Tiempo de libertad y pequeñas conquistas

La Casona de Calderón

La definición clásica de libertad dice que es la facultad y el derecho de las personas para elegir de  manera responsable su propia forma de actuar dentro de una sociedad. Hablamos de un derecho humano básico, de un estado o condición de la persona que es libre, que no está en la cárcel ni sometida a la voluntad de otro, ni está constreñida por una obligación, deber o disciplina.

Pero a nadie se nos escapa que también somos seres sociales y estamos destinadas a vivir en sociedad. Vivimos buscando nuestro sitio dentro de nuestra comunidad, que está compuesta por otros seres humanos. Desde que nacemos ya estamos interactuando con otros: nos cuidan, nos alimentan y, en el mejor de los casos, se establece un fuerte vínculo a través del contacto piel con piel. Los seres humanos somos seres sociales por naturaleza y necesitamos el contacto con otros.  Se ha comprobado que cuando nos encontramos bloqueados las relaciones con otras personas pueden ayudarnos a estar mejor con nosotros mismos.

Dicho todo esto, creo que estas dos cuestiones no solo no están reñidas, sino que se retroalimentan. Necesitamos la libertad para sentirnos seres humanos, pero necesitamos compartir y vivir en sociedad para sentir esa libertad.

¿Y por qué en tiempos de pandemia lo ponemos todo en cuestión y confrontamos estos dos conceptos? Porque hemos confundido la libertad con el individualismo. Pensamos que no necesitamos a nadie, que somos autosuficientes y que la comunidad, en lugar de ser nuestra gran aliada para hacer grandes conquistas sociales, es ahora una enemiga que nos roba las oportunidades. Hemos dejado de creer en lo comunitario, en las organizaciones que eran las que les daban continuidad a las ideas y a los valores, en las instituciones que resolvían los conflictos de nuestras convivencia, en definitiva, hemos dejado de creer en nosotros y ahora solo nos queremos a un yo individualista.

Yo, en estos tiempos de egoísmo, reivindico la justicia, que resuelve los conflictos, la policía que nos defiende, los parlamentos que nos representan, los sindicatos que se preocupan por las clases trabajadoras, los colegios profesionales, los partidos políticos, las asociaciones, los gobiernos… todas estas organizaciones e instituciones que creamos para vivir en sociedad y que nos han llevado al progreso y que nos han dado una libertad más segura.

Hoy, en este caos al que nos tiene sometido el virus, nos damos cuenta de que cosas que eran cotidianas y que pasaban desapercibidas son pequeñas conquistas que en algunos casos nos reconfortan. Llamar a tu médico y que te atienda; escribir un correo para gestionar  una prestación y que te contesten; acudir a tu centro de servicios sociales y que la trabajadora social te abra con una sonrisa; que el barrendero pase por la puerta de tu casa, que la cajera del supermercado te cobre la compra; que tus hijos salgan a dar un paseo con amigos… todo son pequeñas conquistas que ayer pasaban sin hacer ruido y hoy son estruendosas conquistas de nuestra libertad que compartimos con todos nuestros iguales. No nos olvidemos de esto, no nos confundamos y sigamos creyendo en lo que somos como sociedad.

José A. Alfaro Manzano

Miembro del colectivo cultural MALAORILLA

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