Román sobrevive al descalabro de Fermín Bohórquez
Esta corrida sustituyó a La Quinta, que fue recordada en los prolegómenos del primer tercio de muleta de la tarde. Lo peor llegó cuando se arrastró al último, que el personal salió echando diablos por las puertas mientras rumiaban que les habían birlado una de Santa Coloma. El cartel en su totalidad traía mal aire desde la presentación del abono. Muchos son los que se preguntaban qué hacía Rubén Pinar en Sevilla, y al parecer se explica con la memoria de Pagés. Se le debía la de 2020 con Miura. Para este que les escribe, aquella deuda ha prescrito con tanta juventud ávida de oportunidades. Véanse los Mario Navas, Jarocho y compañía. En lo ganadero, todo un descalabro. Fermín Bohórquez firmó el segundo naufragio de la temporada.
Guardaba en el primero su estampa de toro serio, musculado y cuajado en su totalidad, una embestida vacía y desfondada. Curro Díaz volvía a la Maestranza después de dar dos vueltas al ruedo en 2018 y dejar gran sensación. Daba la sensación de que la Maestranza lo esperaba, como si hubiera en el aire una fina capa de esa espera especial que se le tiene a toreros de un 'algo' diferente. A la verónica todo fueron caricias en un palmo de terreno. Le soltaba los vuelos y ya estaba colocado para la siguiente. Gazapeó dos o tres veces "Bullidor" anticipándonos la embestida excesivamente pastueña que se encontraría Curro después. Efectivamente, del dicho al hecho hubo una serie por el derecho. Y cuando empezó a porfiar con él, una cogida en dos tiempos. Lo soltó y lo volvió a enganchar por los pechos de forma escalofriante. Como si no hubiera pasado nada, el de Jaén se levantó y mandó al matadero al de los rizos con un bajonazo. Saludó en el tercio.
Escurrido, sin cuartos traseros apenas, nunca debió saltar este cuarto al ruedo. Impresentable. Comenzó acostándose por los adentros en el pitón derecho y acabó como el segundo de la tarde, con una embestida de inválido. Aprovechó las siete inercias que tuvo para darle siete naturales hondos... pero para de contar. No hubo opción ninguna. Aún así, igual el público con Curro Díaz. Entregados al aroma especial de su toreo.
Rubén Pinar apareció con su sangre de toro y oro para pasar con la capa al castaño que hizo segundo. Desentendido durante toda la lidia, con síntomas de mansedumbre, huía entre capotazo y capotazo de los banderilleros. Pareó eficaz y bien Raúl Ruiz para dar paso a un tercio de muerte de espanto. Quedó el animal como un buey de carretas. Las embestidas eran mortecinas, que para nada templadas. Palmeó el público para intentar que Rubén diera pasaporte cuanto antes y este hizo lo propio. Vaya dos capítulos. Saludó, algo que no entiendo aún. No por él, si no por la propia plaza. No hubo lucimiento posible para ello, pero bueno. Para el quinto, más de lo mismo.
Román, como es él y su tauromaquia. Todo un ciclón, un viento huracanado que arrasa hasta la razón. Él volvía con la sangre en el recuerdo de aquel día en el que se la llevó en el mismo festejo en el que cito a Curro Díaz. Ese día dio para abastecer la memoria de Ramón Valencia. El caso es que pisó el albero un toro de horrendas hechuras. Alto y zancudo, de morrillo escaso y con unas ideas que para qué las prisas. Topando y arrollando toda la lidia, llegó a la muleta de Román bien vivo. Hizo lo suyo el valenciano: arrancar corazones mientras intenta pulsear una embestida desordenada, plena en un peligro sordo y fuego en el viaje. Aquello no era casta, aquello era genio. Por mucho que algunos intenten verlo de esa forma. Le dio distancia, citó y ahí todos empezamos a respirar a doscientos. Aguantaba los cabezazos al final de los muletazos como si estuviera ante un súper clase. Bajaba la mano mientras el animal embestía por las rodillas. El de Bohórquez fue un prenda de categoría. La espada, en un encuentro a todo o nada, en toda la cruz. Incluso algo contraria de lo derecho que se tiró. Se estrenó Macarena de Pablo Romero con una oreja merecida. Con el que cerraba tarde, voluntarioso y entregado por igual, no tuvo opción pese a intentarlo por ambos pitones.
Plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla
4ª de abono. 1/3 de plaza.
Toros de Fermín Bohórquez: Correctos de presentación salvo el 4º y de imposible juego. El 3º, peligroso y con genio, tuvo emoción.
Curro Díaz: Ovación con saludos en ambos.
Rubén Pinar: Ovación con saludos en ambos.
Román: Oreja y ovación con saludos.