Una novela rompedora

La Casona de Calderón

Esta semana les traigo una novela de gran interés por la corriente modernizadora que inició: Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy, de Laurence Sterne (1713-1768). Dividida en nueve volúmenes, vio la luz en Londres entre 1759 y 1768. Su publicación coincidió con el inicio de un tiempo nuevo, la primera revolución industrial, y vino a traer un estilo literario basado en el juego, la parodia y la comicidad. Fue escrita en el siglo XVIII con técnicas que luego resucitarían novelistas del siglo XX considerados innovadores, como Lezama Lima, Cortázar y Cabrera Infante. El origen hispanoamericano de estos nombres no debe causar extrañeza: la literatura europea circuló con mucha más libertad en la América hispana que en la misma España, dominada desde siempre —y aún hoy— por gobernantes poco amigos de permitir que el pueblo en general acceda a la alta cultura. Un pueblo ignorante es más manejable.

Las características avanzadas de Tristram Shandy —así suele citarse— son muchas. He aquí algunas.

La distribución del texto en capítulos de muy distinta extensión, técnica usada en Rayuela, la gran novela de Cortázar, considerada tan rompedora y tan influenciada por Sterne como Ulises de Joyce. El carácter prescindible de ciertos capítulos, que no añaden ni quitan nada a la trama. El olvido de la trama misma, elemento que tiene poca o ninguna importancia en sí, al contrario de lo que suele pasar en los relatos novelescos más al uso. El intento de implicar al lector en el relato, acción que hoy día es bastante corriente, sobre todo a partir de Cortázar, pero en aquella época resultaba muy nueva: el lector pasa de pasivo a activo y puede recrear la obra con una lectura personalizada. Un ejemplo de la búsqueda del extrañamiento, otra de sus virtudes, es el hecho de que las trescientas primeras páginas estén dedicadas a relatar los hechos ocurridos en el día del nacimiento del protagonista, aunque las prolepsis —saltos cronológicos hacia delante— y analepsis —saltos cronológicos hacia atrás— sean continuas. De esta forma, Tristram Shandy se convierte en una biografía cuyo biografiado no nace hasta que el libro está mediado. Este carácter lúdico, amante de la extravagancia, fue redescubierto por las vanguardias artísticas de las primeras décadas del siglo XX: vivía ya en la obra de Sterne. También son rasgos de modernidad en Tristram Shandy el uso de referencias metatextuales —al texto mismo— o el empleo de dibujos que expliquen movimientos espaciales de los personajes. En el capítulo cuadragésimo del libro sexto, el autor traza en la página unas líneas para explicar la sinuosidad del hilo narrativo de lo que lleva escrito, dando una lección de dominio de un texto aparentemente caótico.

El número de páginas de la novela no debe desanimar a nadie. Es de considerable extensión, de acuerdo, pero su lectura, al igual que la del Quijote, la Odisea, Gargantúa y Pantagruel y otras obras geniales, no se hace tediosa en ningún momento. En la novela de Sterne, por cierto, se advierten a cada paso influencias de las obras de Rabelais y el autor manchego. El Quijote había sido traducido entero al inglés ya en 1620 y sería reeditado hasta en ocho ocasiones en los veinte años siguientes.

Aunque de padre inglés, Laurence Sterne nació en Irlanda, en la localidad de Clonmel, condado de Tipperary. Se ordenó sacerdote con veinticinco años, en su caso de la Iglesia Anglicana, y contrajo matrimonio tres años después. Era célebre por la originalidad de sus sermones. Durante toda su vida fue un lector diario y practicó la música y la pintura a un cierto nivel. Entre sus obras cabe citar también Viaje sentimental por Francia e Italia, menos polémica que la novela que nos ha ocupado hoy, muy criticada por los sectores biempensantes de la formalista sociedad británica.

 

Laurence Sterne, Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy, Madrid, Editorial Cátedra, 1985. [The Life and Opinions of Tristram Shandy, Gentleman]. Traducción de José Antonio López de Letona. Tristram Shandy no fue traducida al español hasta 1975.

 

Imagen: Primeras páginas de una edición londinense de 1782.

 

Víctor Espuny

 

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