Desde mi calle

Hace unos días estuve con Gaelia. Me contó una experiencia que le había ocurrido mientras veía el partido de liga entre el Español y el Betis en Cornellá-El Prat.

Una experiencia que me inquietó enormemente. No sé si las cuatro cervezas que llevaba le hicieron hablar más de la cuenta, o si mis cuatro hicieron que me lo tomara en serio. Lo único que sé es que esa noche me mandó este pequeño relato a modo de explicación. Ahí os lo dejo. Creo que Gaelia tiene secretos por descubrir.

El Vestidor de Lulu

Juan Zamora Bermudo

Enero 2019

Realidad en tres dimensiones

Reconozco que a mi hija le costó convencerme. Más bética que Heliópolis me ha salido. Siempre he sido algo pesimista en esto del fútbol y creo que cuando voy a ver a mi equipo, mi presencia hace que pierda el partido. Al final caí y compré las entradas. Fondo sur, cerca de la afición visitante.

Cornellá el Prat es un estadio imponente y en cualquier lugar donde te sientes puedes ver el partido con comodidad. Ella se enfundó su camiseta verdiblanca comprada el verano pasado en el Benito Villamarín. Yo llevaba una bufanda que me había regalado un amigo cordobés que siempre se acordaba de mí cuando veía algo de mi equipo. Nos acomodamos y empezamos a disfrutar del partido, del ambiente y de nuestra afición que abunda en ese estadio cuando lo visita el Betis.

Para estar bien informados de lo que ocurría sobre el césped y fuera de él, nos pusimos los auriculares para escuchar el carrusel deportivo de la Cadena Ser. Habían pasado los minutos y la tensión crecía. En el minuto ochenta y tres se pitó una falta al borde del área del Español. Tello se disponía a lanzar el balón. Nos aferramos a los auriculares. Escuchamos claramente el rugir de la afición bética tras el golazo del delantero. Fue un segundo o dos más tarde, cuando vimos en el campo cómo la pelota entraba en la red sin que el portero pudiera hacer nada. Empezamos a gritar el gol. Nos miramos sin decirnos nada; casi sin respirar; sin poder explicarnos lo ocurrido.

© Gaelia 2018

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