Eduardo J. Pastor: “Siempre me han gustado los artistas que abanderan la diferencia, que son distintos a los demás, que aportan contradicciones a lo establecido”

La Casona de Calderón
  • La última obra de Eduardo J. Pastor, Fernando Villalón: Centauro de pena, fue publicada en octubre del pasado año.

Hoy os traemos la charla que mantuvimos recientemente con Eduardo Javier Pastor Rodríguez, autor de Fernando Villalón: Centauro de pena, sobre su última obra, en la que nos intentamos adentrar para conocer mejor al protagonista y su intérprete.

P: ¿Por qué te decantaste por este verso suelto llamado Fernando Villalón?

R: Siempre me han gustado los artistas que abanderan la diferencia, que son distintos a los demás, que aportan contradicciones a lo establecido. Y Fernando Villalón, sin ningún tipo de dudas, es de ese tipo de artistas. Porque vivió a contracorriente de lo que la sociedad marcaba en su época, porque su arrolladora personalidad sobresale por encima de todas sus demás virtudes. El que se pierde entre la igualdad de los demás no me interesa para nada.

P: ¿Qué parte de la vida o las vidas de Fernando te gustaría haber emulado? 

R: ¿Emular? La de poeta, lógicamente. Pero no tengo aptitudes para ello. Con las demás vidas ni debo ni puedo… Las vidas de Fernando eran todas tan plenas, tan independientes unas de otras que cualquiera de ellas es atractiva para el que escribe. El niño rico que juega con los niños pobres, el hombre de campo que canta a la naturaleza, el ganadero soñador, el amante disperso, el juerguista de vida licenciosa… Y el poeta profundo que desde la tradición renueva y mira a un nuevo mundo. El ser consecuente es una de sus características más acusada.

 

 

 

 

 

P: En Wikipedia aparece como el poeta como ‘parcialmente incluido’ en la Generación del 27. ¿Esto qué significa?

R: Con todos mis respetos es una más de las tonterías que se ha dicho sobre el Fernando Villalón poeta. También se le ha querido expulsar del cielo de esa generación literaria. También lo han tildado de populachero… y de cosas peores de las cuales prefiero no citar ahora. Se han escrito muchas estupideces sobre Fernando por críticos que no han sido capaces de entender su obra. Ahí llevan su pena y su condena.

P: Si se te apareciese el espíritu de Villalón en otra de esas cosas de Fernando, ¿qué crees que te diría sobre esta autobiografía no autorizada?

 

 

 

R: Podría arrearme un buen coscorrón o podría convidarme a una copa de vino. No lo sabremos nunca. Yo, desde luego, lo he hecho con el mayor respeto y cariño. Respeto porque su figura me parece merecedora de ello. Cariño porque no se hacer las cosas de otra manera. Espero que me convidara a una copa. Tampoco me importaría convidarlo yo.  

 

P: ¿Fue él mismo un personaje salido de su propia imaginación? ¿Fue un romántico o un desastre?

 

R: Las dos cosas. Su vida es un romance. Es más, su vida es un romance escrito por él mismo. También es evidente que era un desastre para algunas cosas; para los negocios —lo deja claro su primo Manuel Halcón en su primera biografía y en posteriores conferencias—, al querer ser un ganadero del siglo XIX cuando su época era del XX. Su vida siempre estuvo a medio camino entre el romanticismo y el abismo, el desastre.

 

P: ¿Era un hombre que incomodaba a las dos Andalucías de la época?

 

R: Incomodaba a su sociedad, a los que él llamaba el hato de los lobos. A las capas más humildes no las incomodaba sino que desconfiaban de él. Cosa lógica. Parece ser que no conformó a nadie…

 

P: ¿Sabes que pasé frío leyendo la recreación de su paso por el elitista internado de El Puerto de Santa María?

 

R: Entre esos muros tendría que hacerlo, y mucho. En el libro no he querido sólo relatar, sin más, la vida y obra de Fernando, sino que he tratado de enmarcarlo en su tiempo. Y para ello hay que trabajar el ambiente en el que se mueve el personaje. Me halaga que haya podido transmitirte ese ambiente, ese frío del colegio de muros altos del Puerto… de eso se trata. Gracias.

 

P: En el libro te rompes con las puñalás traperas de sus amigos y con la muerte. 

 

R: Su final es muy trágico. Y yo veo la vida como algo trágico. Aunque es de disfrute, lógicamente, no hay nada más cierto en la vida que la muerte. No sabemos nada, lo desconocemos todo… sólo la muerte es cierta y segura. Y como la tango tan pegada a mi piel, a mi memoria y a mi consciencia —seguramente sea un error, pero es así— me impresionan las muerte a contra pie. Y la de Fernando fue tan a contra pie, tan antinatural según su vida anterior… Además de escribir como uno es uno escribe también según el estado de ánimo del momento. Y el final del libro lo escribí muy a contra pie, con la muerte muy presente.

 

P: En su vida aparecen los nombres de Juan Ramón y Aleixandre (dos premios Nobel), Muñoz Seca, Alberti, Lorca, Gerardo Diego, Halcón, Belmonte, Joselito, Torre, Martínez Barrios, Laffón, Juan Sierra, Romero Murube… Casi nada.

 

R: Fernando se codea con “la crema de la intelectualidad”, que dice el chotis de Agustín Lara. Desde la Generación Mediodía —otra gran olvidada por la crítica literaria correctísima— hasta la del 27, pasando por algunos del 98 y del 14. Desde el mundo de los toros a la sociedad del momento. Desde la teosofía a la mundo del campo. Fernando los conoció y los trató a casi todos y de todos aprendió cosas, conceptos, interesantes para la elaboración de su obra y de su propia personalidad. Fue un hombre de su tiempo y su época y ahí se cruzó con todos los que has nombrado. Con unos en su adolescencia —Muñoz Seca y Juan Ramón en el colegio del Puerto—, otros en su juventud —Juan y José, por ejemplo—, otros en su madurez… Fue un hombre de su tiempo y conoció su tiempo y los personajes de su tiempo.

 

P: Y no pueden faltar ni las mujeres ni Conchita.

R: En la vida no puede faltar el género femenino. Faltaría la mitad de la vida. Y Fernando vivía la vida hora a hora, día a día, intensamente. Y para ello necesitaba la vida entera. Conchita fue el amor de su vida y la mujer —quizás la persona— que más se preocupó por él, lo cuidó y lo mimó. Pero es cierto, las mujeres no podían faltar en su vida, que la vivió a tope, como decimos ahora.

 

 

P: ¿Qué poema de Fernando Villalón te parte el alma?

 

R: Es difícil elegir uno. Me parte el alma su vida, su obra, sus cosas, su muerte… me parte el alma su recuerdo, tan escaso durante tanto tiempo. Ojalá este Centauro de pena ponga vendas en las heridas abiertas del olvido al que ha sido postergado Fernando Villalón durante tanto tiempo. Ojalá.

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