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Radiografía de José Antonio Burgos, un emprendedor de Osuna forjado a sí mismo

Dentro de las VII Jornadas de Formación Profesional que organiza en Instituto Rodríguez Marín, de Osuna, los alumnos asistentes pudieron conocer la trayectoria de un joven empresario cuya inquietud le ha llevado a emprender numerosos proyectos.

¡Nos reinventamos! es el título de estas Jornadas que no han podido tener un mejor ejemplo, ya que José Antonio ha ido mostrando una gran versatilidad que ha acompañado de un denodado y constante esfuerzo.

El gerente de Eire Restauración, de 34 años de edad, cuenta en la actualidad con una plantilla cercana a los 30 trabajadores que se distribuyen entre Tetuán Café Bar, Piccola Pizzas Osuna y Five Gates.

Poseedor del título de Técnico Superior en Administración y Finanzas, empezó muy pronto a trabajar en empresas como administrativo y contable. Pasó por el área de Contabilidad del Ayuntamiento de Osuna, la notaría, el Registro de la Propiedad, el Polígono Industrial Las Vegas cuando todavía era un solar de la mano de GAM-GAU y por último, y antes de dedicarse de lleno a sus negocios, en Pérez González Agro Máquinas de la Puebla de Cazalla…

Pero por sus venas corría sangre emprendedora. En la semillería de su padre situada en la calle Santa Clara empezó a familiarizarse con las facturas, los albaranes, proveedores, negociaciones… pero su futuro no estaba ahí. Sus numerosas alergias a todo el género que su padre vendía le hicieron buscar su futuro por otros sectores.

Siendo todavía estudiante, participó, como tantos compañeros de la época, en la caseta de feria que el Instituto montaba en la Feria de Mayo para recaudar dinero que posteriormente se destinaría al viaje de fin de curso. Y ahí comenzó su idilio con la restauración.

Su modus operandi al principio se basó en tener un trabajo estable y en dedicar sus horas libres (llámense horas libres a las que un joven suele destinar al descanso y al ocio) a emprender. A emprender en un principio como hobby.

Empezó a montar casetas, ya desligado del Instituto y se embarcó junto a su hermano Federico en La Tertulia, donde su padre les tuvo que firmar el contrato de alquiler porque por entonces no habían cumplido aún los 18 años. Allí les sorprende una crisis inmobiliaria a nivel nacional que les obliga a cambiar de local y se desplazan hasta el Latino, donde actualmente se ubica Piccola Pizza Osuna.

José Antonio Burgos realiza su intervención en las VII Jornadas de FP del Instituto Rodríguez Marín

Entonces el hobby de meterse detrás de la barra los fines de semana dejó de serlo y se transformó en un negocio abierto todos los días de la semana.

Cuando José Antonio Burgos cumplió los 24 años decidió dejar de trabajar para otros y centrarse en su propio negocio.

A medida que el tiempo avanza, su agenda de contactos va creciendo de manera exponencial a sus ganas de afrontar nuevos retos. Comienza a hacer eventos de manera puntual, abre la discoteca de verano… y, de repente, dos italianos le proponen abrir una pizzería.

En la calle Esparteros obtuvo la licenciatura de la vida. La mejor enseñanza que se ha convertido en la base de todo emprendedor. A una piedra grande le sucedía un obstáculo mayor. Justo antes de abrir la pizzería, los dos italianos se pelean y José Antonio se quedó ¡¡con el que no sabía hacer pizzas!!

La hora de abrir se demoró hasta que pudieron encontrar a otro pizzero y al cabo del tiempo descubre que este ganaba más que él, que era quien arriesgaba su dinero y quien dedicaba al negocio mucho más tiempo. A los cuatro meses de la apertura, tuvo que cerrar.

“Yo daba trabajo, pero no ganaba dinero”. En aquel tiempo compaginaba su trabajo de contable en La Puebla de Cazalla con el pub Latino y con la Pizzería. Apenas podía descansar.

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Llega el punto de inflexión, el momento definitivo para tener que decantarse. Si tiene una pizzería, tiene que aprender a elaborarlas. Abandona el contrato por cuenta ajena y vuelve a tomar las riendas de la discoteca de verano de donde surgen nuevos socios con los que abrirá un bar de tapas. Nace Tetuán. Se empieza a gestar Five Gates. Arriban hasta la Plaza Mayor de la localidad con un bar homónimo.

Empieza la diversificación y José Antonio Burgos y sus socios toman caminos diversos.

Plenamente responsable de que detrás de cada puesto de trabajo hay una familia que depende de él, invita a no despreciar las ideas por pequeñas que sean, “siempre puede surgir algo”.

José Antonio Burgos, que se autodefine como “inconformista”, no sabía nada sobre el negocio de las tapas y tiene Tetuán Café Bar; no sabía lo que era check-in/check-out y tiene Five Gates; no sabía hacer pizzas y tiene dos locales de Piccola Pizzas Osuna.

La vida y los negocios pueden asemejarse a una bola de masa de harina, aceite, agua, levadura y sal. Si se amasa con cariño, sabiduría, empeño, esfuerzo, trabajo y un firme propósito se puede conseguir mucho con muy poco.

Álvaro Reina

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