La fusión en Osuna tiene nombre y nuevo disco

Miguel Rodríguez, aka Hippymigué en el ámbito artístico, nació y creció en Osuna, en el barrio de Fátima, y fue ahí donde tuvo su primer contacto con la música. “Mi madre y mis hermanos tenían una academia de baile flamenco, entonces yo siempre he vivido con gente a mi alrededor que bailaba y tocaba la guitarra. También de mis hermanos, que han estado toda la vida haciendo música y uno normalmente quiere hacer lo que hace su hermano mayor”. Pero, como se suele decir, en casa de herrero cuchara de palo. Miguel heredó el interés por la música y lo empleó en explorar otros caminos como el rap. “De pequeño escribía poesía, pero cuando empecé a hacer música fue rapeando. Yo quería hacer música como mis hermanos, pero no flamenco, eso ya lo hacían ellos y yo quería algo distinto”.

Mente creativa e inquieta donde las haya, se podría decir que a Miguel no le gusta ponerle puertas al campo y encontró un sinfín de nuevas oportunidades cuando su hermano, acompañado de una guitarra, le visitó hace unos tres años. “No fue buscado, pero vino a Osuna y me dijo: “tú vas a aprender a tocar la guitarra” y poco a poco comencé a experimentar y me salieron cosas nuevas para mí, es inevitable”. Justo ahí declara que está su fuerte, “me siento más cómodo en la mezcla y suelo meter en todas las canciones un pedacito de cada. No me gusta quedarme en un solo género, prefiero la fusión”. Hablando de modas, y por ende de fusión, Miguel está convencido de que ahí está el futuro, “el artista debe ser multidisciplinar, moverse por diferentes planos y no quedarse con los pies en la misma losa”.

Phone House

El ursaonés tiene muy asimilado el proceso creativo y no se permite el lujo de aburrirse, “soy muy inquieto y me gusta probar, por eso no toco bien del todo ningún instrumento pero sí me arranco por muchos lados”. Confiesa manejar bien la guitarra, saber un poco de piano y de cajón flamenco, todo ello a raíz de la necesidad de producir su propia música. “La falta de un equipo detrás me ha hecho tirar de un looper para poder generar todo el sonido yo sólo”.

En referencia a su nuevo trabajo, Anatomía de la tristeza, Miguel nos cuenta que tiene doce canciones y ha sido producido por él junto a David Nuñez  y Manuel Ávila , dos artistas a seguir de Alcalá de Guadaíra. “Es una mezcla de todos los estilos que me gustan, hay música folclórica andaluza, rock, reggae, un poco de indie, algo –más urbano– de rap y latino. Lo que quise transmitir es el proceso de la tristeza, las diferentes razones por las que una persona puede estar en una época oscura de su vida, reflejar las etapas, los motivos y cómo confluyen entre sí al final hacia el mismo pensamiento”. Este trabajo, que aún no ha visto la luz, se podrá escuchar en plataformas como iTunes y Spotify y también habrá disponibles copias físicas y compra online. Los últimos cuatro años de la vida de Miguel, junto con su continuo aprendizaje en la música, reflejados en un disco muy cuidado que estará disponible a finales de mayo o principios de junio. El artista se muestra satisfecho con el resultado, una tarea nada sencilla tratándose de un proceso tan largo unido a la evolución de una persona y todas los cambios que ello conlleva.

Miguel, preguntado por una vivencia con la que se quede de su experiencia musical, se decanta por el factor humano, “sobre todo los viajes que he hecho en furgoneta con gente buena, lo más importante es tener buenos amigos al lado porque se comparten muchos momentos y todo se hace más fácil”. Los objetivos a corto plazo de este músico autodidacta, que se define como buscador de la verdad y la felicidad, son sacar el disco y meterse de lleno en algunos trabajos visuales para el mismo. Pero, como no podía ser de otro modo, que lleven su estilo y mano de obra como principales materias primas.

Aquí os dejamos el primer adelanto de Anatomía de la tristeza, basado en la poesía lorquiana de su época más surrealista.

Elías Gutiérrez

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