A vueltas con la Sombrerería El Bombo

Ahora, con la licencia municipal de obras pendiendo de la histórica ventana, parece que definitivamente se certifica la defunción de todo un lenguaje.

Lévi-Strauss aseveró que “el lenguaje es una forma de la razón humana y tiene sus razones que son desconocidas para el hombre”.

El Gallo Negro
Automóviles Álvaro

Conformador, lisuá, casco, sudarlo… En el Museo de Osuna quedó disecado un comercio tradicional que superó el siglo de vida. “El sombrero viste”, un eslogan que bien podría haber llegado al sinfín del mundo si la tienda online se hubiese inmiscuido en la estufa de cisco entre paredes encaladas y muros reacios a la modernidad del wifi.

El visionario Cristóbal Martín quiso plasmar para la posteridad su fachada y su interior sabedor de que el tiempo derrumbaría ese poso de solera.

Gorras y boinas. Sombreros flamencos o cañeros. El muñequito Andújar que el enjuto Quijaíta cobró a razón de una boina al año.

Antes de la última romería del Rocío, una pareja en un todoterreno bajó la ventanilla de su todoterrereno y me preguntó:

-Perdone, ¿la Sombrerería El Bombo?

Aun sin haber vivido su esplendor, me trasportó al cante festero de José Sarria “El Chato de Osuna” cuando proclamó en una grabación flamenca parisina:

-¡Ole, viva Osuna y el muñequito Andújar!

Suerte y prosperidad al nuevo negocio que se establecerá en un pequeño cahíz de la nostalgia que, designios del destino, será de antigüedades.

Comentarios

AUTOR