El Gazpacho de Morón

El sábado 4 de Agosto de 2012 y en Morón de la Frontera, se celebró la XLVIª edición del “Gazpacho Andaluz” que junto con “El Potaje de Utrera” son los festivales de arte flamenco más antiguos de España.

Esta semana en “El ojo crítico”, programa cultural vespertino de RNE, ni lo nombraron.

Que yo sepa, TVE tampoco ha dicho nada sobre el acontecimiento.

La cosa no tendría mayor importancia, si a lo largo del año uno no escuchara las cosas que escucha, de boca de señores periodistas, que no se si reciben el texto escrito o lo escriben ellos, no sabemos si por cuenta propia o ajena, léase productoras o editoriales, subiendo a los altares a supuestos maestros del cante.

Lo que está claro es que los aficionados nos quedamos cuando menos, perplejos, ante tales “canonizaciones”, sobre todo por lo que de olvido supone (y a nuestro entender falta de respeto) a los verdaderos valores y maestros, que cultivaban esta manera de hacer música de forma pura, extensa e intensa con respeto a las esencias del cante.

Aunque en muchos casos los propios intérpretes no lo supieran, esta música está más cerca de Mozart, de Beethoven o Cole Porter que de las “mediocridades flamencas” que se oyen y se promocionan porque dejan dinero.

Nos guste o no, el Cante es minoritario.

Muy minoritario.

Y para catarlo en condiciones hace falta bastante más que haber ido tres veces a un “flamenquito”, en esos locales que montan los hijos tiesos de ciertas familias de Madrid, a las que papá les dejó una nave para que lavándole la cara, la convirtieran en un casi-teatro de variedades, a medias con algún camello.

El Cante Flamenco es mucho más serio que todo eso…y que toda esa gente.

 

La presente edición de “Gazpacho”, dedicada al gran aficionado D. Alfonso López Barroso, ha sido al mismo tiempo un homenaje a Diego del Gastor, probablemente el guitarrista más singular y con sello más personal, que haya dado la historia, a decir de gente como Paco de Lucía.

Un músico en estado puro.

Tanto la primera como la segunda parte del espectáculo, fueron abiertas por las guitarras solistas de Saúl Cabrera y Paco del Gastor.

El primero alumno del segundo, y éste alumno, sobrino y continuador de la escuela de Diego, junto a su hermano Juan, sus primos Diego de Morón, Agustín y una larga estela de Torres, Amayas y Flores, así como otros guitarristas consagrados entre los que merece nombrar a Raimundo Amador o su hermano Rafael, que hacen las cosas de Diego como si hubiesen mamado la música de los propios pechos de Diego.

Saúl Cabrera es un guitarrista que se ha gestado poco a poco, sin hacer ruido, recogiendo los toques de Melchor, de Utrera, de Jerez y por supuesto de Morón, y el resultado está ahí.

Escúchenlo.

En la primera parte también actuó otra gran guitarra solista: Antonio del Gastor.

 

De Paco del Gastor ¿qué podemos decir?

Toda su vida acompañando a los más grandes, oyendo a los más grandes y viviendo entre los más grandes.

Y es que Paco es de los grandes, sencillamente.

Hemos escuchado el cante de Mari Peña, de José Valencia, de Jesús Méndez, de Antonio Reyes y hemos visto el baile del cuadro de Pepe Torres.

Los aficionados lamentamos que una manifestación artística con una raigambre y una pureza como tiene “El Gazpacho Andaluz”, que anualmente se celebra en Morón de la Frontera, pase desapercibido para los programas culturales de TVE y RNE, especialmente para “El Ojo Crítico”, dada la muy alta calidad que tiene.

Pero en fin, a la mejor costurera se le escapa un hilván.

Pero…

 

Por más vueltas que le doy

No me queda más remedio

Que seguir siendo quien soy.

 

José Mª Sierra

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TV Interactiva

 

Que la televisión actúa sobre el personal es algo evidente, y se llama evidente a aquello que no requiere demostración.

Basta ver cómo se visten, saludan, hablan y en general se comportan nuestros adolescentes y jóvenes, los cuales en vez de estar educados por sus familias y sus maestros, en la mayoría de los casos están adocenados, que no educados, por la televisión made in USA o la española con guiones copiados de los yankees.

Pero hubo un tiempo en que la cosa no era así.

La televisión sólo emitía unas cuantas horas de la tarde y de la noche y… hasta mañana.

En aquel tiempo los chavales hablábamos con y como nuestros mayores, teníamos unas costumbres como las de nuestros mayores, comíamos “ardoria” y “papas en paseo” y no sabíamos lo que era una pizza.

No sabíamos qué era el feminismo ni el machismo y todos éramos traviesos pero respetuosos.

El resto de los problemas de nuestra sociedad (desigualdades económicas, sociales, políticas, culturales, etc.), eran los mismos, aunque ahora hayan empeorado cuantitativamente.

Pero quiero referirme a aquella televisión y aquellos tiempos con el amor y el humor, el cariño y el desenfado amable que me trae la memoria de mi abuela sentada a la camilla con el televisor enfrente.

Era ésta una mujer nacida en la penúltima década del siglo XIX, escasamente letrada, pero de una importante inteligencia y astucia natural, que gustaba disimular y encubrir exhibiendo una sordera que no tenía, y que unida a sus muchos años, le facultaban para (siempre dentro de su círculo) ponerse el mundo por montera y simplemente hacer lo que le daba la gana.

Digo pues, que mi abuela se sentaba en su camilla teniendo buen cuidado de poner inmediatamente delante suya, entre ella y el televisor, una pantalla de cartón de casi un metro de ancha por unos 80 centímetros de altura, porque… “no quería que la vieran esa gente que hay ahí dentro, que son todos unos chusmas”. “Ahí no hay mas que chusmerío. Están todos liaos unos con otros. Ahí no hay vergüenza, y no me da la gana que se metan en mi casa”.

Había una excepción con la pantalla de cartón:

Era el Telediario.

Cuando sonaba la música de sintonía y aparecía el globo terráqueo dando vueltas, mi abuela quitaba el cartón.

El presentador daba las buenas noches al comienzo de la edición, mi abuela le contestaba, y siempre comentaba: “Ese hombre si es muy educado, pero los otros…que quieres que te diga: Son chusma. Pa mí que están tos liaos unos con otros”.

Pero la curiosidad, que tan vinculada está al cromosoma X, le traicionaba un día sí y otro también.

Rara era la vez que no la cogíamos mirando por el lateral del cartón, y al notarse descubierta disimulaba haciendo ver que se le había caído algo.

¡Qué arte!

Su razonamiento nunca expresado, era muy sencillo:

-Si ella, mediante aquel aparato podía ver a aquella gente, ¿por qué razón, aquella gente no iba a verla a ella, si el aparato era el mismo?

Elemental, querido Watson.

El cartón era la trinchera que defendía su intimidad de las miradas indiscretas de aquella gente extraña, que por culpa de alguien de la familia que había enchufado aquello -ella no sabía encender el aparato- se había colado dentro de su casa.

Hoy día, la televisión va a casa de la gente llamada por la gente, y a través de los agentes les paga cantidades de dinero ingentes, para mercadear con sus intimidades, según tarifas vigentes.

Hemos hablado de la influencia que la televisión ejerce o ha ejercido sobre el ciudadano, pero pensándolo bien, caemos en la cuenta de que el ciudadano sólo puede hacer dos cosas con la televisión: Encenderla o apagarla.

Medítenlo, porque el asunto puede ser urgente.

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Telegrama

(Dactilógrafo. De Benedetti)

 

La infancia es un privilegio de la vejez.

No sé por qué la recuerdo hoy

con más claridad que nunca.

Mario Benedetti.

 

a mi amiga Silvia Romero,

escenógrafa y lectora.

 

Madrid diez del mes julio

mi infancia era blanca y olía a noche mojada

de una blancura limpia y libre

señor presidente en este telegrama su tiempo es oro

yo descubrí del amor en los libros

leyendo mañanas tardes noches

y del valor de la palabra lealtad

mucho antes de cerrar los ojos

le hago llegar un par de opiniones propias disculpe mi atrevimiento

ya había yo comenzado a soñar

pues al ser obediente aplicado

esperaba al final del libro

para leer la última página

mi papá entraba con su pasito corto

su olor desprendía diezhoras servicio sindescanso

encendía la luz y qué tal en la escuela

el Ministerio de Sanidad nos anuncia que

o estás con nosotros o ahí te quedas

y tras marcharse reanudaba mis sueños

y aguantaba en pie hasta el decimoquinto asalto

y desayunaba con el señor Holmes exponiéndole mi problema

y la sombra del castillo de If iba quedándose atrás atrás

mientras en mi boca tan solo existía el nombre de Mercedes

sin embargo y pese a todo

ustedes también tienen un corazón bajo la camisa ministerial

y todo aquel mar era azul y dorado

y el miedo un gigante de un solo ojo

la segunda opinión escueta breve

era tan blanca tan libre la noche

sintiéndonos dueños amos de la calle

hasta altas horas de la madrugada

con nuestros juegos del pañuelo y el esconder

contaban hasta veinte y todo el mundo a esconderse

los mineros no piden caridad ni clemencia

apostábamos quien sería descubierto primero

y nuestros nombres nunca salían a relucir

tan sólo que se cumpla lo acordado

ya que quedaban conmovidos ante nuestras caricias

al refugiarte conmigo en el silencio de mi escondite

mi infancia era blanca y olía a noche mojada

muy señor mío ya lo dijeron otros y aquí no hay disculpas

a hierbabuena y a siesta

usted está para el pueblo no viceversa

a romero y amaneceres

saludamos a usted atentamente

y a descubrir el valor de las palabras.

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Yo me acuso

Hace doce mil años el Homo Sapiens cazador-recolector alcanzó su edad de oro y su máxima aspiración era el sedentarismo y una choza de piedra en las fértiles tierras de Oriente Próximo. La economía consistía en quedarse quieto en el mismo sitio antes de comer y en no alejarse demasiado antes de beber agua. Hace cuatro años el Homo Listo cazador-recolector-especulador, el denominado Homo Muchoparamí, con sus activos tóxicos, su depredación dineraria a mansalva y la connivencia política, instauró una edad de plomo y lodo sobre sus congéneres, igualmente mortales.

Hace doce mil años lo económico, lo material, se planteaba como una búsqueda de la domesticidad con la cobertura de las necesidades básicas sin moverse mucho de aquí para allá. En muchos lugares de África en la actualidad ni siquiera todavía viven en el Neolítico de la edad dorada.

No pretendo ser Émile Zola y no me dirijo a nadie en concreto. Me dirijo a mí y tomo asiento reflexivo como acusado. Yo me acuso con nombre, apellidos y rostro de la miseria en el mundo. Asumo mi parte alícuota de responsabilidad de la pobreza y pobreza extrema de cualquier latitud. Libro del trance a gobiernos y gobernanzas, ya han sido suficientemente vapuleados desde todas las tribunas y foros fiscalizadores y acusatorios. Reconozco mi patología occidental con su sintomatología característica: acomodamiento, indolencia y pereza intelectual. Soy un burgués y funcionario recortado del Estado-Banco endeudado hasta las trancas. Yo me acuso de mi compromiso burgués, basado casi exclusivamente en la inescrupulosa prosperidad material, porque en ella seguramente radica una millonésima parte de la muerte de hambre de un niño africano y de que muchos de mi misma especie ni siquiera puedan vivir en el Neolítico en pleno siglo XXI. No obstante, a pesar de la acusación que me hago, estoy pensando en que una casa domótica no estaría nada mal para un futuro no muy lejano y enseguida caigo en la cuenta de que me estoy acusando con nombre, apellidos y rostro de abyecto proyecto burgués occidental, que con su genética economicista, explotadora, hipócrita, ha asolado a muchos seres humanos, ha esquilmado muchas tierras fértiles. Mi autoquerella, en un momento dado, puede parecer palabrería, demagogia dialéctica, bizarría sin peligro; fingimiento de buen burgués mojigato. Pero eso no me preocupa, lo que realmente me preocupa en mi fuero interno y me da grima y me echa a temblar es a qué estaría dispuesto a renunciar, sin levantar la voz contra los gobiernos y el sistema financiero. De qué me despojaría sin sensación de robo, estafa, defraudación o desahucio. Qué estaría dispuesto a sacrificar, a dar literalmente, yo que solo consigo acusarme con las palabras, las mismas que dicen en las cartas magnas: el derecho a una vivienda digna, el derecho a un trabajo digno. Y no me estoy refiriendo a lucidos gestos caritativos: donar unos cientos de euros a una maravillosa ONG. Colaborar en una campaña de recogida de alimentos, ji ji ja ja, rodeado de fotógrafos. Participar en una gala benéfica por la depauperación oficial y la sobrevenida. Me planteo, acongojado metafísicamente, qué estaría dispuesto a ceder, a transferir, como si fuera una Transición moral individual; un contrato ético personal, ya que el social de Rousseau, por momentos, se nos está yendo al garete. Lo siguiente, cuando la conciencia se pone de pie y empieza a caminar peregrina y desnuda, es presenciar en derredor la misma mojiganga respetable en medio de la tragedia, de muchas tragedias anónimas. Y de cómo están vibrando con ahínco los resortes de una época, un modo de vida, una civilización, que parecían haber disipado todas las dudas con el raciocinio, el progreso técnico y los derechos universales. Qué frágiles éramos: unos activos tóxicos estadounidenses, las felices finanzas incívicas, la crisis del euro, la prima de riesgo, nos han hecho recuperar la angustia, la náusea, la inconsistencia de la existencia. El péndulo de la Historia y la codicia de los que la escriben nos han hecho pasar otra vez por arte de birlibirloque del vitalismo del Renacimiento al pesimismo del Barroco. De La primavera de Botticelli al Finis gloriae mundi de Valdés Leal. Ahora toca ser fuertes. Desenmascararnos y arrojar a la hoguera de las vanidades los lujosos ropajes del baile de disfraces al que nos invitaron. Sí me gustaría, por una correcta administración de justicia humana, que se le pusieran nombre, apellidos y rostros a los multimillonarios especuladores, ricachones camastrones y logreros desaprensivos, que como yo, están contribuyendo a que la gente se muera de hambre desde hace muchísimo tiempo, un tiempo que ya da asco, repelús y zozobra. Un tiempo al que le sobran horas de crueldad y mentiras y le falta la sincronía de la verdad.

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Ya veo carpantas volanderos

El Espartero lo dejó dicho: “Más cornadas da el hambre”. Y es que sobrevivir con la tripa vacía es cosa seria. En el episodio del queso y los ratones del “Lazarillo de Tormes” la intención no es hacer reír a los lectores (aunque lo hagamos) sino regatear las putadas que le hacían pasar los amos clérigos (vaya ganado) para llevarse algo a la boca. Astucia obligada de Lázaro para sobrevivir entre falacias, estafas y abusos de los mayores terratenientes occidentales que aún siguen sin pagar impuestos.

De niño en Osuna me gustaban las historietas de “Carpanta”  (“hambre violenta” según traduce la Real Academia de la Lengua) quizás porque lo identificaba con los menesterosos del entorno y por eso maldecía la sagacidad de los aprovechados que escudriñaban el último pliegue de la naturaleza humana con tal de que no hincara el diente.

Cervantes o Quevedo habrían enriquecido el excepcional relieve literario de “La vida del buscón” o “Rinconete y Cortadillo” con sus habilidades ingeniosas. Historias de  muertos de hambres y holgazanes vividores no subvencionados (tenía su mérito) que subsistían del trampeo y el engaño en una tierra que poco o nada ofrecía.

Menudos eran los amos entonces: Régimen militar, caciques (que ni comer espigas verdes te dejaban) y la cómplice y atrófica para según qué cosas, Institución Católica por los siglos de los siglos. No había más, o vomitabas por Despeñaperros o ahí te quedabas buscándote la vida a salto de matas silvestres dentro del perímetro rural. 

Los pícaros de antes vivian a espaldas de órdenes impuestas, pero mala leche no tenían, solo algo de cinismo granujilla para satisfacer el puro instinto de supervivencia y nada más. Admirable el estoicismo de algunos para aparentar lo que no querían ser, genial el humor surrealista para mofarse de su propia gazuza: “Me comería la plaza de toros llena de papas fritas”.

La riqueza y los recursos naturales seguían siendo  patrimonio del poder establecido y se gestionaban en el ámbito oscurantista. Poco importaba más que conservar la vida fastuosa y el aumento del patrimonio artístico. He ahí la génesis del poderoso cada vez más  poderoso y del bajo rango social de los pícaros callejeros que agotaron su vida dando bastonazos por los cabos de barrios.

Algún amable lector me recriminará  por el manido argumento hasta ahora del artículo, mis disculpas tendrá, pero, lo que son las cosas. Por una extraña mutación genética la picaresca del Siglo de Oro se consagra en cierta casta de políticos y despiadados banqueros de este siglo nuestro de la crisis.

Han heredado el gen rufianesco más malvado y apañaos vamos. “A ver qué Carpanta o lazarillo le hace un quiebro a estos que además no son ciegos”: Políticos honrados, solo antes de llegar al poder, mafiosos de la banca que se quedan con tu casa y debes socorrerlos, o representantes de la Iglesia que actuán contrariamente a como manda la Biblia. ¿Qué burlería es ésta? diría Rodriguez Marín.

Ya veo carpantas volanderos y bolsas de pobreza en un pais desarrollado. ¡Lo siento! Admito el pesimismo y quisiera no pensar en la sopa boba de los grajos con sotanas pero no sé cómo hacerlo. Con el delirio recortador de estos amos me preocupa hasta la “Desesperación de Espronceda” ¡Uf…!

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Marilyn Monroe: otra más

 

Leí hace semanas en El Pespunte, la exquisita colaboración de Francis López Guerrero acerca de Marilyn Monroe, y con motivo de la misma, me vienen a la memoria la cantidad de documentales, reportajes, artículos, etc. que se han escrito sobre esta pobre mujer y el drama de su vida, su infelicidad y sobre todo de su muerte.

Su historia es la de una persona desgraciada hasta decir basta.

Parecía el personaje de una tragedia griega, en la que el destino no le diera oportunidad de escapar de la misma.

Pero mirando con cierta distancia “terapéutica”, su caso sólo fue otro más entre los miles y miles de personas a las que la genética y la educación en forma de “drogas” químicas y no químicas (una escala de valores equivocada), les juegan la mala pasada de arruinarles la vida.

Sobre la primera no tenemos nada que hacer, cuando nacemos la llevamos puesta.

Pero la educación podemos controlarla. Claro está que para esto, lo primero es revisar la escala de valores.

Esta mujer se debatió entre Norma Jean y Marilyn, entre la esencia y la apariencia.

Cualquiera que conozca minimamente el proceso de deshabituación y rehabilitación de un paciente de este tipo, lo primero que debe aprender es a decir NO.

Ante todo y sobre todo No a la doble vida, No a la cultura del escaparate, de la apariencia.

Buscaba amor y tenia que conformarse con sexo compulsivo.

Todos la adulaban, pero nadie la quería.

Necesitaba la autoafirmación diariamente. Todos sus actos les eran insatisfactorios, y todos conducían a las drogas, legales (barbitúricos, benzodiacepinas, neurolépticos), pero drogas al fin y al cabo, que sólo la evadían mientras estaba somnolienta.

La espiral ya estaba más que avanzada, aunque aún había posibilidades de salvación, con la condición sine qua non de salir de Holliwood y su personal.

Aquí en España hemos tenido ejemplos de famosas, calcados del de Marilyn, tanto en desarrollo como en desenlace.

Pero queremos “teta y sopa”. Y eso no puede ser.

El final lo conocemos todos. Los pormenores son solo minucias.

Fue la crónica de otra muerte anunciada.

Por lo que escribo esto, es para señalar que en el tratamiento de las drogodependencias si no cambiamos los hábitos, si no rompemos con la vida anterior, si no eludimos las personas, los lugares y las situaciones de riesgo, de nada sirven las desintoxicaciones ni los psiquiatras.

¡Y se puede! ¡Con ayuda, que la hay, se puede!

Ya de camino, me gustaría señalar que a mi entender, los suicidios tanto de Juan Belmonte como de Dimitris Christoulas, fueron fruto de decisiones libres y conscientes.

No así el de Marilyn, si es que no le “ayudaron”.

Amigo Francis, huelga decir que admiro tu creatividad al rematar un cartel de este calibre y más con la prosa con que lo haces, pero siento decirte que a los españoles no se les pude dar un postre así, máxime cuando están degustando un “gazpacho sopeao” marca “La Roja”. 

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Drogas

En Osuna y en estos momentos se está creando una célula de lo que esperamos sea más tarde un órgano, para luchar contra una de las lacras de nuestra sociedad y en nuestro tiempo: las drogas.
No estaría mal que primeramente, dijéramos qué se entiende por droga

Según la OMS para que una sustancia sea considerada droga, ha de cumplir los siguientes requisitos:
Ser sustancia que introducida en un organismo vivo sea capaz de alterar o modificar una o varias funciones psíquicas de éste (carácter psicótropo o psicoactivo).
Inducir a las personas que las toman a repetir su auto administración por el placer que genera.
Que el cese en su consumo pueda dar lugar a un gran malestar somático o psíquico (dependencia física o psicológica).
No tener ninguna aplicación médica y si la tiene, poder utilizarse con fines no terapéuticos.

El motivo de este pequeño artículo, es doble:
-Por un lado llamar la atención sobre el problema de aquella parte de nuestra sociedad que aún no esté sensibilizada suficientemente, advirtiéndoles que tristemente, “este perro” les morderá, si no un día, otro; si no a un hermano, a un hijo. Las estadísticas están ahí, y se cumplen.
-Por otro lado, resaltar el entusiasmo, la dedicación, los recursos desinteresados y sobre todo, el amor con que un grupo de personas están poniendo en marcha la mencionada iniciativa, bajo los auspicios de “Proyecto Hombre” que paso a paso (esto es lento), va a dar sus frutos.
Y estoy seguro que más pronto que tarde, los veremos.

En un principio, el objetivo es hacer labor de prevención, a través de la formación y la información dirigida a aquellos colectivos más sensibles (padres, alumnos, profesores, asociaciones de vecinos, etc.).
Más tarde vendrán otras labores.

Debo resaltar el carácter laico y apolítico de dicho grupo, al cual me honro en pertenecer, donde queremos poner por encima de todo, la profesionalidad, entendida como el conocimiento de la materia que se tiene entre manos, sin que haya lugar a improvisaciones ni a “maestrillos con librillos”, cuando lo que se está jugando es la salud y el futuro de nuestra juventud.

Sería injusto si desde aquí, no hiciera reconocimiento, al trabajo que en esta lucha desarrolla el Centro de Atención a Drogodependencias de Osuna, que con unos medios muy limitados: un médico, una psicóloga y un administrativo, atiende a todos los enfermos de Osuna y su Área Sanitaria, a pesar de no contar con los escalones siguientes, que complementen el trabajo por ellos  iniciado.

A la vista de esta iniciativa, los Servicios Sociales de nuestro Ayuntamiento, parece que han despertado del letargo y han dado una muestra de estar interesados en el tema.
Bienvenida sea.
Una cosa no es incompatible con la otra.
Los Servicios Sociales podrían facilitar la creación de grupos de terapia y de este modo complementarían, el trabajo del C.A.D., pero habrán de comprender y asumir antes, que el protagonista no es el político sino el paciente.
Y éste es anónimo.
Las riendas del asunto han de estar en manos de profesionales, y son estos quienes han de marcar las pautas.
La drogodependencia es una enfermedad, y como tal ha de ser tratada.
El único milagro que hace un centro de tratamiento de drogodependencias, es recoger a un “vicioso” y devolver un “enfermo”.
Ha de tener un abordaje multidisciplinar, porque no solo afecta al individuo que la padece, sino que es extensiva al entorno familiar, laboral, etc.

No estaría mal siquiera enumerar de paso, alguna de las otras lacras de nuestra juventud, que no por ser inmateriales, tienen menos importancia, por extensas e intensas: la ignorancia, la desmotivación y el desarraigo respecto a su cultura y las tradiciones de su tierra y su gente.

Aprovecho para pedir a quienes lean esto, que antes de pronunciarse de modo impulsivo o irreflexivo sobre este tema o  cuando vean  a un pobre chaval descarriado y en las últimas, piensen que está sufriendo, piensen que son muchos más los que no se ven, y sobre todo piensen, que mañana le puede tocar a su hijo o a su hermano.
Es muy frecuente encontrar gente de la calle, que ante esto y de golpe,  tienen soluciones claras, definitivas, tajantes, inapelables, buenas, bonitas y baratas.
Son aquellos a los que todavía no les ha tocado la china.
Deseemos que no les toque.

Proverbio árabe: “Habla solamente, si tus palabras son más hermosas que tu silencio”.

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