ESTRELLA BENAVIDES: “Nómbrame siempre como rosa”

RESCATAMOS UN ARTÍCULO PUBLICADO EN LA COLUMNA QUE ESTRELLA BENAVIDES TENÍA EN NUESTRO PERIÓDICO DE “EL PESPUNTE”. ¡SIEMPRE TE RECORDAREMOS ESTRELLA!

PUEDES LEER EL RESTO DE ARTÍCULOS QUE ELLA PUBLICÓ AQUÍ.

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Mi alma tiene gran tristeza ¡vecina! Me dijo ayer tarde una golondrina.

“Todas las estrellas se van a apagar”… Dios está dormido, y en el encinar vi, una estrella roja toda temblorosa, que deshojaba como enorme rosa.

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Jesús muriendo de Amor

 
 
 
 
 
 
 
 
Cercana ya la pasión,
Próxima la despedida,
Jesús muriendo de amor 
Y dejando derramar
 
El amor que arde en su pecho
Quedase aquí de manjar
Para ser nuestro alimento.
Lo más sublime imagina
 
Este es mi cuerpo comed
Bebed esta es mi sangre
Y así lograreis tener
Vida eterna perdurable.
 
En tan celestial manjar,
Quedome por siglos y siempre
Y así de mi vida y muerte
Todos participaran.
 
Jesús Caído, hoy, tengo SED de perdón.
 
Estrella Benavides
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Poema para la Virgen en Semana Santa

Madre mía que estás en los cielos
Envía consuelo a mi corazón.
Cuando triste llorando te llame
Tu mano derrame feliz bendición.
 
Sin Ti el mundo no tiene ventura
Contigo amargura, jamás puede haber.
Sin Ti Madre de castos favores
No hay más que dolores contigo placer.
 
Luna Bella de eternos fulgores
Manojos de flores, de aroma inmortal.
Embalsame mi pecho y mi ambiente 
Y alumbre en mi mente Tu luz celestial.
 
Mientras dure en el mundo mi vida
Tu Madre querida mi vida serás
Y olvidando del mundo la gloria
Tu dulce memoria tendré nada más.
 
Luna Bella de Eternos fulgores
Manojos de flores de aroma inmortal
Embalsame mi pecho y mi ambiente
Y alumbre mi mente Tu luz celestial.
 
 Después para siempre en Tu Corazón 
 
 Estrella Benavides
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Érase una vez

Érase una vez…   Así empiezan la mayoría de los cuentos, todos menos el mío, o mejor dicho, el de la compañía Al-Alba Teatro.

Una cosa te quiero decir: hemos sido muchos de nosotros,” traficante de sueños y de ilusiones” y tú eres uno de ellos.

Tras nuestra gira teatral a lo largo de estos veinte años, hemos vivido sensaciones y momentos que jamás olvidaremos. Sé que he de equivocarme cientos de veces en la vida, porque siempre fui esclava y casi dueña de mi fantasía, pero si volviera a empezar de nuevo, haría lo mismo que he llevado a cabo hasta ahora, con la ventaja de poner en mis manos el ansia de aprender de ti. Así, intento preservar la ingenuidad, la ternura, y la perseverancia, dándole cobijo a mi realidad. En reinos utópicos forjé mi camino, escuchando la música azul, poemas que gritan a una esperanza, viendo a cada uno de vosotros con una chispa de amor e ilusión en los ojos, en ensayos, vivencias compartidas, escenas o escuchando los aplauso que me regalaste por doquier. Gracias a ti, y a muchos como tu, han sido posibles estos veinte años.

Gracias, gracias, mil gracias.


Estrella Benavides

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Bajo tu manto, sagrado

 

Madre de todos mis recuerdos

Yo nunca te podré olvidar;

Madre; que como un lucero

Me alumbras por donde vas.

 

Bajo Tu manto sagrado

Mi madre, allí me dejo,

Señora, si eres mi Madre

No me abandones no.

No me abandones NO.

 

Hoy soy Tu hijo, hoy yo Te adoro,

Hoy Te prometo, perenne fe,

Pero mañana, dentro de un año

Dentro de veinte ¡ay! ¿Te querré?

 

Estrella Salvadora, es Madre Tu semblante,

Mi celo navegante, naufragaré sin ti.

Cuando la mar del mundo

Con gozo busque la orilla

Surcare mi barquilla,

Acuérdate de mí, acuérdate de mí,

Acuérdate de mí.

Y aunque avance rugiente la tormenta

Y en mi barquilla ruja el huracán,

Feliz con Tu recuerdo Soberano

Desafío las olas de la mar.

Me arrullaran quizás entre su espuma,

Más negar, que me amaras y que te amé,

Negar que fui tu hijo y en tus brazos

Se pasó como un sueño mi niñez.

Eso nunca lo haré Madre querida,

Eso nunca, nunca lo haré.

Eso nunca lo haré 

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Nómbrame siempre como rosa

 

Mi alma tiene gran tristeza ¡vecina! Me dijo ayer tarde una golondrina.

 

“Todas las estrellas se van a apagar”… Dios está dormido, y en el encinar vi, una estrella roja toda temblorosa, que deshojaba como enorme rosa.

 

Eran esas palabras de Federico García Lorca, las que desde hacia algún tiempo sentía en su corazón; pero allí estaba ella, por primera vez en el aeropuerto para coger un vuelo, cuando pensaba que su rosa se estaba deshojando por los años ya vividos.

 

El reloj tic tac, tic tac; gastaba las manillas mirándolo una y otra vez; era algo nuevo ¡volar! Tenía una mezcla de miedo e ilusiones, que penetraban dentro de su ser, como chispa de carga eléctrica, llena de luz y vida nueva.

 

Aconteció sin que nunca pudiera imaginar, que volaría tan alto, pero de verdad.

 

Incertidumbre de tantas horas esperando a encontrarse con sus ojos, que llegara el momento deseado y a la vez con miedos, que en su anhelo a veces veía imposible, ya que el tiempo se encargo, de que llegara un poco tarde, a sentir y conocer nuevas inquietudes, de ilusiones y esperanzas en el AMOR.

 

El reloj seguía moviendo sus manillas, los minutos y la espera, eran en su corazón otro reloj que latía deprisa

con palpitaciones descompensadas, que le trasmitía a su cerebro.

 

No llegaba nadie, y se encontraba de nuevo sola, como tantas veces en soledad; ¿estaría confundiendo razones? Pensaba que si tuviera que volar sola como tantas veces en su imaginación, su corazón no resistiría y se rompería en mil pedazos por tan loca decisión.

 

Cogio un lápiz y un papel y empezó a escribir:

¡Si quisieras darme la mano desde la profunda semilla!

Olvidar las voces endurecidas de daños carniceros.

 

El orden del vuelo contigo me golpea las sienes,

Veo mi ser antiguo, servidor de los campos de trigo que florecen,

Sin embargo, quiero olvidar los látigos y martillos que me dio la vida:

Olvidar los látigos que me han hecho gemir, perdiendo mi voz dulce.

 

Siempre te espere, y el fulgor que brilla en mi corazón,

Es como un palacio lleno de vida, y haces que vea el odio ya, sin estatuas malignas: Así en la luz, no solo es una sangre sino las aguas cristalinas de la vida, llenando un cielo de colores, que nunca espere sin ti.

 

¡Oh gran herida que aun queda!

Amor, tal vez amor indeciso, e inseguro: yo deshoje las estrellas con mis dedos,

Que escribían la enloquecida llama solitaria de celos, estrellando el AMOR.

 

En casa vi. sombras, rostros que cantaban

Y detenían mi jazmín blanco y su transparencia.

 

¡Nómbrame siempre como Rosa!

Aunque sea azucena quemada:

Porque en ti se vuelven a levantar mis sueños.

Creciendo, volando, como levaduras de panes blandos.

¡Que no desgarren nuestros nombres en el invierno!

¡Nómbrame siempre como Rosa!

Que yo quiero dormir entre tus ojos.

Porque solo nos salvara el destino de una Estrella.

 

Llegó, le puso la mano en el hombro, y volvió la vida.

Gozaba del amor, y había un mañana.

 

Se paró el tic tac del reloj: aunque el tic tac de su corazón.

Corría y corría diciendo:

 

¡Nómbrame siempre rosa! Amor

 

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¡Madre! Bajo tu mirada siempre.

 

Desde la Alhambra patios soñadores,

desciende el aire que allí sembraste,

en una mañana de sol y rocío.

La noche tenía brillantes en las estrellas.

 

La luna blanca hoy está negra

y las músicas celestiales esfumadas en el crepúsculo.

 

Resbala una pena dolorosa,

cambiando los colores rojos y verdes

cuando el sol se oculta en la noche.

El sonido es apagado sin violines,

pero luego vendrá la luna

a besar tímidamente mí aposento.

Son un poco más vagos mis recuerdos

en mis jardines para el amor.

Jardines para el olvido.

Es lo mejor, si no se sabe bordar con hilo fino.

 

Estaba sola en el jardín de azahares

caminaba en la noche tropezando por lo imposible.

Ni de rodillas ardía la llama.

¡Ay amor! ¿Por qué lloras en horas buenas?

sabía su corazón que el, también lloraba

casi al mismo tiempo.

¡Oh mal destino del tiempo!

Gastada estaba la rosa, ya no se salvaría,

del olor de un viento negro.

 

Tenía que volver a la era y volver a sembrar.

Escuchar de nuevo la melodía como siempre

sin enredarse en el aire sordo, buscando la luz.

¡ oh mal destino del tiempo!

¡oh dulce recuerdo!

No sabía ya si era casta o sencilla

Por eso murmuraba en su sentir a todas horas.

 

¡Madre! Bajo tu mirada siempre.

Que tus ojos me puedan mirar sin entristecerse

Que yo te pueda mirar sin avergonzarme.

¡Madre! Bajo tu mirada siempre

Después, en tu corazón.   

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