Una infancia de mercadillo

Como cada lunes, con las primeras luces del sol llega a nuestro pueblo “El Mercadillo”, un singular y popular centro comercial al aire libre, donde muchas personas se preparan para un duro día de trabajo.
La venta ambulante es una actividad milenaria y en nuestro pueblo es una costumbre muy arraigada que concentra a personas de todas las edades y clases sociales. Dicha profesión, que no deja de ser muy noble, entraña muchas consecuencias que quizás para muchos pase desapercibida, pero que implica directamente un desplazamiento familiar, en el que casi siempre los más perjudicados y afectados son los niños
Cada lunes una decena de niños pasean desde temprano por el recinto del mercadillo y hace pensar si esa práctica es diaria. Ese día se examinan los tenderetes, la documentación, etc. Pero habría que hacer algo con estos niños porque ellos no tienen la culpa de que sus padres tengan que desplazarse para trabajar, por no hablar de la obligatoriedad de la educación hasta los 16 años.

Como posible solución a este problema, podría habilitase una clase en alguno de los centros que están cerca del lugar de trabajo de sus padres, que permita a los niños seguir con su educación y aprovechar ese tiempo que pasan en el recinto para otro tipo de aprendizajes que formen a estos niños como personas.
Sinceramente esta situación se viene repitiendo desde hace mucho tiempo pero jamás se ha planteado dar una situación para regularla y la verdad vale muy poco apoyar e intentar ayudar a estas familias y sobretodo a esto niños.
Ellos, sus familias y la sociedad lo agradecerán el día de mañana. Seguro.

Un ursaonés

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