Sábado Santo pasado por agua

Parejo y Cañero Intermedio fijo

Es la mejor definición de un Sábado Santo que auguraba tormentas y mucha agua y tal que así se cumplieron los pronósticos para tristeza de la Hermandad del Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo, Triunfo de la Santa Cruz y María Santísima en su Soledad y Amargura, que no pudieron realizar su estación de penitencia junto con sus titulares por las calles de nuestra localidad.

Comenzaba la tarde con un cielo casi despejado con nubes cortadas y algún claro que otro en el cielo, pero a medida que pasaba la tarde se volvían a repetir las gotas de agua que por la mañana cayeron, aumentando la cantidad sobre las seis de la tarde, hora en la que la Hermandad tenía prevista comenzar la estación de penitencia. Aún así los nervios dentro del templo de Santa Clara no florecían y la Hermandad preparaba el cortejo tal y como si fuese a salir, organizando a los nazarenos de esta Hermandad, a las Hermandades de Penitencia y Gloria que asistieron y al resto de representaciones políticas, municipales y cofrades a expensas de la decisión de la Junta de Gobierno, que minutos más tarde de la hora prevista, se reunía y tras cinco minutos de reunión extraordinaria, decidían no realizar estación de penitencia por el agua que estaba cayendo como se podía comprobar por todo aquel presente en el templo.

Después de esta decisión, comenzaba el Vía-Crucis que las reglas de la Hermandad estipulan en su defecto al no realizar la estación de penitencia. Un Vía-Crucis en el que comenzaron a levantarse los pasos del Triunfo de la Santa Cruz, que adornado con cuatro hachones de velas negras en sus esquinas y flores silvestres, se aproximaba a las puertas de la mano de sus capataces Rafael Miguel González y Evaristo Bellido. Seguidamente, era el paso del Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo, que, adornado con claveles rojos y lirios morados y con cuatro hachones de velas negras en sus esquinas, se aproximaba a la puerta, guiado por Manuel Lupiañez, capataz del paso.

Cuando se aproximaba la séptima estación fue el paso de María Santísima en su Soledad y Amargura, quien a través de sus capataces, Juan Fernández y Eduardo de la Ossa, asomaban al paso a las puertas de Santa Clara, arrancando unos aplausos en mitad del rezo del Vía-Crucis, por cada levantá del paso, teniéndose que detener el rezo por unos segundos. Un paso que se estrenaba este año, siendo un palio de cajón negro liso con unas borlas negras entre los varales y cogidos a las bambalinas. El paso estaba adornado con claveles blancos en forma de conos en las jarras laterales y con fresias en las jarras delanteras. Destacar los cuatro evangelistas en la parte inferior de los varales, donde también es visible el nombre de las personas que han donado cada varal. Otro detalle, y no menos importante es el llamador, que está compuesto por las torres de San Carlos y Santo Domingo en los extremos y una asunción en el centro, los templos de la parroquia de la Asunción con los que esta Hermandad está estrechamente vinculada. Este llamador realizado en barro por el escultor de María Santísima en su Soledad y Amargura, Marco Antonio Humanes, y bañado en plata por los mismos talleres de Lucena que han realizado los varales, candelería, peana y faroles del paso. Las caídas eran negras con los respiraderos de telas, simulando a algún que otro paso de Sevilla.

Un gran paso para una gran imagen titular de esta Hermandad que no pudo realizar su primera estación de penitencia por las calles de Osuna.

El Sábado Santo terminó con las vigilias pascuales que en todas las Parroquias de Osuna se celebraron, anunciando la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo y la Buena Nueva del Reino de los Cielos.

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