Un grano en el culo

La Casona de Calderón

Acabo de ver –no es la primera vez- la película Django desencadenado. Entretenida. Y tremendo este Tarantino. Y, aunque pueda dar la impresión de que está planteada solamente como una película de acción y entretenimiento, hace pensar. Al menos, a mí me ha hecho pensar que a los americanos –a partir de ahora, cada vez que diga “americanos” se entenderá “norteamericanos”- les ha salido un grano en el culo con este asunto de los negros.

Primero se cargaron a los indios, a todos. Si algún lector opina que todavía quedan indios allí, será alguno que han dejado de muestra, será la excepción que confirma la regla, será inofensivo, o será para salvar la especie, como hicieron con los búfalos: primero se los cargaron y, después, crearon el Parque Nacional de Yellowstone para salvarlos. Los exterminaron para quedarse con sus tierras, las riquezas que hubiera en ellas… “Rostros pálidos” les llamaban los indios, y ellos “pieles rojas” a los indios; “lengua de serpiente” les llamaban los indios, porque mentían más que hablaban, ya saben:aquella política del tomad plomo, tomad whisky de mierda –“agua de fuego” le llamaban los indios, así sería de malo-, tomad rifles viejos y con el punto de mira más torcido que los del tiropichón de la feria, tomad tratados de paz no cumplidos, tomad campos de concentración llamados “reservas” para que os muráis poquito a poco, y tomad progreso, que sois unos salvajes y os traemos la civilización.

Los rostros pálidos quitaron de en medio a los pieles rojas y, cuando ya era suyo, se dieron cuenta de que aquello era muy grande -¡mira que era grande aquello, que había sitio para todos!- y hacía falta gente para trabajar; y entonces se dedicaron a llevar negros para poder vivir a costa de su sangre, su sudor y sus lágrimas. Después, terminó la esclavitud oficial –aunque no la económica, que es más moderna y más sibilina y sofisticada- y, ahora, tienen un grano en el culo con los negros.

Porque ellos, los rostros pálidos americanos, al igual que la Alemania nazi, siguen teniendo su ideíta de gran nación blanca, su idea de raza y de la supremacía blanca; pero a los negros, que ya no les sirven, no los pueden devolver a África. Y, antes, al menos, se tapaban la cara con aquello del Ku Klux Klan para tenerlos aterrorizados y mantenerlos a raya, pero, ahora, son los cuerpos policiales los que se encargan de esa tarea; y se meriendan un negro un día sí y otro también, igual que las bandas callejeras de sus series: porque metió la mano en el bolsillo, porque parecía que llevaba un arma, porque m’a mirao mal, porque m’a hecho burla…

Fotograma de una serie de Netflix

Y, ahora y desde hace mucho tiempo, al que cuestiona el sistema que usa el nombre de Dios en los billetes o los actos del sistema o los fallos del sistema, se le hinca el diente por antiamericano, por antipatriota, por comunista. Así que, si en adelante, no ven mis artículos por aquí, por favor, pídanle al Gobierno que me saque de Guantánamo.

(Otra cosa y hablando de cine –porque este es un artículo de cine-: me alegro de que no fuera Will Smith el actor que protagonizara la película. Está muy visto. Y Jamie Foxx está estupendo en su papel.)

Antonio G. Ojeda

 

Fotografía: Cotton pickers (1945), óleo de Thomas Hark Benson.

 

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