Una publicación en redes le cambió la vida: así empezó la historia de superación del escultor sevillano Jorge Pizarraya
Jorge Pizarraya Buzón nació el 24 de febrero de 1999 en Sevilla. Creció rodeado de tradiciones. Y hoy, con apenas unos años de trayectoria profesional, ya deja huella en iglesias, talleres y proyectos repartidos por distintos puntos de España. Su nombre empieza a sonar en el ámbito de la escultura contemporánea vinculada al arte sacro, pero también en el retrato y la escultura civil. Su taller, abierto hace dos años en la barriada de Pino Montano, se ha convertido en su centro de operaciones creativas.
De no saber qué estudiar a encontrar su vocación
Su historia en el mundo del arte comenzó de una forma tan sencilla como reveladora. Durante su etapa como estudiante, fue “el típico que aprobaba en septiembre a última hora”. Pasaba de curso por los pelos y no tenía claro qué camino tomar. Ninguna carrera terminaba de llamarle la atención y el futuro se le presentaba difuso.
El punto de inflexión llegó casi por casualidad. Conoció a unos sevillanos, los Marmolejos, conocidos en la ciudad por su trabajo en la orfebrería, que le animaron a probar suerte con la prueba de acceso a la Escuela de Arte de Sevilla. Aquel paso lo cambió todo. A partir de ahí descubrió un mundo que no imaginaba y que iba a ser, en parte, muy positivo para él y, en gran medida, una parte fundamental de su vida. En la escuela se formó en dorado, plateado y policromado, una base técnica que hoy se percibe claramente en la calidad de sus obras.
Aunque esa formación fue clave, su verdadera vocación terminó orientándose hacia la escultura. Un camino que decidió recorrer de manera autodidacta, entre horas de taller, ensayo y error, y una búsqueda constante de estilo propio.
El taller como refugio creativo
En Pino Montano, lejos de los focos del centro histórico, trabaja cada día rodeado de barro, herramientas y bocetos. Allí da forma a imágenes religiosas, retratos y encargos de escultura civil. Un espacio humilde, pero cargado de intención. Para él, el taller no es solo un lugar de trabajo: es un refugio creativo y un laboratorio donde conviven la tradición imaginera sevillana con una mirada joven y contemporánea.
En octubre dio un paso clave en su carrera al presentar su primera imagen para una iglesia de Sevilla: una talla del Padre Pío destinada a la iglesia del Corpus Christi. Un hito personal y profesional que supuso su carta de presentación en el ámbito del arte sacro sevillano.
Redes sociales, pandemia y una oportunidad inesperada
El impulso definitivo a su visibilidad llegó en un momento tan inesperado como difícil. Cuando comenzó a compartir su trabajo en redes sociales, los resultados fueron discretos y poco profesionales. Durante la pandemia del COVID, encerrado en su cuarto, modeló un Cristo y lo subió a redes. Para su sorpresa, la imagen se viralizó. A partir de ese momento, personas y entidades comenzaron a interesarse por su arte, abriéndose oportunidades que antes no había imaginado.
Proyectos que cruzan fronteras
Actualmente trabaja en varios encargos de envergadura fuera de Sevilla. Entre ellos, un San Josemaría Escrivá y una Virgen para Jávea (Alicante), un San Carlos Acutis para Azuqueca de Henares (Guadalajara), además de retratos y proyectos personalizados para clientes particulares.
Formación, docencia y proyección nacional
Compagina su trabajo en el taller con la docencia como profesor en los talleres de cerámica del Distrito Nervión–San Pablo–Santa Justa. Además, el próximo mes de julio, viajará a Burgos para impartir un taller de escultura e imaginería junto a Miguel Ángel Tapia, uno de los escultores más destacados del panorama nacional actual. Este taller será impartido en julio e irá de la mano de la Aociación Patrimonio para jóvenes, una asociación que ayuda a la promoción de jóvenes artistas.
El deporte como escuela de vida
Es entrenador de baloncesto en el Círculo Mercantil e Industrial de Sevilla. De joven tuvo un futuro prometedor en este deporte, pero una lesión le obligó a retirarse. Esa experiencia marcó su carácter y le enseñó la disciplina y constancia que hoy aplica a su carrera artística.
Un proyecto de futuro: una academia de artes en Sevilla
En septiembre abrirá su primera academia de artes en Sevilla, un proyecto largamente soñado con el que busca crear un espacio de formación, encuentro y amor por el arte en su propia ciudad.
“Nada de esto sería posible sin mi gente”
Jorge no olvida de dónde viene ni quiénes han estado a su lado durante el camino. En esta entrevista ha querido detenerse para expresar su gratitud:
“Mis padres son el pilar fundamental de mi vida, siempre apoyándome a mí y a mis tres hermanos; yo soy el más pequeño de cuatro. También agradezco a mis amigos, que son piezas esenciales en mi día a día: me hacen reír, disfrutar y despejarme. Y, por supuesto, a mi pilar más cercano, mi chica, mi novia Elena”.
Juventud, tradición y futuro
A pesar de su juventud, su perfil empieza a consolidarse: un escultor arraigado a las tradiciones sevillanas, con los pies en el barro del taller y la mirada puesta en el futuro. Desde Pino Montano, sigue construyendo su camino obra a obra, convencido de que el arte también es una forma de agradecimiento a la vida y al entorno que le ha visto crecer.
