Y qué le hacemos, Sevilla

Y qué le voy a hacer si yo nací donde en el espacio de un mes se pasa del rezo al disloque, donde los adoquines se maquillan con cera y las noches siempre huelen distintas. Y qué le voy a hacer si abrí los ojos en el lugar de los sueños tangibles, donde las campanas son la alarma del tiempo, donde la vida se reconcilia con la muerte. Y qué le voy a hacer si di mis primeros pasos en un sitio donde las musas siempre están de guardia, donde los locos tienen su merecido status de genios, donde se patean las naranjas amargas. Y díganme, qué le hago, si aquí la oscuridad es luz, si la piedra acaricia el pie, si me parieron sevillano. 

Y qué le hacemos si cada estación del año tiene la penitencia de tener su magia, si el frío y el calor vienen por derecho, si aquí después de lo bueno siempre viene lo mejor. Pregúntenselo, de verdad, qué diablos le hacemos si aquí pasear es buscar un tesoro, si la rutina nunca saca escaño, si la Torre del Oro es una manirrota que vive tirándole monedas al río. Qué le hacemos si para nosotros el verano solo es el epilogo de la primavera, si aquí las penas no se ahogan porque se hunden solas, si pasar por un puente es cruzar una frontera. Si lo sabe dígamelo, qué se hace cuando se tiene el paraíso a golpe de zancada, cuando vives en un sitio en el que la belleza va armada hasta los dientes, cuando la suerte te reparte las cartas acertadas. 

No, en serio, deme una respuesta. Qué le hacemos si en nuestro trocito de tierra echaron un puñaíto más de esencia, si aquí los besos saben a torrijas de La Campana y las caricias se dan de verdad. Qué le hacemos si aquí al respirar estamos absorbiendo gloria, si los quiebros de la memoria son recortes de Alfonsito, si aquí lo más bonito es dejarse llevar. Qué solución le damos a lo inexplicable, si leemos en Braille las parihuelas de los pasos, si aquí el ocaso siempre es una nueva oportunidad. Acláramelo, por favor, qué se hace cuando se abrazan el alma y el corazón, cuando la razón se aburre de buscarle el sentido a las cosas, cuando la rosa le pide a la espina que le pinche. 

Qué hacemos si aquí hasta el más impío se siente en deuda con su Cristo, si el ateo ata su destino a una revirá, si al hereje le resbalan dos lagrimones por las mejillas y dice: “después de esto no hay más ná.” Si tiene alguna teoría hágamela saber, porque el que escribe no sabe qué hacer cuando uno se domicilia en el cielo, cuando el terreno que pisa tiene forma de nube, cuando todo lo trascendente está al alcance de su mano. Yo sé que no tiene respuesta, pero quería hacerle estas preguntas para que reflexione y tome conciencia de que vive en el rincón más especial del planeta. Ande, vaya y siéntase diferente, que la primavera la ha inventado Sevilla y es patrimonio de su gente.

Santi Gigliotti
Twitter: @santigigliotti

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