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Pinceladas acuarelables tras una granizada monumental

Pinceladas acuarelables tras una granizada monumental

Monumental. Fue monumental. Los inocentes mirando al Inocente.

Todas las iglesias y conventos de Osuna se convirtieron el Jueves Santo en Monumentos de un Dios vivo y presente que, además, quiso salir a la calle.

¿Tarde desapacible? Tarde gloriosa y monumental, cirios y ciriales encendidos, candelerías rebosantes de ilusión y de vida.

Monumental, volvió a ser monumental la petalada amorosísima a la Dolorosa Mercedaria en su salida.

 

Los recorridos miraron décadas atrás. Jesús Caído a la Plaza Mayor por el camino más corto y la Humildad desde aquí hasta el Convento por la calle Sevilla.

En el cortejo de Jesús Caído hubo un guiño cariñoso a la figura del Campanillero, nueva mirada atrás.

Y la mirada al futuro la aportó la Soledad, esa que nunca va sola, que regala y dona vida. Infunde tanta vida que nos hace respirar más y más fuerte para coger fuerzas para todo el año.

Jueves Santo en Osuna. Los Palacios debió quedarse en soledad porque todos sus hijos venían tras nuestro Cristo Atado a la Columna. Nueva mirada atrás, siempre buenas bandas tras la Columna.

Monumental, el ritmo de Jesús Caído fue monumental. Siempre a compás, como un dijo un joven Caído de dinastía: …”a compás, / con el izquierdo por delante / y el derecho por detrás”…

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Jueves Santo para el recuerdo. “Calle Carmen, calle Cristo. / Cristo mirando a su Madre. / Madre mirando a su Hijo”.

Penitencia morada tras la túnica bordada. Cruz velada de Jueves Santo. Y la palmera del Bacalao, que no se movió en toda la noche, no sabía para dónde mirar: si a la elegancia de la Soledad o a la gracia de Gayón.

Lo primero es la humildad, lo segundo es la humildad y lo tercero es la humildad, San Agustín dixit.

Fotografías: José Manuel H., Juan de la F., Á.R., A.M.

Vídeo: Juan de la F.


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