Sinónimos

Nuestros antepasados más lejanos eran capaces solo de emitir gruñidos inarticulados, pero estos resultaban suficientes para comunicarse en aquel momento de la evolución humana. Si querías algo, lo señalabas con el dedo y decías grrr. Si te gustaba una hembra no la señalabas con el dedo, decías grrr e ibas a intentar hacer el amor con ella sin más preámbulos; a veces los había, sí, pero estos consistían solo en vencer a otro macho que la considerara suya en ese momento. Ya ven si hemos evolucionado: ya no somos tan animales. 

Los humanos poseemos dos rasgos que nos diferencian de ellos: el desprecio por la conservación de la naturaleza y el uso de un lenguaje elaborado. El primero resulta descorazonador. El progreso tecnológico nos ha llevado, con las sucesivas revoluciones industriales, a tener poder para alterar el medio en el que vivimos, y lo hacemos sin pensar en las consecuencias. Incluso hoy, cuando las pruebas de los perjuicios de la actividad humana en el clima resultan evidentes —por no hablar de la creciente basura espacial—, los grandes poderes económicos del mundo se niegan a abandonar sus fuentes energéticas más perniciosas. El territorio de los países desarrollados ha sufrido en doscientos años, desde la construcción de los primeros ferrocarriles, más alteraciones que en los diez mil años anteriores, por irnos solo al comienzo de la historia de las ciudades. Los animales, que no conocen la avaricia ni la ambición, jamás lo hubieran permitido. 

El segundo rasgo que distingue claramente a los humanos es el uso de un lenguaje rico, muy expresivo. Y este es positivo, hay que cuidarlo, enriquecerlo. Es el medio con el que podemos comunicar nuestras inquietudes y nuestros deseos más complejos. Para comer, dormir y copular nos bastamos con nuestras habilidades animales, pero somos más que animales, a veces para bien. Poseemos poder de abstracción y de verbalizar lo imaginado y para ello necesitamos los órganos de fonación —las cuerdas vocales, la lengua, los labios, etcétera— y ese almacén de palabras que llamamos vocabulario y tenemos guardado en una zona de nuestro cerebro. En auxilio de esa capacidad exclusivamente humana vinieron los diccionarios. Gracias a la tecnología, estos han pasado de estar contenidos en libros enormes, poco manejables, a consistir en aplicaciones instaladas de manera gratuita en un teléfono móvil. A nuestra disposición tenemos el Diccionario de la lengua española. Está editado por la Real Academia Española (RAE) y la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE). Usted que me lee seguramente lo conoce. Estas obras siempre han sido necesarias para el que escribe, un medio imprescindible para comprobar el significado y la ortografía exacta de una palabra. El  Diccionario de la lengua española se actualiza e incorpora palabras y significados sancionados por el uso todos los años. Es muy completo porque recoge también el español de todo el mundo, presente en sus páginas gracias a las preciosas contribuciones de academias de la lengua de América, España, Filipinas y Guinea Ecuatorial. Este año el diccionario de la RAE ha sido especialmente noticiable por la inclusión en esa aplicación descargable de una lista de sinónimos y antónimos de las palabras, que convierte a este repertorio léxico en una herramienta para escribir ya imbatible al haberse transformado en un diccionario múltiple. Ya no resulta preciso consular otro glosario, de sinónimos, cuando uno está escribiendo y no le viene a la mente esa equivalencia léxica que necesita. Es un avance que todos debemos agradecer. A partir de ahora nadie tiene excusa para ignorar que el verbo coger significa copular, fornicar, yacer, coitar, joder o follar —con perdón— en ciertos países de América, o que antes de usar la palabra grande, ya sea adjetivo o sustantivo, podemos usar amplio, ancho, vasto, espacioso, extenso, holgado, crecido, alto, elevado, considerable, enorme, inmenso, gigantesco, ingente, colosal, extraordinario, desmesurado, desmedido, excesivo, exorbitante, inusitado, tremendo, monumental, mayúsculo, grandioso, magno, bueno, bonito, adulto, mayor, corpulento, voluminoso, fornido, magnate o prócer. 

Estamos de enhorabuena: en el mundo que vivimos, rendido a las imágenes y falto de tantas consideraciones ecológicas y humanitarias, las palabras, las más fieles traductoras del pensamiento, son más necesarias que nunca; ahora podremos manejarlas mejor.

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