Los resKoldos I

Siempre ha sido así, cuando todo comienza a desmoronarse entra en escena el sálvese quien pueda. El miércoles empezó el derrumbamiento; no conviene tener cabreados a los de verde, ellos sí se sienten hermanados de verdad, y lo de Barbate ha sido la gota que ha colmado el vaso de su paciencia. Por dejarlos desamparados, por poner excusas a lo inexcusable, por el desahogo frente a la tragedia. Y, claro, estaba lo de Ábalos y su machaca, ese personaje siniestro que todo el mundo sabía que merodeaba por el poder, pero que nadie sabía qué hacía por allí. Koldo, el gran Koldo, la sombra del exministro, el exportero de un lupanar, con un currículum lleno de antecedentes que brillaba, sobre todo, por haber custodiado los avales de aquellas primarias que resucitaron a Sánchez. Así lo relata el presidente en su Manual de Resistencia. Koldo, un robusto pilar, el hombre de la máxima confianza, primero de Santos Cerdán, después de Don José Luis. Koldo, el que talaba troncos, el bulldog del bulldog, el multiusos, el fiel, el que recepcionó las maletas de Delcy en el aeropuerto.

Un armario lleno de secretos que hoy es zarandeado por, presuntamente, aún presuntamente, habérselo llevado calentito en lo peor de la pandemia. Y esto, pese a su persistencia en lo torrentiano, no sólo es la sordidez descarada de Tito Berni y sus golfadas, que también, ni la trepidante historia del chófer de la coca, todo este quilombo va impregnado de esa corrupción cinco jotas, la clásica, la de las mordidas desde los ministerios. Koldo, ¡cómo ha podido ser!, se preguntaba Ábalos sorprendido, mientras impartía una masterclass de cinismo, tres muletazos de salón frente a los micrófonos de los periodistas. Eran colegas, pero tú sabes. Lo conocía, pero cada vez menos. Y, bueno, al parecer, no tanto. Normal, en las vacaciones juntos no da tiempo a intimar. Se había quedado de piedra, era el primer sorprendido, se había enterado también por los papeles, como cualquier ciudadano. Ahí, que se note la vieja escuela, vamos a atajar esto rápido, antes de que siga creciendo. Porque a José Luis se le notaba en el tono que había más, que aún queda tela que cortar, y mucha. Por eso las palabras pasaban temblando por la garganta. Dijo que era el primer sorprendido, a lo que habría que añadir que también era el único junto a Santos Cerdán. Quién podía imaginarse que un tipo con las características y el pasado de Koldo fuera a delinquir, a coger un pellizquito del bollo, a servirse una porción del pastel en un plato de plástico. Los prejuicios no son buenos, pero peor es chuparse el dedo. O creer que los ciudadanos nos lo chupamos.

Pero sí, efectivamente, la vocecita de Ábalos fue el presagio de lo que estaba por suceder. Lo de Koldo parece que son las motas de polvo al lado de una alfombra. Y se ha levantado un poquito y la cosa se ha animado aún más. Aparece por ahí también el nuevo ministro Ángel Víctor Torres, al que le rozó la bala del Tito Berni. Ya hay que tener mala leche, solo sale cuando le dan disgustos. Bueno, y también Francina Armengol, presidenta del Congreso, tercera autoridad del Estado. Que, oye, que puede que mientras la pandemia, cuando ella era presidenta de Baleares, también hubiese su poquito de mercadeo con las mascarillas. Y la cosa crece, y salpica también a Salvador Illa, el filósofo que fue ministro de Sanidad durante aquellos aciagos meses y que hoy capitaneaba con serenidad el PSC a la espera de saltar la banca en el siguiente proceso electoral. Una faena.

No, no pinta bien la cosa que digamos. Y a cada paso, un perejil más. Ayer por la mañana ya salió María Jesús Montero, que recordemos que sustituyó a Ábalos como número 2 del PSOE, a dejar caer que ella picaría billetes. Una cabecita de caballo muy elegante pero clara. Sin embargo, como decía Machado: “cuando dos gitanos se hablan es la mentira inocente, se mienten, más no se engañan.” Hay que ir con cuidado, porque cuando todo se desmadra y se descontrola comienzan a caer las fichas de dominó, y éstas suelen hacer ruido. Ábalos ahora no conoce a Koldo, pero Koldo estoy seguro de que sería capaz de decirnos la talla de calzoncillos de Ábalos. María Jesús Montero le ha enseñado la puerta de salida a Ábalos, pero Ábalos, que soñaba con un retiro dorado en el Parlamento Europeo, puede abrir un cajón que estoy seguro de que ni a Montero ni a Sánchez le interesa. Las culpas son pelotas que se envían de un tejado a otro. Quien crece aupado por golfos, envejece con las canas de su sinvergonzonería. Si la culpa de que Koldo choriceara es de Ábalos, la culpa de que el ex secretario de organización metiese mano de quién es, eh.

Pintan bastos para el presidente del gobierno, el mismo que llegó a la Moncloa a lomos de una moción de censura que se sustentaba en la corrupción del PP. Él también está sorprendido y, a la vez que tira del clásico “y tú más” señalando a Ayuso y a su hermano, rasgo inequívoco de que vienen curvas, dice que colaborará con la Justicia. Bien, menos mal, seguro que a los jueces podrá explicarle si era conocedor o no de que todo podía saltar por los aires, por qué cuando se quitan de en medio a Don José Luis la empresa que presuntamente se lo llevaba dejó de tener ingresos. Hace poco Sánchez publicaba su segundo libro bajo el título de “Tierra Firme”, pero me da a mí en la nariz que va a tocar volver al primigenio “Manual de resistencia”, y actualizarlo.

Viene Sánchez de descalabrarse en Galicia, sacando el peor resultado de la historia del PSOE. Tiene encima de la mesa el asesinato de los Guardias Civiles en Barbate, a la Benemérita con ganas de marcha y a Marlaska contra las cuerdas, una vez más. Tiene al campo en pie de guerra, con los tractores en la calle, ahogados. Tiene el escándalo de Koldo y cada día el de más gente, la corrupción llamando a patadas a su puerta. Tiene a Page sacando la patita, tejiendo y capitaneando una rebelión silenciosa, a Juan Lobato haciéndose hueco en la parrilla de salida para cuando den el pistoletazo. Tiene a su vieja amiga Susana Díaz mandando mensajes muy elaborados por las tertulias. Y tiene, ay, a un prófugo frente a un tablero de ajedrez frotándose las manos. Disfrutando del caos, redactando su próxima contrapartida, diseñando la triple voltereta del siguiente chantaje. Lo que no tiene es estabilidad ni presupuestos. Pero a cambio tiene un muro infranqueable, una división infantil entre buenos y malo. Caerá Ábalos, aunque costará, porque él, perro viejo, sabe que sin acta de diputado está muerto, tratará Pedro de arrojar su cabeza desde uno de los torreones de su fortaleza, y si la cosa se aprieta, caerá quien tenga que caer, puede hasta que caiga Marlaska si los Guardias Civiles se empeñan, caerá el PSOE, caerá la política y el servicio público hasta el sótano oscuro de la inmundicia. Subirán los decibelios y la polarización, pero él resistirá, entre arenas movedizas, en esta España desfigurada por sus caprichos. No es el principio del fin, es el alargue del final, el Récord Guiness de la agonía. Sigamos explorando los límites de nuestra democracia. Hasta que los padres y las madres que parieron esta sociedad no la conozcan.

 

Pd: El jueves Urkullu anunció que se adelantaban las elecciones vascas. Hoy PNV y Bildu cohabitan en el mismo colchón nacional. Son compañeros forzosos en la orgía gubernamental. Pero ahora empieza una campaña descarnada, y Bildu parece estar más fuerte que nunca. Sin embargo, imaginen un escenario endiablado en junio, un PP con capacidad de darle a los de Sabin Etxea las llaves para reeditar gobierno. Imaginen que lo de Koldo sigue engordándose de nombres y cargos, imagines que es el pretexto para una moción de censura contra Sánchez. Sería cerrar un círculo. Siempre atentos al PNV, son el partido del escaño azul.

Lee también
Lee también

Artículo relacionado:

Los resKoldos II

© 2023 COPYRIGHT EL PESPUNTE. ISSN: 2174-6931
El Pespunte Media S.L. - B56740004
Avda. de la Constitución, 15, 1ª planta, Of. 1
41640 Osuna (Sevilla)