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Los resKoldos II

Los resKoldos II

Ábalos

Decíamos la semana pasada que Don José Luis caería, pero que sabía que sin acta de diputado estaba muerto. Perro viejo. Siete días después lo tenemos vivo, enfangado hasta las trancas, pero a pecho descubierto -todo en él es oxímoron-, perpetrando un recital fantoche y cañí que quedará para los restos, enmarcado en la antología de la picardía española. Ábalos es mixto; es la unión de la lágrima y la sonrisa ladina, el abrazo entre el progreso y lo reaccionario, alguien que es capaz de mezclar condiciones; de mediador a víctima, de víctima a mafioso, de mafioso a plañidera. Y todo ello sin inmutarse, acariciándose la corbata, subiéndose los calcetines. Es la frontera entre la parodia y la realidad, entre la caspa y el pelo tintado, entre la pana y la seda. José Luis no te está hablando de corrupción, te está explicando que es una persona normal, que ayuda a su hija a hacer la mudanza, que te da una palmada en la pierna y se ríe cuando no sabe salir de los embrollos en los que se mete o que se olvida de dejarle las llaves de su casa a la muchacha que viene a echarle una mano. Porque él, no se crean, sí que friega y barre, pero fuera de casa. Lo ha hecho durante años, por eso ahora no se va. Para resumir la exhibición de Ábalos esta semana solo hacen falta cuatro palabras: un Rubiales bien hecho. El acting ha sido digno de Goya y se debería estudiar en todos los sitios donde enseñen comunicación de crisis. Noto trazas redondianas en su discurso y su estrategia, quien sabe si el hombre que se tiraría por un barranco por el presidente está pensando en ayudar a despeñar al gobierno a lomos de este caballo de Troya P.R.E (pura raza española).

A Ábalos, se le nota en la mirada, le había dado tiempo a prepararse el storytelling bien. Su aplomo demuestra que estaba prevenido, que sabía la que se venía encima, que transita por un escenario que ya había proyectado, al que ya tenía el cuerpo hecho. Nadie aguanta una maratón sin prepararla. Al igual que estaba al corriente de toda la movida el presidente del Gobierno, el hombre que ha cumplido años en el infierno. “No, Pedro Sánchez no lo sabía porque sería ridículo que siendo consciente de que esto iba a explotar dejara que Ábalos repitiera en las listas.” No, querido amigo. Haz el planteamiento al revés: “¿qué información tiene Ábalos en su poder para que, estando de mierda hasta el cuello, se le permitiera repetir? Sánchez, El Resiliente, ha estado muchas veces dentro de laberintos y ha salido de atolladeros enormes, pero esta vez es distinto. Y se nota. No hay que ser un sagaz analista para leer las señales que nos está mandando un PSOE tambaleante al que les están castigando el hígado muy por encima de sus posibilidades. Cuando intentas tapar las hemorragias con tiritas y además lo haces a la vista de todos, estás mostrando tu debilidad. Ahí está el papelón de María Jesús Montero repitiendo durante más de 48 horas que el PP tiene que dar muchas explicaciones porque en una de las grabaciones de Koldo se habla de Miguel Tellado y un tal “Alberto”. El simple hecho de tratar de hacer creer a la ciudadanía que Tellado y Alberto Núñez Feijóo se han reunido con el hombre que está reventando a hachazos el PSOE, lleva implícita la desesperación, pero el seguir repitiéndolo después de que te lo hayan desmentido con datos, fechas y horas, indica un profundo abatimiento. Él mismo abatimiento que nos confirma el DIRCOM del PSOE dejando constancia por WhatsApp de sus amenazas a los medios de comunicación, el mismo del silencio de Santos Cerdán o el de las piruetas argumentales sobre la piscina vacía del equipo de opinión sincronizada.

Es una situación límite, porque en los últimos días hemos asistido a una fuga en las cañerías, a una explosión de aguas fecales que nos retrotraen a un tiempo que se pensó pasado pero que, hoy, nos damos cuenta de que nunca se fue. Estamos ante un caso de corrupción de los grandes, con sus personajes de serie B, con su marisquería, con sus prostíbulos, con sus conversaciones telefónicas, con sus billetes de 500, con sus primicos y sus suegros colocados, con sus pisos a nombre de menores, con sus empresarios conduciendo Ferraris y Lamborghinis, con sus nombres en clave. Es la corrupción cinco estrellas echando abajo un muro que ya no se sabe si era para dividir o para guarecerse. Y no, la virulencia ha sido tal que no se pudo circunscribir toda la culpa al machaca, la cosa salpicó también a Ábalos, y claro, se le pidió que se marchara para tratar de poner el cortafuegos ahí, pero antes de que pudieran, ya estaba pringado todo Dios: Armengol, Torres, Marlaska, Santos Cerdán, ¡la mujer del presidente! Tiene gracia lo de Begoña, porque ha sido sorprendente ver a periodistas decir que el hecho no era demasiado noticioso, que no merece una exclusiva el que la mujer del presidente se reuniera con un empresario que está ahora imputado por habérselo llevado crudo, y que, casualmente, dos semanas después de su encuentro, el Gobierno rescatara a la aerolínea, perteneciente a uno de ellos, con 615 millones de napos. No sé, igual debería haber prestado más atención en la Facultad o algo, porque para mí esto entra en top 10 ejemplos de lo que es una exclusiva. Por cierto, espero que esos dos empresarios con los que se reunió no fueran de esos que fumaban puros y conspiraban en los cenáculos de Madrid, no veas el disgusto que se llevaría El Emperador. Pero el mejor argumento fue el de María Jesús Montero que, tres segundos después de cargar las tintas contra Ayuso y su hermano, dijo que lo de que la primera dama fuera noticia estaba fuera de lugar y que era muy rastrero meter a las familias en la refriega política. Toma que toma.

No obstante, la cosa está en que habiéndose puesto unos tan dignos con lo de Ábalos, a ver cómo explicamos que no hay que pedirle el acta también a Francina Armengol, tercera autoridad del Estado y mujer indignada, cuando hay documentos que acreditan que estuvo al tanto de que se la estaban metiendo doblá con unas mascarillas defectuosas y que, aún así, tiempo después, su Gobierno firmó una carta de recomendación a la empresa, casi que poniéndole 3/5 estrellas en el servicio. Y claro, este mismo interrogante se extiende a todos los demás afectados de esta trama que cada vez apunta hacia nervios más sensibles. Para más inri, en mitad de la balacera, llegó la noticia de que el Supremo por unanimidad acepta investigar a Puigdemont por terrorismo. Y bom, otra más, sin tiempo para incorporarse. Cualquiera pensaría que esto complica la amnistía, de la que recordemos depende esta legislatura, pero no, dicen los muy entendidos que es buena noticia, que esto en verdad va a venir bien porque el ‘Puigde’ va a compadecer a Sánchez por su situación y, por miedo a quedarse sin nada, va a bajarse dos peldaños y va a pasar por el aro por el que hace escasas semanas se negó a pasar. Esto sí que es gracioso. ¿De verdad nos creemos que el prófugo, el del apetito insaciable, va a aflojar y va a aceptar menos de lo que exigió en la anterior negociación? Ni locos, en el caso de que salga adelante, será porque Sánchez no es que se haya arrodillado, es que le ha hecho la croqueta y le ha limpiado los zapatos.

Va todo muy rápido, los minutos se miden por desbarres, las horas por escándalos y las semanas se perciben como siglos, como campañas interminables de una guerra que pinta fea. Lo único positivo para el PSOE es que se está poniendo demasiada información encima de la mesa, la saturación es una variable que puede acabar anestesiando al ciudadano, dañando su capacidad de sorpresa e indignación. La mejor manera de conducir un escándalo de corrupción de estas magnitudes es yendo por partes. Si comparten actualidad más de siete personas, la presión se repartirá entre siete personas y será mucho más llevadera. Hay que ir por partes y con orden, resulta absurda esa estrategia del PP de intentar señalar a Sánchez de primeras. Todo a su debido tiempo. Quien mucho abarca, poco ocupa. No se les debería olvidar que enfrente tienen al hombre que mejor sabe voltear tableros del mundo. El PP tiene que centrarse en Armengol. Sánchez sabe que no puede permitirse entregar esa pieza. Sería un jaque en toda regla. Cada cosa a su tiempo. Primero, Jaque. Después, mate.


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