Tres pueblos (Continuación)

Parejo y Cañero Intermedio fijo

La vida sigue inexorable su destino. En el albor de su existencia, todavía en el inicio de la pubescencia y empujada por la fuerza de la coyuntura, llegó, siguiendo a la progenie, a la segunda estación.

Recostado en la falda de la colina, con raíces de solera de vieja cepa, muestra con orgullo, y como señas de identidad, su cultura, su apostura y elegancia, el pueblo que fue asiento de su juventud.

La forja del carácter, hecha golpe a golpe en el yunque de la adversidad, modeló su «genio y figura» dotándola de un bagaje humano que definió su personalidad no exenta de aristas, a veces erizadas y cortantes, que el tiempo, limando limando en su larga andadura, vino a suavizar.

Genitiva Julia, Urso, Oxona, Osuna, tú naciste de manos iberas en tiempos oscuros de la Historia, y de la memoria humana olvidados. Otros pueblos te descubrieron y te visitaron. Unos, con fines comerciales, otros, con ambiciones imperiales.

Ganada para los propios, fuiste entregado a la Orden de Calatrava y cedido posteriormente a los Condes de Ureña, quienes te dotaron de una rica y hermosa monumentalidad acorde con la dignidad del título, que hoy es motivo de regocijo para residentes y objeto de admiración para visitantes.

Te situaste en un lugar privilegiado, te erigiste en atalaya vigilante, fortaleza defensiva de aguerridos guerreros, corazón vitalizador de la comarca circundante, donde pueblos vecinos te miraron buscando cultura y salud que tú compartiste con generosidad.

Tus hijos, ya naturales ya adoptivos, donde quiera que se encuentren, dirigen siempre a ti sus miradas con amor.

Antonio Palop Serrano

 

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