Rogatoria a Consolación

Parejo y Cañero Intermedio fijo

Estimada Consolación:

Las personas que por algún motivo se han visto abocadas a abandonar su patria chica, lo hacen, a veces, con la ilusión de estar en otra parte donde cree poder tener y sentir experiencias prometedoras. Rellena su maleta con enseres personales que pronto se ajarán y desaparecerán, pero, sobre todo, meterá también algo que permanecerá para siempre: Recuerdos  y sentimientos del terruño. En mi caso, encontré en la «expatriación» un asiento acogedor y hospitalario que me ha permitido llevar una vida confortable y plena desde el punto de vista familiar y social, y al que le dedico todo mi afecto. Pero, en mi huida, dejé atrás un lugar, del que me traje un sentir que nunca me ha abandonado. El lugar se llama Osuna, que, aunque no de nacimiento, es mi pueblo por larga estancia, por familia, por formación personal y  por un nutrido conjunto de amigos.

Justifico el anterior preámbulo en el hecho de que tú puedas entender mi actitud de intervenir en el proceso de las obras que se están llevando a cabo relacionadas con la peatonalización de La Carrera.

Aunque con sólo información que me llega a través de publicaciones, he podido ver en las fotos del proyecto que se ha prescindido del bordillaje blanco, tan característico del pueblo y que está presente armónicamente en todas sus calles.

Los bienes culturales, sean artísticos o históricos, son muy apreciados en las sociedades avanzadas. Osuna está repleta de esos bienes porque unas generaciones la crearon y otras se ocuparon de conservarlos, y hoy los ursaonenses exhiben con orgullo ese patrimonio de siglos, un patrimonio del que forma parte su bordillaje blanco. Raro y, me atrevería a afirmar, único, ese bordillaje  constituye una  bandera identitaria para el pueblo.

En nada va  a contribuir la supresión de los bordillos blancos al progreso social, ni  aportará más bienestar o comodidad al bienandante, pues se trata tan sólo de mantener, como patrimonio histórico, una tradición urbana, un bien cultural, cuya eliminación será sin duda juzgada por generaciones del futuro como decisión errónea y volverá a invertir de nuevo dinero y esfuerzo para su restitución.

Pasa siempre. Y para muestra ahí están los hechos de los últimos decenios.  Osuna ha visto cómo sus museos, monumentos, iglesias, casas de notable interés arquitectónico e histórico, han sido restaurados y restablecido su original esplendor.

Y no es por utilidad pública ni capricho, sino interés por la conservación patrimonial que la fuente de la Plaza Mayor haya sido respuesta en su lugar de origen.

La decisión parece estar tomada, pero tú, Consolación, desde tu «Venerable Sitial», puedes concitar al grupo responsable del proyecto a  considerar la posibilidad de introducir en el mismo la conservación de los típicos bordillos blancos.

Te pido, pues, que llames a la reflexión y a la deliberación donde proceda a fin de que, entre todos, toméis la decisión correcta en beneficio de la cultura, la tradición urbanística y de nuestros  paisanos. Y puestos a pedir, creo que no sería descabellado pensar asimismo en la idea que me transmite Jaime Puerta Soto  de reponer los adoquines de granito en la calzada, y añado yo, una vez retocados y adaptados. Significaría el mantenimiento completo de La Carrera de siempre, nuestra Carrera..

Última hora.

He recibido una noticia, no contrastada, pero sí fidedigna, según la cual un sector del Consistorio opina que los bordillos constituirían una barrera visual entre acera y calzada y se optó por la calzada  continua.

¡Bravo! Y en lugar de la barrera visual  colocan una corpórea , los bolardos (según las fotos) que, en el caso de calles peatonales, son inútiles, estorban y afean.

Se trata, pues, respondí al comunicante, de conservar los tres elementos que componen todas las calles del mundo desde hace siglos. En este caso, con la particularidad de que quizá sería la primera calle peatonal, y tal vez la única, que los mantenga en su nuevo estado. Es más, sería otro ingrediente diferenciador, otra seña de identidad para Osuna. Asombraría, por su rareza y estética, a la sociedad ursaonense y a los visitantes, que apreciarían en ello un todo armónico en concordancia con el resto de las calles del pueblo y una tutela de los valores tradicionales en urbanismo, como en otros aspectos, que en los últimos decenios han sido tan respetados. En este sentido, recordemos a un personaje homenajeado por su obra conservadora del patrimonio y que, desde su atalaya en el patio de La Colegiata, estará contemplando las obras alarmado y conturbado.

De llevarse a cabo el mantenimiento de los tres elementos referidos, la Carrera seguiría siendo La Carrera, nuestra Carrera, y no «una calle cualquiera» vulgar y anodina, copia del modelo común de otras ciudades. Es más, Osuna tendría un valor añadido a su peculiar y apasionante belleza.

Afectuosamente,

Antonio Palop Serrano

 

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