Al otro lado del Atlántico

Tras tomar aire hizo la pregunta: << ¿Qué te hemos hecho nosotras para que nos trates con tanto odio?>> Clive apartó la mirada de la chimenea para dirigirla hacia la mujer que acababa de preguntarle. Piel blanca y suave, manos entrelazadas, rostro afinado,la mujer que veía cada tarde al volver de la oficina recorriendo los pasillos de casa, cruzando de una habitación a otra con pasos cortos y pisar silencioso. Pero aquella figura quedaba muy lejos al sentir sus ojos escarbándole por dentro.Desvió la mirada apurando el resto de la copa y la dejó en la mesa. Se acercó a la ventana para cerrarla. Ya con el pestillo en una mano vio cómo al otro lado del cristal desaparecía la luz de la tarde, y escuchó una voz llamándolo desde el jardín. Clive. Clive. Y aun sabiendo que no era cierto, que todo era producto de su imaginación, del alcohol ingerido durante cada día de los últimos años,pegó su frente en el cristal,miró hacia abajo, y su amigo Maurice estaba ahí, de pie sobre aquel césped recién cortado de aquella mañana de principios de verano, con su limpia sonrisa y su camisa de estudiante de Cambridge y su jersey sobre los hombros, llamándolo, invitándolo a saltarse las clases e irse los dos, juntos, a bañarse a las aún demasiado frías aguas del lago, o a recorrer en bicicleta los caminos de las extensas campiñas inglesas. Y sonrió. Sonrió de un modo lento, doloroso, pero sonrió, mientras cerraba lentamente la ventana, y mientras sentía la mano de su joven esposa posarse en su hombro.

Película de 1987, basada en la novela homónima escrita por E.M. Forster y dirigida por James Ivory. La historia se sitúa en la Inglaterra de principios del siglo XX, y arranca una mañana en la que Clivey Maurice se conocen al iniciar ambos sus estudios en la universidad de Cambridge. Maurice es un joven que gusta del boxeo, montar en bicicleta y practicar el piragüismo; Clive pasa sus días entre música clásica y literatura. Tanto uno como otro disfrutan de una holgada posición económica y apuntan maneras hacia una prometedora carrera profesional. Y sus vidas se conducen plácidamente por ese camino hasta dar comienzo entre ellos una relación de más que amigos. Tras un tiempo de citas a escondidas, Maurice apuesta por luchar y gritar lo que sienten a los cuatro vientos; Clive opta por ocultarlo y amarse espiritualmente, de un modo platónico. La situación aún se complica más cuando un amigo y compañero de Cambridge es condenado y encarcelado por un tribunal tras haber sido detenido por la policía mientras practicaba con otro hombre en un oscuro callejón conductas indecorosas, no propias de personas educadas y de familia respetable.Tras conocer la noticia que aparece en la portadade todos los periódicos, Clive propone a Maurice buscar dos buenas muchachas de su clase social y casarse. No resultará difícil, ya que ambos tienen hermanas que frecuentan fiestas, teatros y demás reuniones sociales. Maurice se opone tajantemente, pero el miedo hace a Clive mantenerse en sus trece, y llega el día en el que Maurice acude como invitado a la iglesia para ser testigo de la boda de su amigo. Maurice siente cómo se queda solo, toca fondo, y decide acudir a psiquiatras para curar su enfermedad. Teme acabar como Oscar Wilde. Pero llegado este momento más bajo para Maurice es cuando el señor Forster toma una clara posición y apuesta por el futuro, haciendo aparecer frente a Maurice un joven de clase baja, un criado sin estudios ni educación que, tras unas noches de amor a esas horas en las que todos en la casa duermen,propone a Maurice viajar al otro lado del Atlántico, comenzar una nueva vida juntos, amarse y vivir.

En esta historia se muestra un mundo que termina y otro que comienza a nacer. Un mundo en el que las diferencias de clase comienzan levemente, muy levemente, a difuminarse. ¿Quiénes sobreviven en este nuevo mundo? En sus manos dejo -ya sea por medio de la novela o por la película- conocer el final. Sí decirles antes de terminar este escrito que el señor Forster escribía por y para mostrar senderos y caminos de libertad a mujeres y hombres que, víctimas de una educación sexista, androcéntrica, machista y patriarcal, no conocen o no se atreven a vivir de otro modo que no sea tras ventanas cerradas.

Álvaro Jiménez Angulo

 

El Pespunte no se hace responsable de las opiniones vertidas por los colaboradores o lectores en este medio para el que una de sus funciones es garantizar la libertad de expresión de todos los ursaonenses, algo que redunda positivamente en la mejora y desarrollo de nuestro pueblo.

Continuar Leyendo

Desde mi calle – La procesión va por dentro

Este año el virus nos ha pillado por sorpresa, pensando que no sería para tanto. Este año no han procesionado los pasos por pueblos y ciudades. La llegada de la primavera nos tiene recluidos en nuestras casas a la espera de que la situación de la pandemia mejore. Quiero referirme a lo que la Semana Santa tiene de especial para quien nunca la vivió y que se ha acercado a ella en los últimos años. La Semana Santa no la veo como lo hace un buen cofrade,  sino como lo hace un escéptico ante el hecho religioso. Para quien la vive como un excepcional hecho cultural, como es mi caso, la Semana Santa merece estar entre los eventos más importantes del año. Me apasiona ver la multitud que se arremolina ante la salida de los pasos.

Continuar Leyendo

El lector

No ha pasado ni media hora desde que acabé esta novela. Mientras tecleo en el ordenador, el ejemplar, prestado, reposa sobre la mesa a escasos centímetros de mi mano izquierda. Miro su cubierta de una forma muy distinta a como la miraba cuando me lo prestaron recomendándomelo: he pasado de la pereza y la indiferencia del primer momento a la fuerte impresión producida por su lectura. Recordaba su adaptación cinematográfica —The reader (Estados Unidos, 2008)— como algo aburrido y demasiado largo. Una muestra más de cómo las adaptaciones cinematográficas de buenas novelas suelen ser fallidas.

Continuar Leyendo

La Pascua del Sur

Describir y explicar lo que nos está sucediendo es harto complicado. Es mejor trazar unas cuantas pinceladas impresionistas y alejarse unos pasos del cuadro para verlo con claridad y precisión. Y las circunstancias tan especiales y duras, sitiados como estamos por el maldito virus, añaden otro cariz y significado por aquí abajo, por el Sur, que quizá nos ayude, nos alivie, nos refuerce: porque lo que vamos a conmemorar en términos culturales judeocristianos, que no debemos pasar por alto, también es el dolor -físico y psíquico-, la muerte y el renacimiento -inercial o milagroso- de la vida. La metáfora hermosa de la resurrección como sinónimo simbólico de la libertad-liberación de nuestras opresiones y esclavitudes que busca encarnadura de creencia y fe en nuestros cerebros.

Continuar Leyendo

Un evangelio apócrifo: Miguel Hernández

Marzo de 1942: por aquellas fechas al Penal de Alicante no llegó la proverbial solidaridad norteamericana para rescatar al pueblo oprimido y machacado. En aquellos días tampoco hubo revuelo mediático ni olisqueo de negocio audiovisual. No había personas anónimas con buena estrella, aptas para ser lanzadas al estrellato. Por aquellos días había otro mundo y el pueblo rayano en la muerte sencillamente se moría sin haber sido retransmitido y sin bonitos discursos de plató a pie de desgracia. No primaba la imagen, la virtualidad, la escenificación; la quijotización de la realidad, pero en malo.

Continuar Leyendo