ENTREVISTA | Q2: “Antes bebía para cantar, ahora me emborracho de la alegría de la gente”

Sus canciones son un verano sin septiembre, litros de Blue Label para todos los paladares, huelgas de tristeza. Q2 (Curro García. Sevilla, 2003) ha conseguido encapsular el viernes sevillano en sus temas. Y no lo hace por sevillanas, lo suyo es un reguetón a ratos despelucado, a ratos reflexivo. Aúna la discoteca con el bullicio de la puerta, el ligoteo golfo con el beso sentido del portal, la euforia con la comida de techo. Es el notario artístico de la generación post-Lipa. La del Lope de Vega. En este último año, lo que empezó siendo un desahogo sin dirección, para consumo interno entre su círculo más estrecho, ha acabado por desembocar en un fulgurante ascenso en el panorama nacional. Los números le avalan: más de 190.000 oyentes y 2 millones de reproducciones en Spotify en el último año. Sus trabajos han traspasado las fronteras sevillanas para conquistar el verano portuense y llamar con los nudillos a la puerta de la Capital. Durante dos días colapsó el Margarita de Puerto Sherry con un público entregado que coreaba las letras de memoria. Junto a su grupo de íntimos, 18 amigos, “los que estuvieron cuando el tren estaba parado”, se recorre las salas de España con el único objetivo de disfrutar con su gente. Estudiante de ADE en la Universidad de Loyola, tiene los pies en la tierra y la cabeza sobre los hombros, posee ese halo premonitorio de la gente que va a triunfar porque no le obsesiona el pelotazo. Es humilde sin aspavientos, se tiene el respeto que se tiene la gente exigente. “Hago música para los míos y para mí, para pasármelo bien, ese es mi principal objetivo, todo lo demás es un milagro que por supuesto me motiva a seguir.” 

¿Por qué Q2?

Lo de Q2 viene de lejos, de cuando estaba en primaria. De pequeño no sabía pronunciar la “r”. Y en vez de Curro, decía “Cudo”. “Hola, me llamo Cudo.” Claro, aquello fue extendiéndose y se me empezó a conocer así en el colegio. Al empezar en la música tuve que ponerme un nombre artístico y se me vino a la cabeza rescatar eso. Empecé a darle vueltas y transformé el “Cudo” en Q2. No hay muchos artistas con un número en su AKA, y me pareció que podía quedar guay. 

Además, despista. La primera vez que lo vi pensé que erais tú y alguien más. 

Sí, la gente piensa que somos dos personas. En Instagram cuando me escriben me preguntan en plural: “¿Cuándo vais a hacer el próximo concierto?”. Uno de los días en los que tuve bolo en Madrid, cuando fui a hacer la prueba de sonido, el técnico me dijo: ¿Dónde está el otro?”

¿De dónde viene lo de la música? ¿Venía de antes o fue una casualidad? 

De pequeño siempre he cantado, me flipaban las canciones de Melendi. 

¿De Melendi?

Sí, sí. A muerte Melendi, lo sigo escuchando. El último álbum que ha sacado me parece una locura. Siempre he escuchado música de muchos géneros, pero un día me dio por empezar a rapear con mi hermano y unos amigos en mi casa, ninguno teníamos ni idea, pero yo me vi más suelto que los demás. Empecé a cogerle el gusto y a mis amigos les molaba. Ellos me animaron a que me escribiese una canción. Y la escribí. Mi primera canción no está en “Spoty”, está solo en Youtube. Se llama “Dónde estuviste”. Fue relativamente bien. 

¿Y a partir de ahí?

A partir de ahí ya casi no escucho música normal, ahora escucho instrumentales, bases, intento sacar nuevas letras. En mis canciones muchas veces cuento mi vida y otras transmito historias que me han contado mis colegas sobre sus ligues, sus amores y tal. Empezaron a gustar las canciones, me empezó a gustar a mí y empecé a darle caña.

¿Dónde enmarcarías tu música? ¿Reguetón, trap, electrolatino, rap? 

Para empezar, no sé qué tipo de música hago. Lo único que me sale conscientemente es intentar que la última canción que he sacado no tenga nada que ver con la siguiente. Es decir, siempre hacer un estilo diferente. Es verdad que mucha gente me ve como una persona que solo hace temas para discotecas y fiestas, pero voy a romper con eso. Los siguientes trabajos que voy a sacar se van a centrar más en canciones que se puedan escuchar también en casa solo, rollo Amorfoda (tema de Bad Bunny). Nunca me he encasillado porque me gusta hacer cosas que no conozco. Quiero tocar todos los palos, hasta que solo me quede la música clásica. Que no creo que me atreva. (risas)

¿Se puede escribir de amor sin estar enamorado? 

Sí, claro, se puede escribir de amor sin estar enamorado. Por desgracia, sí. Al final escribir cosas de amor sin estar enamorado es una putada porque después cuando te vuelves a enamorar no le encuentras sentido a eso que habías escrito. Por ejemplo, “Nadie como tú”, que es una de mis canciones más románticas, no va por nadie. No sé en qué momento decidí escribir ese tema si no se lo podía dedicar a nadie. A la gente le gusta mucho, pero a mí no me llena porque no es una letra con la que me identifique. Sí, se puede escribir de cosas que no sientes. Y luego puedes escribir cosas que sientes y que te gustan y que a la vez piensas ¡vaya cursilada!

¿Te autocensuras mucho? 

Sí, me autocensuro mucho y me censuran mucho mis amigos. 

Les pones los temas antes, ¿no?

Claro, Q2 soy yo, canto yo solo, pero en Q2 también entran mi grupo de 18 amigos. A ellos, a todos, se las pongo uno a uno antes de que salgan y escucho sus opiniones. Son el primer filtro, cuando ya la han escuchado me vuelvo al estudio y le doy vueltas a las cosas que me han señalado. Antes de sacarla intento que haya unanimidad entre mi grupo, que les guste a todos. Al final, yo empecé en la música por mis amigos y la hago por y para mis amigos. Entonces, sí, me censuran y me autocensuro. En un extremo y en otro. Tanto en lo soez como en lo cursi, me gusta mucho Darrell y su nuevo Lollipop, pero yo, personalmente, no busco ser tan gráfico y obsceno. Me escucha mucha gente pequeña, menor de edad, y también tengo que regular eso…

¿Un artista se debe a sí mismo o a su público? Lo digo por la polémica con los nuevos shows de Aitana…

Un artista se debe a sí mismo y a su público. Le gente no solo se fija en la obra del artista, también en su forma de ser. Pero hay que entender que los artistas son personas, y evolucionan, y les apetece probar nuevos registros. Si Aitana quiere hacer eso que hace, es libre, igual que si yo ahora me pongo a escribir de guarrerías habría gente que me criticaría y me diría que no cambiase. 

¿Qué es un hater para ti?

Un hater es una persona que termina siendo un fan. Porque está pendiente de criticar lo que haces. Si estás pendiente de que salga una canción para desprestigiarla, lo siento, pero eres un fan. A ver, un hater es alguien que te va a criticar hagas lo que hagas, aunque le guste. Un hater es alguien que te quiere hundir. En definitiva, alguien amargado. 

¿Hay gente que te tomó a broma al principio? 

Sí, muchísima. Hay un montón de gente que antes a lo mejor me miraba un poco raro como diciendo “qué hace este nota sacando música sin tener ni idea de música”, y que ahora si me ve en una discoteca me pregunta que qué tal va la música. Hay personas que tenían ese prejuicio de no querer darme una oportunidad y que después de haber venido a un concierto me ha confesado que ha empezado a escucharme. 

Por el interés te quiero Andrés…

Siempre hay gente convenida. Es ley de vida: cuando el tren está parado nadie ayuda a arrancarlo. Cuando está en movimiento, los vagones empiezan a llenarse. 

La envidia es la religión de los mediocres. ¿Escuchabas a los que intentaban tirar lo que construías?

No, porque solo le echo cuenta a mis amigos y a la gente que sé que me quiere. Sí que es cierto que hubo un momento, muy al principio, en los primeros lanzamientos, en el que lo pasé mal. Es muy jodido hacer algo que te gusta y que te llena y que haya gente que te mire raro u opine mal de ti. 

Estamos en una sociedad en la que la gente por no atreverse y no verse capaz de hacer las cosas que realmente les gustaría hacer, prefiere criticar a los que se lían la manta a la cabeza y le echan huevos.

Es totalmente así, la gente critica lo que no hace. 

¿Y por qué crees que la gente no da el paso de hacer en vez de destruir?

La gente no hace lo que quiere porque tiene un miedo gigante. Miedo al qué dirán. Miedo a no triunfar. Este es otro de los problemas, que hay gente que sí que da el paso, pero lo hace con la mentalidad del “a ver si me forro.” 

¿Cuál era tu miedo?

Los conciertos. Tenía clarísimo que quería hacer conciertos, pero también tenía pánico. Me aterrorizaba que la gente no cantara, que se quedaran callados, que me pitaran.

¿Cómo venciste ese miedo? 

Sinceramente, con alcohol (risas). Eso está claro, lo siento. También miraba a puntos fijos, colegas que se colocaban en lugares estratégicos y les cantaba a ellos. Es que da cague, tío. Intimida mucho. Pero eso fue el primero y el segundo bolo, luego me di cuenta de lo mucho que lo disfruto y al final en los conciertos, cuando canto, me emborracho, pero no de alcohol, me emborracho de alegría, de la felicidad, de la gente. No sabes lo que disfruto viendo a la gente cantando mis canciones. El miedo en realidad está en la primera canción, en subirse, luego ya no quiero bajarme. 

Los que estuvieron cuando el tren estaba parado hoy están en el reservado. 

A ver, hay un montón de gente a la que quiero un viaje, y no quiero que se malinterprete. Pero son mis 18 colegas los que son vitales, ellos son los imprescindibles. Por ejemplo, cuando me contactan para alguna actuación fuera y me dicen de pagarme un AVE, yo les digo que prefiero que me paguen la gasolina. Así vamos en coche. Si me pagas a mí la gasolina, se la estás pagando a mis colegas. Lo que pretendo, sobre todo teniendo claro que la música es algo super espontaneo, que en un momento estás en el cielo y al siguiente en el suelo, es que quiero disfrutarlo al máximo con mis amigos. Porque no van a ser recuerdos de Q2, van a ser recuerdos de mi pandilla. En unos años diremos “¿os acordáis de aquel viaje en el que Q2 cantaba en nosédónde y pasó noséqué?”. Eso es lo que me empuja. Que mis colegas estén felices y se lo pasen igual de bien que yo cuando estoy en el escenario. 

Ahora con muy pocos recursos se puede hacer música y triunfa gente desconocida. 

Así es. Hay muchos artistas que estamos teniendo cierta repercusión con muy poquito. El otro día fui a un estudio a grabar una canción en el que había de todo. Muy preparado, con mucha pasta metida. Pero donde mejor grabo, donde más a gusto me siento, es en mi habitación con mis tres colegas y mi productor. Sin tener ni idea ninguno de los cinco. De ahí, en realidad, viene mi música. De juntarnos gente. Quevedo y su “Cayó la noche” nació de eso, de juntarse con sus colegas de Canarias. 

¿La inspiración se contagia?

Sí. Bueno, no sé… hay que tenerla. Hay que estar en el mood, en el momento. Siempre que quedo con mis amigos para componer nunca lo hacemos de manera ortodoxa. Nos ponemos a hablar, tan normal, y de ahí vamos sacando cosas y yo voy tirando del hilo. Pero hablamos de cosas super raras, eh. Nos imaginamos pretextos muy extraños y tratamos de razonarlos. Esto nos ayuda a encontrar la historia y luego buscamos las palabras. Para inspirarme tengo que sentirme en mi ambiente. De hecho, uno de los momentos en los que más escribo es cuando salgo. Me ha llegado a pasar de estar en una casa de copas y abstraerme, sacarme el móvil, escribirme cuatro líneas en notas y volver otra vez a la conversación. Hay gente que se siente cómoda en la montaña, yo de copas…

¿El éxito se lleva bien? 

Bueno, a ver, tampoco es que yo sea la persona más exitosa del mundo, pero es cierto que en Sevilla voy siendo conocidillo. Es verdad que mucha gente se lo sigue tomando a coña, pero me alegra un montón que la mayoría esté empezando a tomarme enserio. Yo no tengo tantos números como tienen otros artistas que también acaban de empezar, pero me da la impresión de que para las cifras que manejo me conoce un montón de gente. Es decir, voy, por ejemplo, a Pamplona y llenamos. Voy a Madrid y también sold out. 

¿Has tenido ya algún indicio de fama que te haya volado la cabeza? 

Un día que iba conduciendo con la ventanilla bajada, me paré en un semáforo y en el coche de al lado escuché como una niña le decía a su madre mientras me miraban las dos: “Mira, mamá, ese es Q2.” No supe muy bien cómo reaccionar. 

¿Te da vergüenza?

No me raya, pero no estoy acostumbrado. Este verano estaba en el Chiringuito comiendo con mis padres y se me acercaron unas chicas a pedirme una foto. En mi cabeza pensé: “joder, es cómo si le pides una foto al camarero o a mi padre.” Pero la verdad es que esos momentos te hacen mucha ilusión y son gasolina para seguir. 

Antes hablabas de los recuerdos que estás creando y de lo efímera que es la música, ¿tienes miedo de que un día se acabe?

No tengo miedo, pero tampoco quiero que se acabe porque creo que aún puedo generar mejor música y mejores momentos. Me quedan aún muchos objetivos por los que pelear. He cantado de telonero en Festivales, pero sueño con poder ir algún día como artista invitado, con mi nombre en grande en el cartel, o, por ejemplo, ir a otro país a cantar. Imagínate. Tengo más ganas que miedo, pero si se acaba he estado todo este tiempo generando anécdotas que ya se quedan conmigo para siempre. Pero eso, ojalá que nunca termine, porque yo ahora estoy viviendo un sueño, y a nadie le gusta que los sueños se acaben. 

Esto de la música imagino que será como cuando de chico decíamos que íbamos a ser futbolistas y nuestros padres nos decían: “Muy bien, muy bien, pero estudia.” ¿Cómo compaginas la universidad con la vida del artista?

Bueno, yo estoy estudiando ADE, y mis cuatro años de carrera me los voy a sacar cien por cien, pase lo que pase. Ya está hablado con mis padres. Sí que es verdad que últimamente me está costando mucho más porque he estado de conciertos, viajando, trabajando en nueva música… Pero lo estoy compaginando bastante bien. 

¿Tiene hábito la música?

No, para mí no tiene hábito, yo me siento en la música cuando me apetece a mi sentarme. A la semana podré echarle alrededor de 12 horas. Pero no es algo exacto. Hay veces que me he pegado un empacho de 9 horas en el estudio con Willich, mi productor, y no ha salido nada. Y hay días que fluye todo en un momento y magia. 

¿Qué sería para Q2 pasarse el juego?

Hacer una canción con RVFV. Eso, o hacer un concierto en otro país y partirla. Ahí sentiría que me lo habría pasado.

© 2023 COPYRIGHT EL PESPUNTE. ISSN: 2174-6931
El Pespunte Media S.L. - B56740004
Avda. de la Constitución, 15, 1ª planta, Of. 1
41640 Osuna (Sevilla)