Que se acabe pronto

A Gaelia no le gusta la Navidad. Me cuenta que está deseando que pasen estos días llenos de ausencias. Reconoce que no sabe cuál es el origen de su fobia. Dice que desde hace años se le hace difícil tener que enfrentarse a las reuniones familiares en torno a una mesa, a los caprichos de los niños, a las compras compulsivas en centros comerciales abarrotados, a los villancicos machacones, a la estupidez de encender las luces de Navidad de algunos lugares, en el mes de noviembre. Toda la liturgia navideña empieza apenas cambiamos al horario de invierno, se alarga hasta después de Reyes. En cuanto nos amputan una hora de nuestra vida, nos atacan los anuncios televisivos de perfumes, de turrones, de bisutería envuelta en oropel y de sillones vibradores. Personalmente creo que Gaelia a lo que le  tiene miedo es a remover viejos recuerdos, viejas emociones que nos acercan a nuestra infancia porque en su infancia la Navidad duró muy poco. Con muy poca edad se esfumó la magia de la noche de Reyes porque un hermano mayor le descubrió la verdad. La vida en el extrarradio no daba para muchas fantasías y funciones de media tarde, excepto las que traía Manolita Chen con su teatro Circo Chino, precisamente en Navidad. No se adapta a la verdad del fin de año y lo pasa peor desde que sus padres no están en este mundo. Las ausencias están más presentes que nunca en estas reuniones y todavía no sabe cómo hacer para que la presencia de los ausentes no acabe por fulminar los momentos más entrañables. La realidad cotidiana parece que se esfuma estos días y hay a quien le cuesta separarse de ella.

Me cuenta Gaelia que quisiera dormirse profundamente y amanecer en un siete de enero resplandeciente, con su subida del precio de la bombona de butano, con sus menús de garbanzos y huevos fritos,  con sus mañanas de domingo de café con leche y churros. Gaelia me regala tantas cosas que no puedo pedirles nada más a los Reyes Magos.

Que sean ustedes muy felices en 2023.

 

© Juan Zamora Bermudo

 

LUCES Y COLORES

Jugando tras los cristales como otros niños. Creciendo tras los cristales como otros chavales. Trabajando tras los cristales como muchas otras personas. Viviendo tras los cristales como miles de seres humanos. Saliendo del hospital días después de la operación ocular, ya sin mis gafas y sin miopía magna, vi que el mundo es verde, azul o rojo.

 

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© Gaelia 2022

 

Imagen: José Luis Algarra Rubio (gracias)

Twitter: @gaeliadeideas

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