Triunfo de Ventura y Ponce en Osuna en la vuelta de los toros a Andalucía

Galería fotográfica del festejo

La Casona de Calderón

El festejo de ayer no era  un festejo más; La expectación era máxima desde bien temprano en los alrededores de nuestro centenario coso, el pueblo estaba ávido de toros, de toreros, del ambiente que sólo la tauromaquia es capaz de generar. Eso si, tomando todas las medidas precisas que dictan la maldita “nueva normalidad” a la que este dichoso bicho nos ha empujado y haciéndolo de manera encomiable: desinfección y toma de temperatura en los accesos, divididos por tendidos, y mucho “codazo” por saludo. La vuelta de los festejo taurinos fue una realidad de la mano de Antonio Osuna y, como no podía ser de otro modo, en la plaza de su vida.

Ventura mantuvo su idilio con Osuna y se erigió en el máximo triunfador de la tarde cortando tres orejas. Su primer toro salió parado desde el principio. Diego solventó la falta de acometividad del astado poniendo en el ruedo a lo más granado de su cuadra y ofreciendo el espectáculo que el respetable esperaba. Destacó una vez más a lomos de Dólar, sin la cabezada, ejecutando un soberbio par de banderillas. Pasaportó a su primer adversario de un rejonazo certero. Dos orejas. El cuarto, también de su propio hierro, tuvo más celo y permitió a Ventura lucirse en el toreo a dos pistas con varios recortes ajustadísimos por los adentros. Anoten el nombre de Capote que debutó ayer en Osuna y que promete alcanzar cotas muy altas. Con este caballo, el de la Puebla puso banderillas sin cabezada de excelente ejecución mientras sonaban acordes flamencos en la plaza. El toro se paró al final de la faena y dificultó la labor en la suerte suprema. 1 oreja. Ventura volvió a demostrar que está a años luz del resto del escalafón y pisó fuerte en la primera de sus comparecencias de esta temporada.

Para quien no parece que pasen los años es para el maestro Ponce. 30 años de alternativa y la misma ilusión y responsabilidad que en sus inicios erigiéndose en el diestro más anunciado en la vuelta de los toros a nuestro país. El primer astado de Julio de la Puerta se empleó en el peto tras el recibo por verónicas del de Chiva que comenzó la faena doblándose por bajo y sacando al toro hacia el tercio. Destacó al natural y supo conducir la embestida del animal al que mató de media estocada cortando una oreja. El segundo de su lote fue algo más soso; tiró de oficio e inició a media altura el trasteo de muleta haciendo la embestida de un morlaco que protestaba al final del embroque. A pesar de los fallos con los aceros consiguió otra oreja, probablemente, por su disposición y buen hacer.

No se encontró Javier Conde en toda la tarde. El tercero tuvo una lidia algo desordenada que acabó con una segunda pica en el caballo que guardaba la puerta. Cabe destacar el quite del sobresaliente, Jesús Almería, en banderillas cuando el toro apretó hacia las tablas a Reyes Mendoza. No se acopló al astado y cortó la faena pronto con el silencio del respetable. Peor fue lo vivido en el último del festejo. El toro salió con un defecto de visión que le hizo estamparse violentamente contra el burladero del 2 quedando maltrecho para la lidia. Acabó descabellándolo Diego Ventura desde un burladero y recibiendo una atronadora ovación. El sexto bis, número 38 de nombre Martelito, fue el de mejores hechuras del encierro.  Metió bien la cara por el pitón izquierdo en el capote, lo que hizo que se abriera un atisbo de esperanza que se desvaneció tal y como el malagueño tomó la muleta con la que apenas intentó algo. No mereció el de la Valdivia acabar su existencia de este modo. Bronca de antología para el torero y aplausos para el astado en el arrastre.

La afición estuvo a la altura del evento histórico que vivimos ayer llenando los tendidos al 50 por ciento tal y como dicta la nueva legislación. La ovación al romper el paseillo con los sones de la banda municipal de Osuna ( que por cierto sonó de maravilla corroborando que debe ser la que siempre esté presente en los festejos taurinos en nuestro pueblo) fue de las que eriza la piel. Poco más pudimos pedir en una tarde con emoción a raudales que ojalá sea la primera de muchas de aquí en adelante.

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