Linares de la Sierra y sus ursaonenses

Cada vez que visito este pueblo de 811 habitantes enclavado en el entorno de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche descubro algo nuevo, sus calles, sus senderos, su Iglesia, sus tradiciones, sus gentes…

No es mi idea ejercer de guía turístico y mucho menos de escritor, pero mientras estoy oyendo a Dylan, Lay lady lay, me siento delante del teclado a observar las instantáneas tomadas a través del visor de mi cámara en mi última visita a Linares de la Sierra (Huelva), y me siento abstraido de esta soleada tarde de domingo, un día después de que el Barsa tirara la Liga contra el equipo de la capital de este país de recortes. Cómo no, si es que este pueblo tiene un encanto especial, un no se qué -que se dice- que nos hace sentir nuevos a María José y a mí, y a las niñas también, claro.

Cúpido es el responsable, él hizo que Juan Carlos, mi amigo de la infancia, se enamorara de Adely, una sevillana originaria de Linares de la Sierra.. Los dos comparten con sus amigos su casa de los findes en la Sierra.. Su casa y su pueblo porque “Santi” es un implicado guía urbano.

Este último fin de semana visitamos la panadería, con su horno y su “pan de pueblo”, no sin antes haberlo encargado por teléfono para evitar quedarnos sin él, pero lo que más me llamó la atención fue cuando nos acercamos al panadero y Santi me lo presenta como el Alcalde del pueblo. Yo lo flipo, le digo que la mayoría de Alcaldes no trabajan y el Alcalde-Panadero, con su pañuelo de cuatro nudos en la cabeza, me dice: en Linares sí.

De vuelta nos refrescamos con el agua de la Fuente Nueva, nos hacemos la preceptiva foto, y observamos unos nubarrones en lo alto de la montaña, es hora de una cerveza en “el bar del paisano”. El primer día que entré en este bar no podía creer que en un profundo valle a 10 km. de Aracena, la cerveza me la pusiera alguien que comenta que se ha criado en la calle Sevilla, en la calle Sevilla ¡de Osuna!. Yo soy hermano de Enrique Castillo, no sé si lo conocéis… Nuestro paisano alegra el bar con la música de un grillo que tiene en una jaulita que alguien hizo a mano. El bar en cuestión está en un llano, que no hace mucho era de albero (al estilo del de La Colegiata, que también se empedró) y que de vez en cuando se convierte en un Plaza de toros, donde la sombra de un alcornoque hace de tendido de sombra. Linares es otro mundo.

Al atardecer seguimos con nuestro seguimiento a la gente del pueblo y vamos al bar de Lorenzo, reformado desde la última vez que lo visité, en una mesa apuran su vino los abuelos del pueblo,

Hablando con los “abuelos del lugar” nos enteramos de que D. Manuel Silva, “médico del seguro” de todos los de mi generación ejerció su profesión en Linares de la Sierra, aunque no coincidió con un maestro escuela también de Osuna que se llamaba D. Manuel Bernal y que estaba casado con Margarita. El mayor de todos y de todo el pueblo, 88 años, me cuenta cómo se ha ganado la vida… ¡vendiendo pescado!, yo busco con la mirada una cámara oculta y los invito a un “chato”. No me lo puedo creer, este fin de semana no se me olvidará en mucho tiempo.

Jamones con sello ursaonense

Del techo de este reformado bar cuelgan una gran cantidad de jamones, jamones criados en Linares, alimentados a base del fruto de la gran cantidad de encinas que se crían en las afueras y alrededores del pueblo junto a los alcornoques, pero jamones con sello ursaonense, una vez más. Si antes hablábamos del paisano ahora estamos en la tienda de “la paisana”. Un despacho de ibéricos regentado por una familia de Osuna, afincada en Linares que hace algún tiempo tuvo una tienda como ésta en la Plaza de Esparteros. Seguro que conocéis a mi familia, los Quirós… El mundo es un pañuelo.

El Domingo de Resurrección al terminar la misa se realiza la tradicional rifa del piñonate, dulces elaborados por la gente del pueblo y que se rifan mediante una baraja de cartas en la puerta de la Iglesia, nos quedamos con las ganas de probarlos, ya que no se ponen a la venta. Juan Carlos que tuvo suerte en años anteriores nos dice que está buenísimo.

En la tarde del Domingo nos marchamos a Osuna no sin antes despedirnos de este encantador pueblo y de toda su gente que se concentra al solecito en muchas esquinas del pueblo.

Volveré para seguir escribiendo sobre este pueblo, sus senderos, sus tradiciones, su gastronomía, su cultura…

 

 

José Antonio Díaz

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Juventud de juventudes

Se tiende a hablar de la juventud como una entidad monolítica. “La juventud es bochornosa; la juventud es extraordinaria”. Se traiciona así una realidad que no es tal, sino cientos de ellas –y quien dice cientos, dice-. Juventudes hay tantas como jóvenes. Si bien podríamos marcar ciertas tendencias, éstas nunca serían absolutas. Aún, podríamos dar parte de razón al sector más crítico. Hay jóvenes del todo ominosos. Jóvenes larvarios, vegetativos, cuyo universo es una traducción vulgar y babeante del carpe diem que curtía de piel los sonetos. Su máxima aspiración, la de los jóvenes comatosos, es la fornicación apresurada entre dos hamacas, la borrachera de bajo coste, mover las articulaciones al son del pop-rock latino –“que se te mete por los intestinos”- para arrimar o que te arrimen. Ellos en ellas no ven mujeres, sino vaginas más o menos inexpugnables; ellas en ellos, clones, más o menos acertados, del modelo de calzoncillos que, en la marquesina del bus, contorsiona el brazo con aires manieristas. Constructores de la banalidad, atestan las discotecas o los lodazales de las playas, haciendo ostentación de su vulgaridad y mal gusto. Su bagaje existencial se va mimetizando con un guión de Pajares y Esteso. Noctámbulos insulsos, semi-humanos. Sus pensamientos son alpaca impensada; su religiosidad, si la tuvieren, la de un primate. Han renegado de la esencia de su humanidad, que es cuestionársela, por eso sufren la condena mítica de vagabundear por los pubs, las discotecas y los botellódromos sin hallar nada, en pos de una anti-revelación, aplastados por su mórbida pereza, malogrando, en definitiva, su alma. No son bohemios atormentados, ni noctívaros suicidas –eso sería de un heroísmo envenenado, pero puro, al fin y al cabo-, sino burgueses acomodados que dilapidan su juventud en la monocromía de la juerga de la oca. Optan por la esclavitud.

 
Si sus síntomas son la vulgaridad, la nocturnidad, la superficialidad, la insustancialidad; la causa es siempre la ausencia de existencialismo. O no se preguntan quiénes son o se contestan con respuestas de terceros que no se toman la molestia de masticar. Si en la baba reseca de la post-borrachera se filtra un hilo de angustia, pronto la erradican pensando cómo destensar la braga de ayer o hasta dónde van a dejar que su escote trasmita receptividad. Sería más fácil olisquear el ano u orinar en las esquinas, pero, al fin y al cabo, también somos una pizca humanos. Ése es su problema: ausencia de cuestionamiento esencial. Su razonamiento llega al punto siguiente: “De pronto nazco y, sin que medie mi intervención, detento la existencia. No sé por qué ni con qué fin y poco me importa. Ergo, vamos a la disco cuatro veces por semana”. Indiferentes, incluso despreciativos para con el arte o el pensamiento, ahogan la simiente de la duda, si es que la tuvieren, en la ociosidad vacua, la fuerzan en el yugo de la semipenumbra, la ocultan en el eyector de humo y, cómo no, la atontan con la procacidad machacona del pop-rock latino, por no llamarlo reggaetón, por no echar mano de un antiácido. “Pero, hijo, es que me gusta el ritmito y sólo es para menear las caderas”, a eso mismo me refiero. 1 x 0 = 0.
En el extremo opuesto, y admitiendo que las fronteras no son claras, se encuentra el joven que, en lugar de diseminar su energía en las porquerizas de las ciudades, emplea su ímpetu en bregar con la realidad, en zarandearla hasta que se le resbale una respuesta. Jacob incipiente. Aún no señalado por la amargura de la experiencia, aunque presintiéndola, puede beber directamente del geiser hirviente de la vida. Busca a Dios y se pelea con él, busca al prójimo y lo confronta, se busca a sí mismo y se desangra. En lugar de eludir las preguntas fundamentales, las enfrenta con ahínco y busca responderlas a toda costa. De ahí que pretenda engordarse, ensanchar su alma ahora que aún es tierna. Va ensamblando, a base de golpes, descubrimientos y rectificaciones, las piezas del futuro discernimiento. Se dispone a las situaciones más radicales para innovar, para aprender en los otros algo de sí. No se apoltrona, no se conforma. Adorna sus días con las albricias de lo novedoso, de la otredad como fin. Ésta también es juventud. Labradores de la incertidumbre. Puede que tengan una esquirla de penumbra en la pupila, pero es tan gozoso conversar con ellos, vivir y dejarse morir como ellos.
 
Para no ser acusado de maniqueísmo y diluir la pedantería que mi madre percibió en el borrador de este artículo, recalco lo apuntado más arriba: esta diferenciación se infringe constantemente, incluso en una misma persona. No era mi intención aseverar que el joven del grupo segundo no pueda correrse una juerga ni que uno del primero sea un completo erial existencial; sino que el joven larvario es deplorable en cuanto que pone su corazón en la estridencia o el asedio sexual, mientras que el joven vital puede hundir los pies en el barro sin olvidar su imperativo de trascendencia. La segunda posición es la más ardua en nuestro mundo neocapitalista, posmoderno a ratos. A Larios, a Brugal, a Pacha, a los 40 principales, a Durex, a los turcos, a Zara y a Radio Taxi le interesa que usted pertenezca al primer grupo. Ser del segundo, por tanto, supone un constante ejercicio de resistencia y conlleva ostracismo, más aún en los sectores con cierto desahogo económico. Os exhorto porque pronto será tarde y sólo conozco una manera de despertar a la inteligencia dormida. No se puede servir a dos señores.
 
Del Blog Animal de Azotea.
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Esperpento local: Turquillas, Mercadona y Comunismo

 

Han sido unos días intensos en lo mediático. Nada se ha sabido del Ayuntamiento de Osuna, parece olvidar que nos representa a todos los ursaonenses y que la imagen de nuestro pueblo ha estado en casi todos los medios de comunicación. Tampoco se le ha visto el pelo a la oposición (PP Osuna). ¿Estarán de vacaciones? ¿Están cansados? ¿Estarán esperando que la crisis les haga creer de nuevo y por error que van a ganar las próximas elecciones locales?

Les recuerdo que este año PSOE-Osuna se subió el sueldo una media del 40% y sólo se lo han recortado un 5%. Penoso y lamentable el agravio comparativo con los trabajadores municipales. Una lástima para el pueblo que unos y otros se deban favores.

Me parece muy llamativo el papel del SAT en su necesidad de tomar Las Turquillas. Que yo sepa, esas tierras están dentro de nuestro término municipal. El Humoso está en el de Marinaleda. Imagino que en el hipotético caso de que Defensa ceda las tierras, lo hará para el pueblo de Osuna. De lo contrario veo a mis vecinos agrícolas en éxodo hacia el pueblo vecino. ¿Así es el Comunismo, ¿no?

Especial importancia al papel del señor Rodríguez Núñez. Cuánto tiempo sin verle, salvo en plenos mensuales. Siempre en un papel secundario, pero siempre presente. Una pena que las elecciones municipales le hagan ver que sus reivindicaciones son minoritarias.

Al señor Sánchez Gordillo, darle las gracias. Nos ha dado una cantidad de publicidad negativa y una imagen que se quedará grabada en la memoria de muchos. Ustedes imaginan a cualquier empresario que quiera invertir en Osuna y que vea con qué calma y paciencia ha sido desalojado los sindicalistas de Las Turquillas. Sí, Sindicalistas, pues hoy en Canal Sur ha sido entrevista un detenido en los atracos a supermercados que venía en representación del SAT-Jaén. Me pregunto si alguien intentará tomar el Ayuntamiento si existiría tanta permisividad. Es algo lógico al ver los informativos de Canal Sur. Desde que “ganó” en las elecciones IU, los desahucios y sucesos son un todo en ellos.

Se acuerdan de la toma de Repsol por Argentina. ¿Qué pensaron? Lo mismo pensarán los empresarios a la hora de venir a Osuna.

Por último, felicitar a los vecinos que podrán seguir cobrando los 400 euros. Recuerden que es posible gracias a la solidaridad de todo el país. Recuerden que esos 400 euros salen del bolsillo de todos. Recuerde también que casi el 25% de los beneficiarios son ANDALUCES. Recuerden que somos de las peores Comunidades Autónomas del país y que llevamos con los mismos políticos 30 años. Recuerden que la crisis aquí no es igual que en otros sitios. Allí no tienen a Sánchez Gordillo, persona que cobraba dos sueldos, pero no se dio cuenta hasta que lo pillaron.

 

Ricardo Dadabría

 

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Robar*

 

No me digan que no tiene gracia, el “golpe” de Gaspar Llamazares llamando “Sheriff de Nottingham” a su Excelencia el ministro del Interior, hombre que por demás, parece que no pasó por la escuela de la Diplomacia Vaticana, y cuando habla demuestra que sus palabras no son más hermosas que sus silencios.

Decía Groucho Marx: “Vale más permanecer callado y parecer tonto, que abrir la boca y despejar las dudas definitivamente”.

Mi hombre quería hacer una demostración de poder con sus declaraciones, y por poco pone de manifiesto la casi-subordinación del poder judicial al ejecutivo, y eso que hace semanas que también cuenta con la “megafonía acondicionada” de TVE y RNE, además de las que ya tenía (COPE, Intereconomía, etc.).

¡Qué talento!

Me refiero al incidente de los sindicalistas del SAT y los supermercados.

Estos hechos son además, una excelente clase práctica de técnica depredatoria negativa.

Por el contrario, el Gobierno ha actuado enseñándole al ciudadano cómo se debe robar sin que haya el más mínimo atisbo de delito.

Y es que estos señores del SAT no han tenido en cuenta algo tan elemental como que hay “hacer la ley antes de…”

A ver: ¿Quién puede decir que es delito lo de la Amnistía Fiscal, o lo de Bankia, o lo de la CAM, o lo de la Sanidad, o lo de la Educación, etc. etc.?

Es que no saben. Mira que se lo tengo dicho… Pues nada…

El Gobierno y sus muchos portavoces, cometieron un “pequeño fallo” a la hora de airear el affaire, y es que han empleado las palabras “restituir” y “devolver”, y unas armas como esas dos palabras, en manos del adversario, ya sea el SAT o simplemente los españoles, les puede dar mucho juego dialéctico, algo que le llaman agravio comparativo.

Pero pensándolo bien la dialéctica a este Gobierno le importa poco, y el dinero de los españoles menos.

Los del SAT devolverán los 1.000 euros de los carritos, y los españoles devolverán el dinero de los bancos, y aquí no ha pasado nada.

¡Viva la ley D´Hont, la ley del embudo y la ley del más fuerte!

 

Otro nombre que va circulando por ahí, y que tiene tela de gracia, es el de Petain (por el mariscal colaboracionista) referido al Sr. Rajoy y compañía, por su glorioso papel al servicio de los intereses del IV Reich y sus aliados “los mercados”.

Mientras tanto, nuestro país cada vez tiene más millones de pobres y de parados, y los ricos son más ricos y la cantinela de la “herencia recibida” no se la cree nadie, y la separación de los tres poderes cada vez es menor, y los sueldos cada vez dan menos para vivir, y los ricos no pagan impuestos y encima quieren que nos apretemos más el cinturón.

Por cierto, ¿saben cómo se dice cinturón en alemán?: GÜRTEL.

Y es que los españoles somos especialmente buenos poniendo nombres y haciendo caricaturas.

En esto sólo nos ganan las gentes del cono sur.

En esto y en lo de llevárselo calentito.

 

*Del lat. vulg. *raubare, y este del germ. *raubôn, saquear, arrebatar;

1. tr. Quitar o tomar para sí con violencia o con fuerza lo ajeno.

2. tr. Tomar para sí lo ajeno, o hurtar de cualquier modo que sea.

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¿A qué esperan?

 

Después de unas semanas en las que casi no hay una buena noticia, salvemos el deporte. Después de que miles de profesores se vayan a quedar sin trabajo, los alumnos con mucha menor atención. Con la ya tan manía frase de “con la que está cayendo”. Después de aprobar un plan de pago a proveedores con una deuda de 10 millones de euros (1600 millones de pesetas), que no es algo que puedan achacar a nadie, pues 8 años de gobierno y un buen asfaltado son pruebas suficientes.

Con un pueblo sumido en el paro (aproximadamente unos 3000 parados), pero si sumamos los desempleados del subsidio agrario, tenemos a más de 5000 personas viviendo con unos ingresos de 500-1000 euros.

Con unos compañeros laborales, que han visto reducidas sus nóminas para poder hacer frente a las deudas que poseen con los proveedores, gente como la empresa del alquitrán, que no es un especulador, es un empresario.

Con unos trabajadores como son los de la FOAM que tienen la mala suerte de tener una empresa que es un desastre y que además ahora se unen los retrasos e impagos, y unos por otros, esos pobres mayores, casi todos ellos con pocos recursos y sin familia.

Con una juventud con estudios y sueños, que se marcha a paso ligero hacia otras comunidades autónomas o países, conocedores de que nadie se va a acordar de ellos ni van a lograr el más mínimo apoyo.

Después de todo esto, y de muchísimas más cosas que no sabemos, no se pueden comentar o ni siquiera imaginamos, yo sólo me pregunto: ¿A qué esperan para reducir su subida de salarios del 40% cuando comenzó la legislatura y a renunciar a todos los complementos salariales? Aunque creo que se han bajado un mínimo porcentaje todavía les queda mucho para que vuelvan a recortarse realmente lo que deben a sabiendas de lo mal que lo están pasando sus vecinos y votantes.

 

Ricardo Dadabría

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Las Turquillas. Tierra ocupada

No sabía su nombre ni su cargo, pero iba vestido completamente de verde oscuro, como un cazador. Todos guardaban silencio en torno suyo. Al cruzar los brazos, entendimos la inminencia de su discurso.

-¡Escuchad!- anuncia José Rodríguez Núñez, portavoz de Izquierda Unida en el municipio de Osuna-. Diego nos va a cargar las pilas para lo que queda de semana.
Así se llamaba: Diego, que era alto y de buena presencia. Tenía el pelo canoso y la piel bronceada. Dijo “¡Compañeros y compañeras!” y extendió los brazos para hablar. El de mi derecha y el de mi izquierda contuvieron la respiración.
                             
El pasado martes, 24 de julio, centenares de sindicalistas se congregaron a la entrada de “Las Turquillas” con el propósito de ocuparla para su usufructo. La finca se sitúa entre Écija, Lantejuela y Osuna, perteneciendo al ayuntamiento de esta última. Se compone de 1.120 hectáreas de las que 300 están destinadas a la explotación agrícola por parte del pueblo ursaonés. Las 800 restantes son tierras landas o consagradas a la yeguada militar que allí se encuentra desde 1990. En más de un pleno del ayuntamiento de Osuna, según me certifica Rodríguez Núñez, que lo dice y entra en ebullición, se había decidido por unanimidad empezar a cultivar en las hectáreas que quedaban sin uso. Dada la demora de la ejecución, el Sindicato de Obreros del campo (SOC), que forma parte del Sindicato de Andaluces Trabajadores (SAT), decidió irrumpir en la finca el pasado martes y hacer suyo aquello tan pegadizo  de “la tierra para el que trabaja”, muletilla de cuantos allí se encontraban.
 
A las once de la mañana llegamos a una superficie cuadrada y vallada. Juan Vega, máximo representante del sindicato en Lantejuela, me explica que han decidido empezar por un huerto. Durante el periodo estival sólo se puede sembrar de esta forma, así que aguardarán al otoño para producir patatas y habas fuera del cercado. En él trabajaban varias decenas de hombres y dos pares de mujeres, la mitad empleadas como aguadoras. Azadas, rastrillos, mulos mecánicos, calabozos. Hace viento y el polvo se filtra entre los dientes y las pestañas. Juan Vega insiste en que la tierra la necesitan para trabajarla y sacar sus frutos, que no es su intención obtenerla en propiedad. Más adelante, un joven, seboso, me confesó que lo de la propiedad es otra gestión que ya se afrontará, aunque, como él mismo reconocía, estábamos hablando con un diletante en esto del sindicalismo y no había que darle demasiado crédito. Doce personas se congregan en torno a un pequeño cercado, contemplan. Una cámara de Canal Sur toma un primer plano de un rastrillo que araña la tierra. El hombre que lo pasa lo hace con teatralidad aunque sobriamente. Un metro más allá una mujer se dobla para tomar los terrones más grandes y arrojarlos fuera del perímetro. Luego se espolvorearon unas semillas y se regó la tierra, ahora oscurecida.
 
-En mi casa no tenemos para comer y somos diez.
-Para comer siempre hay- le corrige su marido-. Porque, gracias a Dios, o te ayuda uno o te ayuda otro, pero que no puede uno hacer nada y la cosa está cada vez peor. Así- pronostica-, acabaremos por hincar el hocico.
-Este es el verano más corto de mi vida- enuncia misteriosamente la mujer-. Temo la llegada de septiembre porque no voy a poder comprar los libros a mis hijos.
-Habrá que hacer una huelga o algo.- propone él.
Ella me mira cariacontecida, él no tanto. Está a punto de llorar y su cuello se hunde en unas espaldas anchas para pertenecer a una mujer. Me dice que no sabe de política, que entiende lo que hay, que está afiliada a IU, que es analfabeta, que quiere que sus hijos puedan estudiar, que lo que está bien está bien, que lo que está mal está mal. Reciben una ayuda de 426 euros mensuales, de los que 200 van destinados a pagar la hipoteca, por lo que quedan 180 euros, más o menos, me dicen, para sacar adelante el mes de su familia. Hace apenas unas semanas, una vecina realizó un acto benéfico para evitar el embargo de su casa. Él, menos expresivo bajo su gorra verde, mueve su bigote rubio para admitir que ha recurrido a Caritas en más de una ocasión y que, aunque él no quiere, se ha visto obligado a llevar a sus hijos a rebuscar garbanzos. La mayor tiene 15 años. Tras varios minutos de conversación, veo que el mayor problema es el “sello”, esto es, el seguro agrario que hay que abonar para poder cobrar el paro y cuyo coste no supera los cien euros, “algo menos” se aproxima él.
-Lo que queremos es poder pagar el sello para poder utilizar la cartilla.- no recitaron al unísono, pero sí, uno primero y luego otro, emplearon las mismas palabras.
 
Diego sigue su arenga y hace referencia a un movimiento de Brasil que ya ha ocupado hectáreas y hectáreas. Acto seguido, añade:
-Nada de simbolismos, la cosa va enserio. Vamos a quedarnos aquí, -se gira y echa un vistazo a las tiendas de campaña, al cubículo de caña, a la malla verde que, sostenida por cuatro postes, da sombra-, así que hay que adecentarlo un poco. Hay que poner unas duchas, una pantalla… una televisión… para las noticias.
Dos perros pequeños, ajenos al sacerdocio que se estaba impartiendo, comenzaron a gruñirse y saltar uno encima de otro. Un joven intentó separarlos pero fue en vano. La refriega perruna cada vez captaba más atención y acabó por llegar a los mismísimo pies de Diego.
-A ver si calmamos a Aznar y a Zapatero.
Hubo risas mesuradas y prosiguió:
-Empezamos por las tierras públicas, porque la privada es más difícil. La propiedad privada está muy arraigada en el capitalismo.
 
Reparo en dos coches y seis guardias civiles que contemplan las labores desde el otro extremo del vallado, bajo un chaparro. Es verdad que la mañana es relativamente fresca para tratarse de finales de junio, sin embargo, con el paso de los minutos, el sol acaba por caldear la piel. A sabiendas que una negativa también alberga información, empecé a recorrer los treinta metros que me separaban de ellos. Nada había de camino, así que pronto advirtieron que me dirigía hacia ellos y, aún con la mirada baja, podía sentir su atención y perplejidad en mi cogote. Como me suponía, la Guardia Civil no contestó a nada, remitiéndome a su gabinete de comunicación; no obstante, me preguntaban con insistencia sobre mi simpatía política y la de un cámara con camiseta roja que, ajeno a mí, pululaba entre los sindicalistas. Resbalé algunos comentarios críticos hacia la ocupación y, pese a que persistía su negativa a manifestarse, uno grande y calvo miraba hacia el incipiente huerto y chistaba. A través de sus gafas de sol identifiqué su indignación para con el sindicato. No parecía conforme con su labor de escolta. Uno más bajo y rubio me sonreía con desconfianza y algo de superioridad. Di, pues, los buenos días y recorrí el camino inverso.
 
El Caniqui fue quien me guió del campamento al huerto. Le puse ese sobrenombre porque a todo el que encontraba lo llamaba así, “Caniqui”, que me aclaró que es como decir “tío” o “quillo”. Además, cuando le pregunté su nombre, me contestó:
-No soy nadie.
-Cómo que no- repliqué-. Eres el Caniqui.
Y satisfecho me mostró una fila de dientes inferiores que parecían haber sobrevivido penosamente a la guerra.
El Caniqui era delgado y renegrido. Fluctuaba por debajo de su ropa tazada, realmente mugrienta. De su camisa de mangas cortas sobresalía otra de mangas largas, compuesta por líneas negras y granates. Sus zapatos ajados estaban abrochados a conciencia. Cuando me dirigí a él por primera vez, se giró bruscamente y, mirando bizco desde el otro lado de sus gafas, me anunció sin mediar salutación: “La tierra para el que la trabaja”. Según pude comprobar, el Caniqui estaba destinado a tareas de avituallamiento. Era un sindicalista que había librado mil batallas, las cuales enumeraba como obviedades, obligaciones para alguien con responsabilidad civil; pero sus maneras y su discurso, entrecortado, difuso, mellado, le delataban como idóneo para esas funciones de apoyo. Compartí con él un paseo delicioso en el que, entre otras cosas, me confesó que la noche anterior se había perdido y no tuvo más remedio que cavar un hoyo bajo un chaparro para dormir resguardado. Sus declaraciones le delataban como sindicalista radical, de la vieja escuela, y hablaba con desprecio del 15M que “parecía un día de romería” “hecha por gente que sólo saben pegarle a un botoncito”… “y no escribir”, remeda el pensamiento precipitadamente. Porque es de clase humilde y reivindicativa, se lamentaba sin acritud, “su vida había sido un drama”. Al margen de las causas, no dudo el hecho. El Caniqui se despide de mí alzando el puño y gritando algo que no entiendo camino del coche, algo sobre la utopía.
 
A las 12:30, es decir, una hora y media después de que empezara la labranza, se da por concluido el trabajo. Y recuerdo a Diego que hablaba sobre la necesidad de los hechos, no del simbolismo. Me lo callo, y es que algunos ocupantes empiezan a mirarme a mí y a mi libreta con recelo. Voy con los hombres, que llevan en un hombro los aperos y en el otro una bandera de Andalucía con el logo del SOC. Al pasar frente al cortijo alambrado, al que las Fuerzas del Orden le impidieron acceder el martes, los hombres empiezan a inventariar los materiales del otro lado de la verja, la numerosa leña para el invierno, la cantidad de chatarra que allí, inaccesible, prohibida, se amontona, “con el precio que tiene”. Diviso a las yeguas más allá. Pastan e ignoran que Las Turquillas ha sido sitiada por los jornaleros, y es que para ellas los hombres no son más que eso, hombres. El sol pega cada vez con más contundencia y empiezo a sudar. Entonces llega un sindicalista, mascando el tallo verdísimo de alguna planta y, si al principio pregunta con suspicacia sobre mi apellido y familia, vamos hilando hasta descubrir que conoce a mi tía. Estudiaron juntos el bachillerato de letras en una clase donde había menos de diez alumnos y tres eran seminaristas.
 
Diego tiene que acudir a una Asamblea en alguna parte y por eso empieza a concluir:
-¡El capital quiere arrebatárnoslo todo!- respira y mira en torno para cerciorarse de que el mensaje ha calado- Esto es importante –rebaja el tono a modo de conclusión-. La crisis no la vamos a pagar nosotros. Hay que ocupar la tierra y trabajarla para ser…-y duda y duda y busca algo en el rostro de la gente y parchea- más felices- es hora de acabar-. ¡A la lucha!- grita levantando el puño- ¡A la pelea!
Un hombre con la mano, el timbre y los movimientos de un enajenado lo secunda. Para ello levanta igualmente el puño. Acto seguido su entusiasmo parece fuera de lugar porque nadie le acompaña. Se apaga su entusiasmo, dejando su figura obsoleta y a oscuras su romanticismo jornalero.
 
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La personalidad fuera del tiempo. Don Luis Domínguez Martín: “El Vaquito”

Hoy traemos a la galería de personajes de Osuna, una singularidad como sólo las produce este tratado de sociología que es nuestro pueblo. Intentaré dar alguna pincelada sobre nuestro hombre, que unida a alguna de sus muchas anécdotas, sea capaz de retratarlo.

Era corpulento, fornido, incluso de viejo, lo que te hacía suponer que de joven no sería agradable “tropezar” con él, cosa por demás improbable, dado su carácter afable, que unido a una inteligencia natural y un sentido del humor extraordinarios, le conferían una de las personalidades más atractivas que imaginarse pueda. Hasta tal punto sería fuerte nuestro hombre, que una de las anécdotas que circulaban sobre él, versa sobre la… ¡lucha contra una osa! Debió ser por los principios de los años cuarenta y en la feria de Osuna, en que hubo unos feriantes callejeros que llevaban una osa amaestrada llamada “Margarita”, y la atracción consistía en retar a los mozos que se sintieran valientes y capaces de luchar contra la tal osa. ¿Quién se atreve a luchar contra la osa “Margarita”? gritaba el feriante. Por lo visto, “El Vaquito” que andaba de mirón en el entorno de la trupe, ataviado con su trajecito nuevo para la feria, recibió accidentalmente una garfiñada de la osa, que le “arregló” la chaqueta, no sólo para la feria, sino para siempre. La reacción no se hizo esperar, y al grito de: ¡Ya te peiste, osa Margarita! le dio tal o tales castañazos, que el pobre feriante tuvo que trasladar la atracción. Imagino que esto tendrá su carga de leyenda. Pero todas las leyendas tienen un fondo histórico.

Gustaba D. Luis de hacerse el bruto, haciendo gala de una socarronería como para dejar en pañales al gallego más apretado, empleando en su discurso tal juego de imágenes, metáforas y comparaciones ingeniosas, todas cargadas de humor y doble sentido, que le hacían un conversador inigualable, al mismo tiempo que podía “sentar de culo” al enterado que se equivocase. Tenía para el rico y para el pobre; para el tonto y para el listo; para el ignorante y para el ilustrado; para el viejo y para el joven… ¡Lidiaba todos los toros! Claro está que prefería su círculo, pero en todos los círculos en que estuviera, el centro era él.

Vestía sombrero o mascota de ala ancha. Traje por lo general gris con chaleco, entre cuyos bolsillos se cruzaba la cadena de un gran reloj que tenía una particularidad: ¡Siempre estaba parado! Si alguien le hacía la observación del reloj parado, D. Luis contestaba que él comía cuando tenía hambre, dormía cuando tenía sueño y entraba y salía cuando le daba la gana. En resumen: que él no andaba por horas.

Era conocido en todas partes, y lo que menos podía imaginar es que alguien le pidiera la documentación. Pero hubo una ocasión en que se la pidieron… y vean cómo resolvió: Fue un invierno en Madrid, ya bien mayor, al alojarse en un hotel junto a un grupo de gente de Osuna. El recepcionista muy educadamente le preguntó: Por favor, ¿tiene algún tipo de documentación?, ante lo cual D. Luis se abrió la pelliza y le mostró varios “tacos” que asomaban por los filos de los bolsillos interiores de la misma, al mismo tiempo que le contestaba con otra pregunta: ¿Es suficiente con ésta? “Tranquilo amigo, con esa documentación llega Vd. a todas partes”, le dijo el recepcionista. Ése era “el Vaquito”.

Su juventud la había pasado trajinando de arriba para abajo con sus carros y sus tratos, llevando carga de un sitio a otro, comprando, vendiendo o cambiando, como buen buscavida que era, y fue en una de esas “excursiones” cuando le ocurrió la anécdota del chulo de El Rubio.

Estaba nuestro hombre sentado en un bar de esta cercana población, haciendo tiempo hasta coger el autobús de “José El Correo”, que hacía el servicio hasta Osuna. Al parecer había estado toda la noche de tratos y de copas, cuando de pronto irrumpió en el local un individuo grandullón, ante cuya presencia los presentes se pusieron de pie excepto nuestro D. Luis que estaba en lo suyo, y al levantar la cabeza observa que el ciudadano se dirigía a él con tono autoritario y estas palabras: -¿Tu no sabes que yo soy Madruga, y que cuando Madruga entra, todo el mundo se pone de pie? Al ver el tono y la actitud del individuo, “El Vaquito” se levantó y le contestó: Pues mira, si tu eres Madruga yo todavía no me he acostado. Más tarde aclaraba D. Luis: “No le di na más que una h…, al día siguiente le pegaban hasta los niños chicos”. “Es que yo no sabía que aquel hombre era chulo. Si llego a saber que era chulo, yo me levanto y ya está; pero yo qué sabía…”.

Tuvo la inmensa suerte de tener una esposa capaz de dirigir sus negocios, por lo que a partir de un determinado momento su principal trabajo fue vivir. ¡Y de qué manera! Yo lo conocí bastante mayor, digamos que de viejo, pero aún recuerdo veladas en la Tertulia Flamenca rodeado de gente que la mayoría podíamos ser sus nietos, haciendo gala de una simpatía extraordinaria y aquel humor socarrón con que contaba sus mil historias o respondía a cualquiera de los presentes, lo que nos hacía ver que estábamos ante un tratado de filosofía andante, modelo Sancho Panza o los Epicúreos. Era miembro (entonces no había miembras), generalmente fundador, de todas las sociedades del pueblo, y alternaba y se llevaba bien absolutamente con todo el mundo, aunque su sitio favorito era el Casino de Osuna donde de forma ritual jugaba sus partidas de cartas, deporte que si D. Luis hubiera podido, hubiera elevado a la categoría de olímpico. En francés hay una expresión que lo definiría perfectamente: “bon vivant”. La suerte le acompañó toda su vida. La inteligencia y la listeza las traía de nacimiento. Para colmo, fue bueno con su prójimo. Creo que a la vida, no se le puede pedir más. Supongo que el día que se murió (y tuvo el cuidado de hacerlo pasados los noventa y dos), más de una bodega de Jerez y de Sanlúcar decretarían tres días de luto. Había desaparecido un gran propagandista de sus productos… y la mitad del Quijote.

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