Por debajo de la mesa

Parejo y Cañero Intermedio fijo

El sábado pasado, en la final de la Copa del Rey, asistimos a una de esas estampas memorables. Tres dirigentes políticos, entre ellos el presidente del Gobierno y dos presidentes autonómicos, además de nuestro monarca, disputaron una partida de futbolín ante la atenta mirada del resto de autoridades. No se me ocurre mejor manera de reivindicar la marca España que haciendo uso de uno de los mejores inventos patrios. Ese cuadro costumbrista apela a los sentimientos de cualquier español que haya crecido levemente desapegado al mundo de los cables y el joystick.

A mí, por lo menos, la imagen me transportó a una de esas noches de Quesería, donde el ruido metálico de la pelota revoltosa se empasta con el de la música. ¿Es un rey de mesa? Una moneda de un euro sobre la superficie de madera. ¿Vas tú abajo? Dos toques en el filo antes de poner la bola a circular en el terreno de juego. Cara de concentración. Gol. Sorbo a la birra o al cubata. Un flipado hace malabares con los delanteros, mueve el esférico entre los muñecos. Aparece un curioso. ¿Cómo va? Otro gol. Choque de manos. Sorbo. Mueven una ficha del ábaco. Déjame ahora arriba. Eres malísimo mamona. Tu puta madre. No vale molinete. Quien entra paga, ¿eh?

Y así horas y horas, cervezas y cervezas. Tengo un amigo que dice que cuanto más borracho, mejor se juega. No lo sé, pero lo que sí está claro es que un deporte que se juegue en un bar solo podía ser un invento español. No hace falta estar en forma para practicarlo, pero lejos de lo que pudiera parecer es un juego muy competitivo. A nadie le gusta que le humillen en un bar, menos aún si está mirando alguna niña, menos aún si llevas algunas copas encima. En alguna partida se ha llegado a las manos, en alguna otra se ha apostado más de la cuenta.

En esta semana en la que hemos desempolvado un romanticismo que nos habíamos olvidado en la guantera del tiempo para levantarnos y luchar juntos por nuestro fútbol, da la casualidad de que también hemos reivindicado el futbolín y la sobremesa. Han sido siete días en los que nos hemos acordado de que incluso para algunas cosas sigue habiendo un ‘nosotros’. Por mucho que nos empeñemos, no somos tan diferentes como nos gustaría serlo o como les gustaría a los que hacen por enfrentarnos.

Sinceramente creo que le debemos mucho a Florentino Pérez, que se ha erigido como el mártir de esta reconquista de los valores nacionales. Primero por recordarnos que siempre nos quedarán los chiringuitos, luego por arrancarse por Puchito con su: “No te escucho Ua Ua Ua”, a sabiendas que nosotros replicaríamos con un: “Me maten si no pueden entrar” y, por último, aunque no lo reconozca, por pasar por debajo de la mesa de futbolín. Así somos en este país. ¿Alguien se echa un pierde-paga?

Santi Gigliotti
Twitter: @santigigliotti
Fotografía: Marca.

 

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