Panorama cultural

Parejo y Cañero Intermedio fijo

En la vigésimo cuarta edición del Festival de Cine de Málaga, finalizada el domingo pasado, fue presentada, y premiada, la película Las consecuencias, de la directora venezolana Claudio Pinto. Se trata de un film rodado principalmente en tierras canarias, de carácter intimista y perteneciente al subgénero que podríamos llamar thriller emocional. Entre los profesionales que lo hicieron posible, jugándose, literalmente, el tipo en la accidentada geografía de la Palma, se encuentra la ursaonense Paula Espuny, que ve así reconocida, de nuevo, su entrega al mundo del cine y las artes en general. Paula trabajó en esta coproducción española, belga y neerlandesa como decoradora integrada en el equipo del prestigioso director artístico Floris Vos (1963-2019). Las consecuencias ha recibido en el festival malagueño la «Biznaga de Plata Premio Especial del Jurado de la Crítica»  y la «Biznaga de Plata a la mejor Interpretación Femenina de Reparto», para la debutante María Romanillos.

Maite Vroom, artista granadina de origen neerlandés afincada en Málaga, expone en la galería malagueña La Casa Amarilla (Calle Santos, 7). El título de su instalación, ciertamente de carácter expansivo —lleva el gen del crecimiento imparable en su concepción misma—, es Raising Rabbits: An uncertain collection. Partiendo de la condición extraordinariamente prolífica de estos dóciles animalitos, la artista parece haber descargado todo —bueno, todo imposible—, parte del contenido de su mente relativo a la preocupación que muchos tenemos por archivar, guardar cosas de manera más o menos ordenada, archivos que pronto desbordan la extensión imaginada y amplían sus criterios de selección, dándose el caso de hallarnos ante un monstruo de dimensiones inmanejables que a menudo condiciona la distribución y la comodidad de la casa que habitamos. Uno puede pasar horas contemplando la exposición de Vroom, entretenido en la observación de las innumerables obras que la constituyen —óleos, grabados, acuarelas, acrílicos, frases escritas en la pared misma de la sala—, muestras de una gran habilidad para el dibujo y la pintura y de una desbordante fantasía. Se trata de una instalación creada para un lugar concreto — site specific— por lo que resulta irrepetible e irreproducible en toda su extensión. La fotografía que acompaña este artículo, en la que no puede apreciarse la minuciosidad con la que han sido concebidos sus distintos elementos, tiene, por ello, un carácter solo parcial. La exposición acaba el 24 de junio.

Una de las poblaciones andaluzas más sorprendentes por su configuración urbanística y por el aspecto que presenta en pleno siglo XXI es El Puerto de Santa María. La primera de las características citadas se comprueba al mirar el trazado de las calles de su centro histórico, en el que no parece haber muestras del caprichoso entramado medieval. Posee un plano de carácter ortogonal que recuerda poderosamente el de poblaciones de nueva planta. Esto, unido a una supervivencia excepcional en número de viviendas particulares de siglos pasados, principalmente casas de los llamados cargadores de Indias —construcciones que aúnan necesidades comerciales con un modo de vida suntuoso—, producen la sensación al paseante de encontrarse, en ciertos momentos, caminando por La Habana, impresión que se acentúa por el estado de abandono de muchas de las construcciones. La visita a esta población gaditana, salida natural e inmemorial de todos los productos jerezanos y entrada de mercancías americanas, deja en la boca del paseante sabor dulce de la otra orilla y gran incertidumbre acerca de las vías de conservación de su excepcional caserío. Allí, en un caserón de la calle Palacios, ultimó Washington Irving sus Cuentos de la Alhambra. En el Puerto nacieron Pedro Muñoz Seca y Rafael Alberti —¡qué distintas las dos Españas y qué contumaces, empeñadas aún en darse de garrotazos!— y también en el Puerto, Puerto de Santa María, en la calle Virgen de los Milagros, entonces llamada Larga, vivió con su familia Blas de Lezo y Olavarrieta, aquel hombre célebre por su arrojo y su determinación. Me quedo con la estampa de Washington Irving —botas altas, levita, corbata de lazo, aún joven y espigado— paseando por la orilla derecha del Guadalete mientras medita, emocionado, los finales de sus cuentos.

 

Imagen: Raising Rabbits: An uncertain collection, instalación de Maite Vroom en La Casa Amarilla (Málaga).

 

Víctor Espuny

 

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