Toreros de los pies a la cabeza

En multitud de ocasiones hemos escuchado o utilizado esta expresión para definir a un torero tras haber estado muy valiente, haber hecho una gran faena o incluso solo por su porte al hacer el paseíllo. 

En el artículo de presentación de esta sección denominada “Manoletinas”, explicábamos el porqué de hacer el paseíllo sin montera cuando se toreaba por primera vez en una plaza. 

Manoletinas y montera. Los pies y la cabeza del toreo. Detalles que se han de cuidar al extremo como todo el ritual que rodea a la tauromaquia. 

Ejercito, Iglesia y la fiesta taurina sigue siendo lo que son, entre otras cosas, por el respeto de sus propias liturgias. 

Es la montera uno de los elementos más bonitos de la indumentaria del torero. Fue utilizada por primera vez en 1835 por Francisco Montes “Paquiro”, diestro de Chiclana de la Frontera, nacido el 13 de enero de 1805. En estos días se han cumplido 219 años desde esa fecha. En su localidad natal existe un museo en su memoria cuya visita merece la pena.

El nombre de la montera deriva del apellido de este torero. 

Sustituye a la redecilla con la que hasta entonces los toreros se recogían el pelo o al bicornio o sombrero de dos picos con el que se tocaban los toreros.

Cuentan que tenía una doble función.  Por una parte, ser una especie de peluca que destacase cierto aspecto femenino del torero y por otra darle una forma que en cierta medida asemejase al torero con el animal. Simulaba también el casco de los antiguos caballeros alanceadores. 

En la actualidad están hechas de astracán, morilla o material sintético pero en su origen todas eran de astracán, que no es más que la  piel de cordero negro recién nacido de la raza karakul que se criaba fundamentalmente en la ciudad rusa de Astracan a las orillas del Volga, muy cerca de la desembocadura del Mar Caspio, lo que le permitía comercializarla y exportarla a todo el mundo.  

Fue “Paquiro” un torero que tuvo grandes aportaciones a la tauromaquia. Escribió la obra “El arte de torear. Tauromaquia completa” en 1836, que mejoraba la de Pepe Hillo. 

Modifica el traje de luces, aportando las borlas colgantes o machos, las lentejuelas y alamares, así como las aperturas bajo las axilas en la chaquetilla para facilitar los movimientos. Con solo cinco años “Paquiro” presencia en vivo la invasión de Chiclana por las tropas francesas y queda impresionado por los bordados y brillantes dorados de los uniformes de los oficiales franceses lo que sin duda le influyó a la hora de diseñar los trajes de luces modernos, que previamente ya había modificado Costillares. 

Implantó el paseíllo que hasta entonces no existía y el orden de la lidia en tres tercios. Todo ello influenciado por la estética de la Ilustración. 

Como hombre ilustrado se relacionó con las personalidades políticas, militares y literarias de la época. 

Cuenta el escritor Mariano Pardo de Figueroa, erudito cervantista que escribía bajo el seudónimo de Doctor Thebussem, en su libro “Un triste capeo” que en 1850 tuvo un encuentro con “Paquiro” en su casa. 

“Paquiro” obsequió al escritor con el ejemplar del Quijote que solía leer e incluso se lo dedicó. 

El Dr. Thebussem tras leer la dedicatoria observó que al final de cada capítulo había unas letras y unos números  escritos con pluma y le preguntó por su significado. 

“Paquiro” le contestó que estando enfermo se dedicó a contar las veces que Cervantes citaba en cada capítulo el nombre de D. Quijote y de Sancho Panza y que una vez sumados todos, los dos personajes eran citados el mismo número de veces en el global de la obra. 

2168 veces cada uno.  Dato de erudito en el que hasta entonces nadie había caído. Tuvo que ser un torero. Privilegiada cabeza digna de montera. 

En la época de “Paquiro” el calzado del torero era un zapato casi de corte versallesca con grandes hebillas. Con el tiempo fue evolucionando hasta que Manolete en 1940 mandó fabricar una variante de las conocidas bailarinas con el hueco del empeine redondeado, una suela más dura que la de las bailarinas, un elástico en el talón y una tapa en el tacón de pocos milímetros. Con el tiempo el público que asistía a sus corridas comenzó a llamarla “manoletinas”, por ser él quien las llevaba. 

Pronto se popularizaron en todos los ruedos y luego en los ambientes de la moda. Hoy día no hay un armario femenino donde no haya una manoletina. 

Fue Manolete un mito que puso de moda no solo una forma de torear, sino también de vestir y de calzar dentro y fuera de la plaza, en una época que todo lo que hacía se convertía en tendencia. Pasó con el calzado y con el pase de muleta también denominado manoletina, que sin ser invención suya sí fue popularizado por él. 

Es un pase que se efectúa de frente y sujetando la muleta con las dos manos por detrás de la espalda. Fue inventado por el torero cómico valenciano Rafael Dutrús Zamora “Llapisera”, que lo uso en su repertorio en sus espectáculos cómicos. 

Luego fue copiado por otros toreros y el público, dada su procedencia, lo reprochaba y silbaba, hasta que fue ejecutado por Manolete cautivando a los públicos por su estética hasta llegar a inmortalizarlo dándole nombre.

Paquiro fue discípulo de Pedro Romero y sentó las bases de la tauromaquia. Manolete era el heredero de Chicuelo que fue quien de verdad revolucionó el toreo moderno aunado los cambios de concepto que ya habían hecho anteriormente Joselito El Gallo y Juan Belmonte. 

Paquiro y Pedro Romero dieron forma al toreo. Joselito, Belmonte, Chicuelo y Manolete le dieron fondo. 

Todos ellos toreros de los pies a la cabeza.

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