La televisión también cuenta: ‘Succession’

Pasada ya en mayor medida la época dorada de la TV, existe ahora una confrontación tal entre el mundo cinematográfico y el televisivo que hasta parece haber dos bandos con bufandas y banderas. Es cierto que existe un afán por resistirse a probar cine y luego consumir productos en Netflix que se extienden a una duración similar a la del “Érase una vez en América” de Sergio Leone y que, sin embargo, no cuentan nada en comparación. De manera contraria, también aparece la pereza por empezar un episodio sabiendo que, o bien ocupará una gran parte de tu tiempo y no merecerá la pena, o que la misma preconcepción de que no sea una película te abata antes de tiempo. Ni tanto ni tan poco. Como en todo, cada cosa se ha de ver como lo que es. Por eso pretendo darle un hueco en esta sección a las series también, porque hay que saber dónde mirar.

Ni una semana ha pasado desde que por fin acabé “Succession (2018-2023)” , la aclamadísima serie de televisión creada por Jesse Armstrong y producida por HBO, ganadora de 15 premios Emmy (6 de ellos este pasado enero por su cuarta y última temporada, triunfante en todos los sentidos) . En ella podemos seguir el mastodóntico drama sobre la familia Roy, dueña de WayStar Royco, una de las empresas corporativas de comunicación y entretenimiento más importantes de todo el planeta. El detonante llega cuando, y como su propio título indica, el presidente de la empresa, Logan Roy, ha de elegir a su sucesor entre sus cuatro disfuncionales – y multimillonarios – hijos.

Claro que, en resumidas cuentas, Succession es una auténtica bomba. Durante cuatro temporadas se nos permite entrar a hurtadillas al mundo casi surrealista, maligno y poderoso de los hiper adinerados y sus inmensas corporativas. Casi como si viéramos a los mismísimos dioses y sus imperios desde nuestro minúsculo sitio en la tierra. Pero aquí no hay nada más que fachada. Una familia – junto a sus respectivos acompañantes y parejas – que está rodeada de peones y personas de relevancia mundial (mundial como el presidente de los Estados Unidos, por ejemplo), pero ahogada en la miseria más absoluta que nace de los mismos lujos con los que siempre han crecido.

Son narcisistas, sociópatas con tanto poder que están desinhibidos de cualquier característica del trato de una persona de a pie (en un momento los hermanos entran en un bar a tomarse una copa y es curioso ver cómo carcajean con condescendencia y a la vez vergüenza de no saber cómo actuar). El ritmo de su vida se mide con las poquitas horas que tardan en viajar desde Nueva York a Inglaterra, o desde la costa este americana a la del oeste, montados en jets privados de super lujo. Aún así, los espectadores nos reímos en la cara de todos ellos porque, en el fondo, comparten las mismas desgracias de cualquiera de nosotros. Tragedias que se destapan con el levantamiento de la llave sobre el botón de la herencia monumental del patriarca Logan Roy, villano tan sumamente malvado (y todos los adjetivos posibles) como pocos en la ficción reciente.

La serie es extraña, sí (hasta pasado el tercer capítulo se hace complicado el tema), pero como con las grandes novelas – el gran comparativo con las series de TV – es un esfuerzo que se ha de cometer porque el involucramiento que toma parte el espectador es poco comparado con su recompensa. Música de escenarios operísticos, encuadres raros, desenfoques, cámaras rodando lo que pareciera un documental. A eso añádele diálogos veloces, hiperrealistas (con insultos bestiales) y tropecientas jergas de economía y empresas. Pero, una vez recuerdas que, como en las grandes historias, es todo subtexto, empieza la diversión más absoluta. Pero como digo diversión digo tragedia, porque como ya habréis leído por ahí, “Succession” no es diferente a un “Rey Lear” de Shakespeare. No es muy diferente a la tragedia de “El Padrino” de Coppola. Es rara pero es la misma historia de siempre. La épica más antigua de todas sobre dioses, traiciones y poderosos. Es otro rompecabezas, otro juego de tronos. Es drama porque te ríes a carcajadas, y es buen drama porque te desgarra. Pero sobre todo, es buenísima porque cada segundo de su recorrido es merecedor de su atención. No es nada difícil encontrar grandes series, pero es difícil encontrar buenas series con grandes finales. “Succession” lo tiene.

Si es que no nos damos cuenta, pero el cuento es siempre el mismo. Lo importante es cómo están contados, y para ello hay que saber dónde mirar. Con esto es igual.

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