A la memoria Francisco Valdivia Alcázar-Caballero

Tras el fallecimiento de Francisco Valdivia Alcázar-Caballero (1951-2021), el presidente de la Peña Bética San Arcadio, de Osuna, hacía público en sus redes sociales que la “6ª Maratón de Donación de Sangre” que organiza la entidad “será Memorial a Paco Valdivia, en honor a nuestro querido compañero de la directiva”, (…) “fundamental en la organización de todos los eventos”, es especial en los solidarios.

Pero, ¿quién fue Paco Valdivia? Principalmente, un tipo bueno, noble y servicial, que tenía un gran corazón. Ejemplar ciudadano, buen marido, buen padre, buen hijo, buen abuelo y con sus amigos… extraordinario.

De apariencia seria, su prudencia y educación le llevaban en su interior a poner toda la maquinaria en marcha para ayudar. ¿A quién? A todo el que le hiciera falta y si tenía que quitárselo de él, no tenía el menor problema en hacerlo.

Su vida profesional comenzó en la fábrica de Espuny y en la Cooperativa Santa Teresa, que dieron paso al mundo de la construcción en diferentes empresas, tales como Ufacon, Sanor, Coprodo, Regalao, Marranga… aunque desde los siete años trabajaba de “mandadero” en las casas más pudientes así como en la antigua droguería que había en la Carrera.

Hablar de Paco irremediablemente es hablar de su mujer, de María. Se conocieron en la Joyería Rodríguez cuando él tenía 18 años y ella 13. Tras cinco años de noviazgo, se casaron el 28 de marzo de 1976.

Y llegó a sus vidas Rogelio. Le pusieron el nombre del mítico Rogelio Sosa que vistió la elástica verdiblanca durante 16 años. Y lo hicieron tras varios “Paco, ¿a que no eres capaz de ponerle a tu hijo el nombre de…?

Tres años después llegó a sus vidas Vanesa, a quien le fue detectada una leucemia cuando contaba con solo 14 años. Empezó para nuestros queridos Paco y María una dura lucha de hospitales y transfusiones. En TeleOsuna (que después pasó a llamarse Villa Ducal Tv), que dirigía Eduardo Villatoro se llegó a hacer una petición a la ciudadanía para ir a donar sangre a Sevilla. ¡Ay, si por entonces hubiésemos contado con las redes sociales que tenemos hoy!

Quimios, numerosas terapias, trasplante de médula… A solo cuatro días de cumplir 15 añitos, Vanesa falleció marcando de por siempre la vida de sus padres, de toda su familia y de todos los ursaonenses que le llegaron a conocer.

Tres años después, un regalo llamado Ana Rosa llegó a la familia. Fue la luz que siempre se ve al final del túnel.

Sin temor a equivocarme, creo que es en la Peña Bética donde ha pasado sus mejores momentos. En su segunda casa se distraía jugando a las cartas y al dominó, donde ayudaba a los montajes decorativos de Navidad o de Carnaval, donde llegaba a implicarse tanto que participaba con los animadores y se pintaba la cara o salía al escenario cada vez que se lo pedían.

¡Y la feria! Se notaba que él había nacido un miércoles de feria. Si había que echar hormigón o hacer las flores de papel que tanto trabajo nos cuestan, él no sólo no se quejaba, sino que se ponía con las cortinas o con otros menesteres.

El Delegado de Peña era a su vez el alma de la fiesta en la tradicional comida de montadores, donde participaba de todas nuestras bromas, como aquella en la que le elevamos como un rey en una silla, donde con la ropa quitada le regamos sin parar.

Su trabajo en los trofeos de dominó Pedro Garfias fue públicamente reconocido y en la lotería de Navidad y del Niño era un baluarte que vamos a echar mucho de menos.

A la hora de hacer algún trabajo de albañilería o pintura era el primero en acudir. No era necesario avisarle, porque siempre estaba ahí. Al igual que en la recogida de tapones, en los cursos de yoga, baile, judo…

Luchador incansable, amante de un buen paseo y de la relajación de tomarse unas tapas con su mujer, apasionado de sus nietos Ismael y Raúl, su entrega por el necesitado se verá recompensada con el memorial solidario que llevará su nombre.

Los miembros de la directiva de la Peña Bética le llevamos a hombros, rindiéndoles nuestros máximos honores, desde el tanatorio hasta el cementerio para su descanso eterno. Aunque su memoria sigue permaneciendo entre nosotros.

¡Gracias por todo, amigo Paco!

José María Galván

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