La historia de Dulio, la cadena de hamburgueserías de Sevilla

dulio-sevilla-carta

¿Sabías que Sevilla tuvo su propia cadena de hamburgueserías? La historia de Dulio comenzó cuando Juan Rodríguez Rodríguez, un gallego de Viana do Bolo, abrió su primer restaurante al afincarse en Sevilla. Le puso ‘Las Navas’ y se encontraba situado cerca de la calle San Pablo, por la Magdalena. Un tiempo después, lo cerró e inauguró otro al que llamó Viana, en el número 8 de la calle Velázquez.

El Viana empezó siendo un buffet con autoservicio, donde incluso se instaló un bingo en la primera planta que gozaba de gran afluencia. El negocio se hizo popular en muy poco tiempo, de modo que esta familia de trabajadores incansables pronto tuvo la idea de expandirlo por otras partes de Sevilla.

Los dos socios eran Enrique Graciano —Enriano, como era conocido— y Juan, quienes abrieron al año siguiente por su cuenta la primera hamburguesería de Dulio en el Paseo de Cristina, detrás del pasaje que da a Almirante Lobo. No pasaría mucho tiempo hasta que todo sevillano se hubiera comido un Dulio.

El nombre de Dulio era por un perro que tuvo Juan, mucho antes de fundar el restaurante Viana. Esta empresa familiar y netamente sevillana fue un referente en la comida rápida de la capital hispalense en los años ochenta y noventa.

Como curiosidad, Enriano era muy aficionado al baloncesto; incluso de joven fue jugador y entrenador. Por eso, los menús tenían los nombres de pívot, escolta, alero y base. Ese entusiasmo se plasmaba en su trabajo hasta el punto de que también diseñaba los salvabandejas.

El imperio Dulio iba bien, tanto que no tardó en expandirse. La empresa abrió locales en la calle Salado —donde el actual Mercadona—, junto a El Corte Inglés de Nervión —actual librería Tarsis— y hasta en un centro comercial de Gines.

Cuando Juan murió a comienzos de los ochenta, el Viana añadió la carta del Dulio, pero siempre se llamó Viana. Nunca le quitaron el rótulo, aunque ya fuese la hamburguesería Dulio. Funcionaba con ambos nombres. Sus buñuelos con chocolate eran toda una institución en Sevilla.

Para una buena parte de los sevillanos nacidos en los setenta y los ochenta, ir al Dulio a comerse una hamburguesa de tortilla o un sándwich de queso tras ir al cine era una tradición. Sus sillas de madera provenzal y un cuadro de Santa Marta le daban ese inconfundible aroma a sevillanía.

Tras el cierre de los locales de Salado y Nervión, hubo otros establecimientos con más o menos recorrido. Uno en la calle Sagasta, otro en un pasaje de Sierpes hoy convertido en tienda de ropa, una pizzería en Javier Lasso de la Vega y hasta en Cartuja ’93.

Lee también
lopera

Dulio fue una empresa muy innovadora para la época. Ellos mismos elaboraban el producto de forma artesanal y, aunque al principio tenían un obrador en la calle Roelas, luego centralizaron toda la maquinaria en el local de la calle Velázquez.

Esta cadena de hamburgueserías también tuvo competencia en el mercado de la comida rápida en Sevilla. Su principal rival era Burger Bravo’s (luego cambiado a Burger Alameda), que contaba con restaurantes en el Multicentro Alameda, en calle Sierpes, en Campana y en el cine Avenida.

Sin embargo, la apertura del McDonald’s de la Campana en 1990 supuso un revés para una empresa como Dulio. Pese a la proliferación de estas cadenas, Dulio siguió abierto unos años, hasta que en 1999 la Editorial Planeta compró el edificio del Viana donde hoy está La Casa del Libro.

Para más información, pueden visitar su página de Facebook: «Yo también me comí un Dulio».


Descubre más desde El Pespunte

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Descubre más desde El Pespunte

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo