Sueños ahogados, refugiados invisibles y la crisis humanitaria en nuestras aguas

En el pasado año 2023, la cruda realidad volvió a golpearnos con una cifra, cuanto menos, desoladora. 6.618 personas perdieron la vida en su intento de llegar a España, lo que se traduce en 18 personas que morían cada día en mitad del mar. Detrás de esas 6.618 personas, había 384 niños cuyos sueños se ahogaron en las aguas que rodean nuestras costas. 

Esta cifra, que constituye un terrible recordatorio, evidencia una crisis humanitaria que parece pasar desapercibida en nuestra sociedad. Resulta alarmante observar cómo nos hemos acostumbrados a las tragedias que sacuden nuestras aguas, tratando la pérdida de miles de vidas en ella como algo rutinario e insignificante. Nos encontramos dentro de una sociedad que, año tras año, ha sido testigo de la masacre que viven estas personas en su búsqueda de una vida digna, y aun así apartamos la mirada. En este contexto surge la interrogante de cómo es posible que este dramático aumento en las cifras de fallecidos no haya generado una reacción más contundente y solidaria. Es crucial cuestionar la indiferencia que nos caracteriza como sociedad. ¿Cómo es que hemos llegado a un punto en el que las noticias sobre la pérdida de vidas humanas en nuestras costas no generan la indignación y la movilización necesarias para abordar esta crisis? La apatía colectiva es tan peligrosa como la tragedia misma. 

Es curioso ver como los gobiernos prefieren priorizar cuestiones geopolíticas “de moda” en lugar de abordar una crisis que ocurre frente a nuestros ojos. Estoy cansada de la hipocresía política. Estoy cansada de ver como los partidos políticos prefiera pronunciarse sobre conflictos y crisis extranjeras, y que, al mismo tiempo, ignoren a las más de 6.000 personas que han perdido la vida y sus sueños ahogados en nuestras aguas. 

Es momento de reflexionar y reconocer que la ayuda humanitaria no debe limitarse a las fronteras extranjeras. La solidaridad debe comenzar en casa, en nuestro propio país. No podemos permitir que estas cifran sigan en aumento, y eso implica, no solo señalar con el dedo a otros gobiernos, o a echarse la culpa entre los diversos partidos políticos, sino que juntos debemos mirar nuestras acciones y políticas en busca de una mejor solución.

No creo que haya que abogar por una política migratoria ingenuamente aperturista, pero sí por soluciones integrales. Es imperativo abordar las causas profundas de esta crisis, desmantelar las redes de tráfico de personas y mejorar las condiciones en las que estos inmigrantes emprenden sus viajes. Además, es esencial, garantizar la seguridad e integridad de aquellos que buscan una vida mejor, simplificando y acelerando los procesos de los permisos de residencia.

Recordad. Estos no son simplemente números; son personas que persiguen el sueño de vivir. Es fundamental comprender que, aunque sus sueños puedan parecer diferentes a los nuestros, la esencia es la misma: la búsqueda de un futuro. Nosotros perseguimos sueños a través de situaciones basadas en la comodidad, mientras que ellos arriesgan sus vidas en mares turbulentos. La diferencia es el contexto y el punto de partida. Pero la aspiración resulta ser la misma. 

En este momento crítico, es responsabilidad de todos abordar esta crisis humanitaria, con empatía, acción y solidaridad. No podemos permitirnos ser meros espectadores indiferentes de la tragedia que se desarrolla en nuestras costas. Es hora de despertar, cuestionar y trabajar juntos para construir un mundo donde todos tengan la oportunidad de perseguir sus sueños sin tener que arriesgar sus vidas para hacerlo.

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