Víctor Espuny: «La escritura de relatos me aporta variedad, es un remedio contra la rutina»

Conversamos con el escritor sobre su nueva creación literaria titulada "Lo tuyo es puro cuento"

Los lectores de El Pespunte están teniendo la oportunidad de conocer de primera mano a Víctor Espuny (Madrid, 1961) gracias a sus artículos dominicales en nuestro medio bajo el título de Memorias de un estudiante amnésico, donde no hay ni pérdida ni debilidad notable de la memoria, sino todo lo contrario.

Su explosión literaria viene tras multitud de paseos solitarios por los campos que rodean a Osuna y por acumulación de viajes por España y por el extranjero. «Todo», según él mismo dice, le aboca a la escritura.

Víctor Espuny se presenta de nuevo en el mercado literario con una nueva obra titulada Lo tuyo es puro cuento (Ediciones del Genal), en el que presenta veintiún relatos que seleccionó entre los escritos en el último año. Los mismos se pueden agrupar en relatos históricos, de una cronología que abarca desde el medievo hasta la posguerra española; relatos de inspiración autobiográfica, la parte central del libro; y relatos fantásticos, que cuentan sucesos mágicos, inexplicables por la fría razón.

Lo tuyo es puro cuento se suma a una obra prolífica está compuesta, entre otras publicaciones, por Una Vida Acomodada y Otros Cuentos, No todo vale, Un verano en la montaña, Camino a Puerto Hermoso, El proyecto de Mariano, Pecadillos de juventud, Doce mil noches, Diario Sonoro, Manuel el titiritero y otros cuentos de abandono, Los nombres de poblaciones y el reino vegetal: un acercamiento a los principales fitotopónimos del Estado Español, El príncipe de Anglona y su época (1786-1851)…

 

Víctor, ¿qué te aportan como escritor los relatos?

La escritura de relatos me aporta variedad, es un remedio contra la rutina. Escribir una novela lleva meses, a veces años, y uno tiene que estar muy enamorado y convencido de la historia que está desarrollando para dedicarle tantas horas como su redacción necesita. Los relatos, los cuentos, son como los atardeceres de invierno, intensos y estremecedores, me gustan así. Además, todos son distintos, dan diversidad a un libro. Existe una literatura de culto, obras de escritores capaces de cambiar con un relato breve la vida de un lector. Ellos han sido maestros de otros cuentistas, conviene conocerlos aunque sus obras no estén en el expositor de novedades de las librerías. Edgar Allan Poe, Guy de Maupassant, Jack London, Antón Chéjov, Ernest Hemingway, Jorge Luis Borges, Roberto Arlt, Julio Cortázar, Alice Munro, Clarice Lispector, Ana María Matute y otros muchos —una relación completa de los mejores escritores de relatos sería fatigosa e imposible— son creadores a los que vuelvo una y otra vez, siempre como lector. «Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído» decía el gran Borges, una persona lúcida como pocas, empeñado siempre en comprobar su lucidez y en poner a prueba la del lector.

 

La historia, por la que sientes pasión, está imbricada en varios de estos relatos.

De la historia podríamos empezar a hablar hoy y no acabar nunca. Nadie en su sano juicio puede desdeñar su conocimiento. De la misma manera que uno llega a ser quien es en la madurez por todo lo que ha vivido durante la infancia, la adolescencia y la juventud —y solo recordando y analizando esas etapas de su vida puede entenderse y alcanzar un sano equilibrio—, las sociedades son productos de sus estados anteriores y solo conociéndolos podemos entenderlas. La historia me interesa, debe interesarnos a todos. Su conocimiento no es fácil. No puedes quedarte con lo primero que lees en un blog o una red social, a menudo falto de referencias a publicaciones de rigor reconocido. Hay que ir a los archivos y a los ensayos históricos, a los libros escritos por los de un lado y los de otro, por los de arriba y lo de abajo, los vencedores y los vencidos. Si queremos saber qué pasó realmente debemos ponernos en todos los lugares, no mirar las cosas solo desde el lado de los autores situados en posiciones ideológicas cercanas a las nuestras. El historiador debe tender a la objetividad, debe luchar por ella, aunque se trate de un mito inalcanzable. Cuando sitúo la acción de un cuento en el siglo XII o en 1943 lo hago porque solo así puedo tener una visión cabal de las raíces de un problema cualquiera que nos preocupa hoy. Algunas etapas de nuestra historia me interesan especialmente. La Edad Media es una de ellas. Otra el siglo XIX, cuando se creó el mundo contemporáneo. Internet ha traído una revolución en distintos campos —el comercio, las comunicaciones, la domótica, la forma de orientarnos y algunas actividades más—, pero las reglas del juego de la seducción del electorado y el consumidor, del sujeto dócil y gregario, estaban establecidas desde mucho antes. No debemos dejar que la digitalización que vivimos nos impida ver lo que ha existido previamente y sin lo cual la revolución técnica actual no sería posible. En cuanto a tu pregunta, la ficción histórica me interesa porque vuelve atractiva una disciplina tratado a menudo con demasiada aridez. Coloco personajes de ficción en situaciones históricas, o personajes históricos en situaciones ficticias, y los hago vivir. Solo es eso. En realidad resulta mucho más sencillo que escribir un relato completamente inventado; solo requiere esfuerzo de documentación.

 

¿Sientes cada vez más la necesidad de incorporar elementos autobiográficos en tus escritos?

Sí, completamente. Durante décadas he estado escribiendo a menudo sobre cuestiones ajenas a mí, he estado dilatando, quizá por miedo, el momento de recordar y enfrentarme a mis experiencias más traumáticas. Todos las tenemos. Rememorarlas y darles formas artísticas es uno de los retos de cualquier creador y una actividad saludable desde el punto de vista sicológico y emocional. Uno no puede vivir toda la vida sin asimilar y poner en su sitio aquello que le pasó o pensó que le pasaba (que para el caso es lo mismo). Ese comprender y asimilar es una de las vías de maduración que poseemos. Cuando en su juventud uno ha sido apasionado e impulsivo puede haber tenido experiencias de gran calado y tardar años en asimilarlas. La literatura, como cualquier actividad de expresión creativa, es una excelente forma de lograrlo. Si, además, uno consigue con esa expresión poner en pie narraciones coherentes y entretenidas, aún mejor. Luego está la influencia de la moda, a la que no podemos sustraernos aunque queramos. La autoficción se lleva. Es una mezcla de autobiografía y novela —autobiografía novelada— que engancha fácilmente al lector. En ella, narrador, protagonista y autor coinciden. En cualquier caso no aspiro a quedarme en ese estadio: sería el paso previo hacia fórmulas más elaboradas. El poder del narrador omnisciente y en tercera persona, el clásico, sigue siendo inmenso, no creo que se supere nunca. Es solo otra versión de aquella voz que conquistaba nuestra atención con Garbancito, Los tres cerditos o Caperucita y, aprovechando que abríamos la boca, conseguía darnos otra cucharada de puré. Así nace la literatura para nosotros, nacemos a ella, y nunca podremos olvidaresa fórmula, realmente satisfactoria. Es una voz potente y seductora. También podemos relatar experiencias personales en tercera persona, disfrazadas, es lo más habitual. Eso sí: la narración en primera persona da verosimilitud a lo que contamos, es una forma de decir «yo estaba allí, lo viví, sé cómo fue».

 

Apuestas también por dar cabida a sucesos que no se pueden explicar. ¿Sabe apreciar la sociedad lo divertido que es imaginar, soñar, leer…?

Viendo a tantas personas pendientes de las series de las poderosas plataformas de streaming, o dejando pasar las horas mientras visionan uno tras otro vídeos cortos, no puedo ser optimista. Hay muchos ya incapaces de concentrarse en la lectura de un texto que precise varios minutos de atención. Estamos volviendo al analfabetismo funcional. Es una lástima. El daño que las grandes corporaciones tecnológicas están realizando al libre albedrío y a la imaginación es inmenso. ¿Sabías que los directivos de esas empresas, de cuadros medios para arriba, jamás dejan que sus hijos tengan un móvil con internet hasta que se han hecho mayores? En el futuro va a haber una diferencia abismal entre los adultos que fueron educados con la lectura, y apoyo ocasional de medios audiovisuales, y aquellos otros que están siendo educados con una ciega fe en los medios tecnológicos. Los segundos son los que nunca experimentarán los placeres de imaginar: les han dado desde que nacieron las imágenes hechas. No apostaría por ellos: posiblemente sean personas incapaces de entender a las otras, de sentir empatía por ellas, capacidades que se potencian increíblemente con la lectura de textos narrativos, novelas y cuentos. Si hay un lector que se pregunta todavía para qué sirve eso de la empatía, la capacidad de ponerse en el lugar del otro, de comprender las raíces de sus impulsos y prioridades, la configuración de su mundo afectivo, va a ser difícil que entienda de qué estamos hablando. En vez de recortar en los colegios las horas dedicadas al estudio de las humanidades, como está ocurriendo en la actualidad, debemos volver a la lectura, a lograr que los niños disfruten leyendo. Y la mejor forma de hacerlo es tener libros en casa y mostrarte leyendo. No es lo que dices si no lo que haces: el ejemplo puede cambiar el mundo.

 

¿Qué te hace volver en este libro a Puerto Hermoso?

Puerto Hermoso va a seguir apareciendo en mis libros. Se trata de una ciudad de ficción inspirada en Málaga, el lugar donde nacieron mis abuelos maternos y nació mi madre. Ocupa un lugar muy importante en la configuración de mi mundo literario, un espacio humilde pero propio. Cambiándole a Málaga el nombre y algunas de sus características configuro un territorio donde puedo moverme con una libertad que no tendría en la ciudad real, conocida por muchos y habitada por personas con nombre y apellidos reales. La importancia de la figura materna en mi vida corre paralela a la importancia de Puerto Hermoso en mi universo literario. Las visitas que realizaba el suegro de mi padre, mi abuelo, a Osuna—donde pasaba algún fin de semana todos los años—, fueron decisivas en el desarrollo de mi personalidad y en mi inclinación por el mundo del arte y la cultura. Mi abuelo malagueño era pintor de marinas y amante del flamenco, el teatro y la buena música. En muchos aspectos se encontraba en las antípodas de mi padre, una persona dedicada en cuerpo y alma por tradición familiar a la industria y el negocio, hombre sensible, cariñoso, bienhechor, noble pero poco dado a actividades no utilitarias. Mi abuelo, inclinado a la buena vida y los placeres del espíritu, fue un modelo para mí, un faro, una muestra esperanzadora de la existencia de una realidad alejada de la fábrica donde me crie, un mundo gris, frío y mecánico. Mi vocación por las humanidades solo puede explicarse por la influencia de mi abuelo. La creación de Puerto Hermoso y su mundo poético eran, pues, una necesidad vital. Su futuro está asegurado.

 

Lagunas, pueblo del reino de Sevilla, con Colegiata…

Lagunas es un espacio de ficción inspirado en Osuna. El nombre me lo sugirió la conocida teoría del profesor Juan Collado Cañas según la cual el topónimo ursaonense estaría relacionado con raíces léxicas de lenguas prerromanas referidas a terrenos encharcados o lagunas. Como en el caso de Puerto Hermoso, la creación de Lagunas me permite dar vida a un mundo de ficción paralelo al real, donde viven personas que pueden estar inspiradas en ursaonense de carne y hueso pero tienen autonomía propia. Su aspecto recuerda el de Osuna pero no es idéntico. Lagunas aparece por primera vez en el libro de relatos que ha dado pie a esta entrevista, exactamente en el cuento titulado Lorenzo Rinaldi, y va a tener un largo recorrido. Osuna, la Lagunas literaria, ha sido uno de los principales escenarios de mi vida y no puedo dejar de escribir ficciones que transcurran en ella. Se trata de una localidad incomprendida por muchos, a menudo ingrata con las personas de extracción humilde, que ha marcado irremediablemente la existencia de sus pobladores y de los ursaonenses diseminados por los cinco continentes. Osuna, joya engastada en dorados sillares, parece dormida en el sueño de los siglos, habitada por un pasado y un presente repletos de posibilidades literarias. Nosotros nos iremos y ella seguirá ahí, orgullosa, altiva, vigilante, oteando la campiña.

 

¿Qué sensación te gustaría que tuviesen tus lectores tras finalizar la lectura de Lo tuyo es puro cuento?

Me gustaría que lamentaran haberlo leído porque nunca podrían volver a leerlo por primera vez: la primera lectura de un libro es la que genera los mejores momentos, instantes únicos, irrepetibles por la mera existencia de su recuerdo.

 

¿Tu espíritu inquieto te tiene ocupado ahora en algún otro proyecto editorial?

Ahora estoy muy entretenido con la segunda lectura y corrección del manuscrito de la novela que he estado escribiendo durante este año. En ella aparecen Lagunas, Puerto Hermoso y otras localidades más o menos ficticias. Se trata de una saga familiar. También estoy escribiendo un relato medio novelado de mis años de estudiante, el mismo que publico todas las semanas en vuestro medio. Gracias a su redacción soy más consciente de lo mucho que han cambiado las ciudades y las personas que conocí, en algunos casos a mejor; no sé hasta dónde voy a llegar en él porque no he dejado de estudiar desde que tengo memoria, ya veremos, aunque en algún momento habrá que darle fin, desde luego. Por último, estoy en la fase de acopio de material documental para la redacción de un relato, no sé si histórico o novelado —las dos versiones pueden resultar atractivas—, de la sugestiva vida de Sofía Troubetzkoï, marquesa de Alcañices y duquesa de Sesto, hija ilegítima del zar Nicolás I y esposa de un nieto de la marquesa de Santa Cruz, hermana del príncipe de Anglona. La sombra de los Téllez-Girón es muy alargada, como podéis suponer. Este proyecto está aún muy verde.

Y eso es todo. Antes de despedirme, quiero agradecer a El Pespunte el interés que se toma por la difusión de las obras de los creadores de Osuna y su comarca y a Mari Carmen Ureña (@mcurenna) la fotografía que ilustra esta entrevista, imagen brotada de su generosa y artística mirada. Muchas gracias.

Álvaro Reina

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