inocente y cachorra.

Es una voz que se suelta de la gente y vuela de la garganta a las nubes. El Mayor Dolor es no poder comerse una simple magdalena en una plácida y lenta tarde ursaonense porque ya no se puede tragar ni saliva. El Mayor Dolor es llorar cuando toca gritar. Es gritar cuando toca silenciarse. Es tenerte cerca y tan lejos como un planeta con forma de órgano vital. El Mayor Dolor es una pelea a dentelladas entre la ausencia y el recuerdo que afortunadamente nunca acaba porque la muerte aun haciendo trampas nunca termina de imponerse. El Mayor Dolor es un trozo de materia que se clava por detrás de los ojos y a la que hay que darle forma otra vez humana o divina para poder proyectarle al mundo una mirada compasiva. El Mayor Dolor hay que verlo y sentirlo en Tía Mariquita y luego intentar expresarlo.

El Mayor Dolor te agarra la mano en la soledad de una capilla y todavía es capaz de consuelo.

Lo ideal es quedarse chapoteando en el líquido amniótico porque la vida es un puñal de flores en busca de corazones. Hay quien lo llama dolor. Y hay quien se atreve a pronunciar la palabra amor.

                                                                                 A mi padre, mi viejo amigo.

 

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Francis López Guerrero

 

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