Un siglo de lo de Talavera – Primer tercio

Crónica sentimental de una ausencia eterna

Parejo y Cañero Intermedio fijo

(Talavera de la Reina, provincia de Toledo. 16 de mayo de 1920. Las calles están engalanadas para los días de fiesta. Niños tras el Ford A descapotable del torero, que hace el corto trayecto desde la estación de tren hasta la pensión. Los hombres que hay en las puertas de las tabernas también miran el rugir del coche, que viene cargado hasta los topes de maletas y fardos.

*

Habitación de la pensión en penumbras. Algo más de mediodía. El sol calienta los tejados entejados de las casas de Talavera. Se oye una conversación que se acerca. El dueño de la pensión les da la bienvenida al torero y a su séquito. Entran en escena Paco Botas –el mozo de espadas, que carga con bártulos diversos, un búcaro entre ellos– y José Gómez Ortega, que canturrea con tono triste los tanguillos aprendidos en tierras limeñas que rememoran la muerte de El Espartero.

“El veintisiete de mayo

es un día ‘revesero’

que en la plaza de Madrid

un toro mató a Espartero…”

A Paco Botas se le cae el botijo de las manos, en el que puede leerse “Joselito”. El barro cocido se parte en mil pedazos. Paco se preocupa por el estropicio, pero el matador no le da la más mínima importancia. Lo mira impertérrito y sigue canturreando

“El veintisiete de mayo…”

Es día de toros en la Plaza de la Caprichosa).

JOSELITO: Paco, me voy a echar un rato en la cama a ver si puedo descansar algo. Lo necesito. Tengo una cosa aquí, en el pecho, que casi no me deja ni respirar. Lo de ayer en Madrid me ha matado. ¡Que me mate un roto, me decían! ¿Habrán malas ideítas? Con lo que uno ha sido, con todo lo que he expuesto y con la de veces que me la he jugado… verme ahora entre pitos y chuflas no lo puedo aguantar más. A esto va a haber que darle un cambio… Aquí hay que poner un remedio. Porque es que tengo una cosa aquí, en el pecho, que casi no me deja ni respirar. Paco, despiértame a las tres.

PACO BOTAS: Claro que sí, maestro. A las tres en punto voy y le despierto. Y no cante usted más esa cancioncilla, hágame el favor, que me pongo malo… Y descanse, que ya verá cómo esta tarde ponemos la plaza boca abajo. Las manos se van a partir de tanto tocarle a usted las palmas. Descanse tranquilo, que yo le despierto a las tres.

(José sale de escena. Paco, dejando los bártulos que ha ido amontonando en la habitación, va ordenándolo todo, poniéndolo todo en su sitio, que hoy está su matador anunciado en Talavera de la Reina con toros de la Viuda de Ortega, en un mano a mano con su cuñado Ignacio Sánchez Mejías. Ha dejado un terno grana y oro sobre una silla de madera).

(Continuará)

Eduardo J. Pastor Rodríguez

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