Ya están aquí

La Casona de Calderón
La labor de transportar y repartir la paquetería en grandes ciudades como Barcelona se ha convertido en una profesión muy degradada por la crisis. Lo compruebo por boca de alguien que lo padece en sus carnes porque a ello se dedica. Juan Perea es el intérprete de esta historia de poco calado que con su permiso voy a contar y es de Osuna.

Cuando ocasionalmente nos vemos en el lugar donde trabajo, él me explica la desleal competencia de los sudamericanos en el sector y el abuso empresarial consentido. La situación además de adversa económicamente también le produce un estrés a diario nada favorable para el colesterol y se asusta. “Como los socialistas son los culpables de todo”, sea del ámbito que sea, Juan no desaprovecha la ocasión para apretar el gatillo y descargar una ráfaga de insultos, propios de la jerga más suburbial, contra Rubalcaba, Zapatero y todas sus castas.

Juan está afiliado al PP desde que la crisis comenzó a morder a las familias y vio peligrar la prima de riesgo de la suya. Desde entonces actúa como un extremo correligionario muy metido en el papel: “Estos rojos han sido un lastre en mi vida” comenta. Hoy su satisfacción es porque por fin la “banda” de gaviotas anida en la Moncloa. Ya están aquí.

La vida nos trata bien o mal, la suerte puede ser esquiva o no, pero la memoria es una herramienta que se debe cuidar.

Ocurre que Juan comenzó su andadura laboral en Eindhoven (Holanda) a principio de los 80 entre bombillas y tubos fluorescentes Philips. Allí emigró y allí ahorró un dinerito curioso. Alertado por un familiar del paraíso inmobiliario se dejó caer por Barcelona a finales del 2003 con Zapatero en puertas. Aquí compró una casa adosada (hoy vale un 24% menos) e invirtió, como lo hacen los chinos ahora, en una tienda de ropa y en una furgoneta. A base de duplicar esfuerzos vendía faldas, enaguas y pantalones por la mañana y atendía la demanda del transporte por las tardes y noches hasta las tantas. La venta de retales y jerseys se multiplicó y la bonanza le abrió líneas de créditos para comprar locales y ampliar el negocio, además, en tres o cuatro años, se hizo con una flotilla de furgonetas; el mismo tiempo le llevaba amortizar una que cuatro. Los beneficios daban para que sus hijos estudiaran en colegios de zonas privilegiadas de Barcelona con ajardinadas urbanizaciones y acceso solo con vehículos particulares. Y ahí voy.

Cuando la memoria no ejerce la función lógica y se emplea para atacar con sed de venganza algo no se ha hecho bien. Han pasado unos días y recuerdo sus charlas por lo que tiene de desvarío en su memoria y por las extrañas connotaciones negativas que para él tiene la palabra socialismo. Ninguno de los coetáneos queremos retrotraer la memoria a los tiempos del Nodo. A la Osuna de pleitas de esparto, el chistoso Bizco Pardal o reatas de borricos, tampoco a la del negrito que cantaba mientras cultivaba en el África tropical. Evidentemente no es atribuible a los socialistas que hayamos avanzado por el camino del progreso, pero no estaría de más que cuando las cosas se tuercen sepamos de donde venimos.

Una mínima dosis de fanatismo es suficiente para saltarse la letra pequeña que contiene el ABC de los políticos en los cuales confías (sean de izquierda o derecha). Ahí se lee que es “políticamente correcto” para ellos unirse en la complicidad y cubrirse las espaldas para vender la moto a la hora de impulsar, por ejemplo, el consumo goloso. “¿Como consuelo yo al que se lamenta cuando la sombra de la fortuna le ronda por haber abarcado más de lo que necesitaba?”.

Llegó de Holanda y apostó trabajando duro, pero también se aprovechó del sitio adecuado en el momento adecuado para hacer de su tiempo una vida espléndida procedente del camelo.

Deseo que Rajoy alivie las afrentas de Juan y la de tantas familias de este País, pero me temo que habrá que seguir al tanto con el colesterol.


Antonio Moreno Pérez

Comentarios

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2 comments

  1. Un nuevo ejemplo de irresponsabilidad y tengo claro que Rajoy no le va rebajar el nivel de colesterol, al contrario que miedo me da ese hombre.

  2. Magnífica prosa llena de sentido comun, sin acritud y con espíritu crítico.
    Lamentablemente los españolitos confundimos demasiadas veces lo que está bien con lo que nos conviene, y peor que eso, los ideales con los intereses.
    Para mi gusto, el tuyo es el mejor artículo de cuantos se han publicado en esta nueva época del Pespunte.
    Enhorabuena

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