Un debate necesario: las cocheras en el casco histórico de Osuna

Los conjuntos histórico-artísticos son el resultado, entre otras cuestiones, de la acción humana sobre la ciudad y, sobre todo, del legado cultural e histórico que generación tras generación han sabido ver en ellos, hasta el punto de considerarlos de suficiente valor como para deber ser conservados. Ello supone que cualquier espacio de evolución histórica de la ciudad no puede ser considerado como conjunto histórico-artístico, sino que tiene que cumplir con una serie de rasgos identificativos que le otorgan la excepcionalidad y el valor.

Son, por tanto, los conjuntos histórico-artísticos unos paisajes de singular valor en los que refleja la sociedad que los produce y cualquier sociedad proyecta en éste culturas, valores e identidad que le son propios. Desde esta perspectiva, la propia evolución y el desarrollo la sociedad contemporánea nos debe poner sistemáticamente en guardia sobre el impacto y la modificación del paisaje de los conjuntos histórico-artísticos, mucho más y con más ímpetu que a las sociedades que nos precedieron.

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La rapidez con la que se producen los cambios y la ingente cantidad de elementos artificiales necesarios para la vida contemporánea que se plasman en el paisaje, hace que este tipo de territorios tengan que estar más pensados y consensuados que ningún otro, dado que, a diferencia de la mayoría de los paisajes naturales, en ellos se lleva a cabo la vida cotidiana de miles de personas que deben entender ese espacio colectivamente “como suyo” a la vez que obligatoriamente hay que preservarlo como valor propio de la cultura, de la historia y, por ende, de la humanidad de la que también es “suyo”.

La interrelación de conflictos e intereses de colectivos y personas de diferente índole hace que los conjuntos histórico-artísticos tengan que ser espacios de debate y conflicto, cuya resolución tendrá que ver con el consenso y la participación activa de la ciudadanía ya que de lo contrario se corre el riesgo de que se imponga el triunfo de lo individual frente a lo colectivo y su particular sentido de la propiedad.

En el presente artículo, de forma somera, pretendo dar la voz de alarma de una grave alteración del conjunto histórico-artístico de Osuna provocada por la presencia de los automóviles y cuya modificación no sólo es posible, sino incluso deseable. Me estoy refiriendo a la proliferación de cambios de fachada de arquitectura popular por fachadas modernas en los que se inserta una puerta de cochera, hasta el punto que incluso los nuevos barrios de Osuna utilizan dicha tipología constructiva y, escandalosamente, comienza a sentirse como una tipología propia de Osuna.

La ordenanza de construcción del conjunto histórico-artístico es realmente laxa frente a este nuevo fenómeno de la sociedad contemporánea y ha permitido a lo largo de su aplicación el que no haya calle en Osuna que no se vea afectada por este impacto, teniendo expresiones realmente escandalosas en calles como Antequera, La Cilla, Carretería, Mancilla, Sor Ángela, etc., donde las fachadas de cochera se suceden unas a otras y, de no poner coto adecuadamente, la alteración y modificación del paisaje será de tal calado que curiosamente lo más significativo de esa arquitectura popular en un conjunto histórico no tendrá más de treinta años.

Estamos de acuerdo que los cascos históricos necesitan vida y adaptación y no abogo en este artículo por eliminar los coches del casco histórico, pero sí considero necesaria la prohibición de cocheras individuales y la regulación más estricta de cocheras colectivas en la próxima ordenanza del Plan Especial del Conjunto Histórico-Artístico. Las cocheras individuales, a diferencia de lo que se sostiene, hacen perder espacio para el uso general y hacen mucho más complicado el aparcamiento al suponer un uso privativo del espacio para un sólo vehículo, existiendo cocheras tan sumamente forzadas en nuestro casco histórico que no sólo precisan de su espacio de entrada a la misma sino también del espacio de la acera de enfrente, lo que supone un perjuicio para el uso colectivo del casco histórico y la vida de éste.

Entiendo que tiene que abrirse el debate y tendremos que decidir si queremos pasar a la historia como la generación de Osuna que no supo entender los cambios a los que estuvo sometida.

 

Marcos Quijada

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